El Conejo a lo sostenible y duradero de la Paz

Los únicos puntos del Acuerdo que promovían un cambio transformador de la realidad económica, política y social de Colombia, fueron excluidos de la implementación de los Acuerdos del Teatro Colón. Bajo la excusa de favorecer las pretensiones de la Farc, fueron cercenados los apartes modernizantes que ofrecía la negociación con esta guerrilla.

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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20 de Diciembre de 2017

Los únicos puntos del Acuerdo de La Habana que promovían un cambio transformador de la realidad económica, política y social de Colombia, fueron excluidos flagrantemente de la implementación de los Acuerdos del Teatro Colón.

Bajo la excusa de favorecer las pretensiones de las FARC que conducirían inexorablemente al “castrochavismo”, fueron cercenados los apartes modernizantes que ofrecía la negociación con esta guerrilla. Paradójicamente, los puntos relacionados directamente con los ofrecimientos a los alzados en armas fueron aprobados estrictamente, cortando con tijera cualquier vinculación con el resto de la sociedad – por ejemplo, se excluyó de la JEP la participación obligatoria de los terceros vinculados al conflicto armado-.

Lo que quedó fue esencialmente una desmovilización con justicia. Temas como la Reforma Política, la Reforma Agraria, garantías para la participación y las Circunscripciones Especiales de Paz no fueron aprobadas en el fast track.

La Reforma Política propuesta garantizaba cambios profundos en la arquitectura institucional, la necesaria justicia para delitos electorales y una mayor apertura democrática. Por su parte, la Reforma Agraria, buscaba la disminución de la inequidad en el campo y la posibilidad de potenciar económicamente las zonas rurales, lo que nos permitiría un mayor desarrollo económico. Por último, las Circunscripciones Especiales de Paz le daban a los territorios olvidados y excluidos una garantía de participación política, lo que permitiría completar el paquete de reformas para la paz estable y duradera.

La dificultad para mover estos condicionantes históricos del atraso (Gerschenkron) ha sido especialmente complejas en Colombia. Logros sustanciales promovidos por la Constitución del 91 han sufrido serios retrocesos. Ni siquiera un proceso de paz de la envergadura internacional y política de lo discutido en La Habana logra mover un ápice del régimen sociopolítico colombiano.

Los protectores del status quo, apoyados en un fuerte aparato clientelar y la promoción del miedo, se oponen a los cambios necesarios para el desarrollo social y político del país. Incluso algunos quisieron oponerse a cumplir con lo estrictamente necesario para que las FARC no regresen a la guerra propugnando por hacer trizas los acuerdos.

A pesar de las dificultades, las reformas pendientes del acuerdo del Teatro Colón ofrecen una hoja de ruta legítima sobre estos temas pendientes. Si no se logran, a pesar del avance del cese de la confrontación, la tensión sobre la necesidad de cambio persistirá, aumentando los retos para su transformación.

Haciendo a un lado la llamada postverdad, la verdadera discusión de la próxima campaña electoral no es la de las FARC. La discusión debe ser sobre quienes se oponen a las reformas fundamentales del país y quienes consideran que se necesitan transformaciones fundamentales para la  garantía de un país potencialmente desarrollado.