El gran periodismo, entre el fanatismo y el odio

La sociedad está aburrida de enfrentamientos entre políticos y periodistas o peor, entre periodistas por políticos.

Jacobo Solano
Jacobo Solano
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03 de Diciembre de 2017

Un momento difícil vive el periodismo colombiano, atrapado entre el odio y el fanatismo del momento político. La sociedad está aburrida de enfrentamientos entre políticos y periodistas o peor, entre periodistas por políticos.

El espectáculo entre Daniel Coronell y Gustavo Rugeles fue patético; Coronell, desde su pedestal en Miami, cayó en una trampa que él mismo fabricó al “igualarse” con Rugeles, quien aprovechó con inteligencia el tema de las preguntas y lo dejó muy mal. Ambos se parecen, uno se deja llevar por el resentimiento contra un político y el otro se deja instrumentalizar por una corriente ideológica, obedeciendo fielmente a sus financiadores.

Pero hay más: Néstor Morales vs José Obdulio, Gurisatti vs Vicky Dávila, Gustavo Rúgeles vs Camila Zuluaga, Cecilia Orozco vs Salud Hernández, Herbin Hoyos vs Hollman Morris, Vicky Dávila vs Sandra Borda, Uribe vs Daniel Samper, Vladdo tiene 3 frentes de guerra, vs Uribe, también vs Petro, después que lo promovió y le hizo campaña, y vs Luis Carlos Vélez. Una cosa es el debate franco y abierto entre periodistas, incluso con políticos y otra, muy distante, este charco de víscera, sin gota de mesura. La reunión de Gustavo Gómez con Gustavo Petro y Hollman Morris, es un paso en la dirección correcta.

En cuanto al tema de políticas públicas, un periodista no puede sustraerse de acceder a ellas, pero tampoco puede hipotecar su capacidad crítica y de denuncia. Lo que hace Gustavo Rugeles al caerle a la esposa de Daniel Samper es bajo y fletado, ella tiene derecho al trabajo. Petro hizo una denuncia puntual y bastante delicada sobre Darío Arizmendi, William Vélez, Darcy Quinn y su novio, Alberto Ríos, “El periodismo para los poderosos”; nadie responde, pero Petro tampoco responde sobre cómo tomó el canal Capital a través de Hollman Morris para fortalecer su proyecto político.

¿Por qué sucede esto? Perdieron el equilibrio ideológico y la autocrítica, se dejan seducir por el poder; le pasó a Vicky Dávila, quien después de ser fiel escudera de Santos y frecuentar cenas en Palacio, se convirtió en blanco del poder por el tema de la comunidad  del anillo y ahora se disparan sin misericordia. Hassan Nassar es más descarado, es Uribista, no lo niega y desde la FM le sirve de parlante al Centro Democrático y tampoco le importa. A los periodistas hoy, les duele demasiado cuando se les crítica y la única opción que ven es bloquear, antes que debatir, deberían dedicarse a buscar la noticia, a denunciar sin miedo, a confrontar sin perseguir ni lambonear y, algo muy importante, no dejarse atrapar por ningún personaje, como Daniel Coronell por Uribe, una columna mensual.

Colombia necesita un periodismo ético que recupere la credibilidad, máxime con lo cambiante de la comunicación, se niegan a entender que en el momento actual, la información es compartida con otros actores, por eso la gente comienza a explorar nuevas formas de recibir información. Se hacen muchos foros de noticias falsas, pero no de ética y respeto entre periodistas y políticos para dar ejemplo a una sociedad cansada de la violencia. No se han detenido a pensar ¿Por qué cada día les creen menos? ¿Será que este periodismo le está aportando a la paz y a la reconciliación? Preguntas válidas que ojalá abran un debate sin caretas por el rescate del buen periodismo, aquel que hacia Gabo o don Guillermo Cano.