El complejo problema de las pandillas en Barranquilla

La crisis por la ola de homicidios ligada la problemática de las pandillas, se complejiza. Al parecer, no existe una radiografía integral del problema de violencia en la ciudad. A pesar de las alertas y medidas transitorias el problema está latente. Estamos frente a una cruda realidad que debemos afrontar con una mejor claridad y detenimiento, para respuestas mas integrales

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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01 de Noviembre de 2016

La crisis por la ola de homicidios y riñas en la ciudad ligada la problemática de las pandillas, se complejiza. En unas recientes declaraciones el alcalde de la ciudad, Alejandro Char, reconoce la gravedad del asunto y se declara sorprendido. Y no es para menos. Las muertes entre jóvenes- adolescentes en el último año dejan un saldo luctuorio de 16 asesinados. El último, que concitó la  atención de gran parte de la ciudadanía, tuvo ribetes cinematográficos: el funeral estuvo acompañado por una guardia policiaca aérea y terrestre. Una reciente marcha por la paz, en el popular barrio El Bosque, muestra el desconcierto y preocupación ciudadana.

Al parecer, no existe una radiografía integral y real del problema de violencia en la ciudad. Hace algunos meses y en el contexto de la preocupante aparición de desmembrados en la ciudad, invitamos a un diálogo con el experto en el tema Luis Fernando Quijano, quien nos aconsejaba emprender la tarea de construir una cartografía criminal de la ciudad. Herramienta de principal importancia en ciudades como Medellín, en donde hay un rastreo sistemático de los casos de violencia e información disponible para la toma de decisiones y el abordaje heterogéneo de las problemáticas.

Frente al tema en la ciudad, algunos expertos mantienen hipótesis de lo que puede estar ocurriendo. Para algunos, como el profesor Luis FernandoTrejos, las pandillas pueden revelar no una causa sino un efecto, en el sentido que estas pueden ser la manifestación de problemáticas de crimen organizado mucho más complejas, como las bandas delincuenciales.  A pesar de su  reiterada negación por parte de las autoridades, estas pueden estar operando en la ciudad instrumentalizando a las pandillas como agentes para ejercer control territorial. De allí las famosas fronteras imaginarias. Esto les permitiría mantener el dominio para el comercio de drogas a mayor escala, especialmente en zonas aledañas a la rivera del Río Magdalena.

Otra hipótesis, podría ser el recrudecimiento de las pandillas por la salida de un actor  monopolístico como lo fueron los paramilitares. Al dejar este vacío criminal, nuevamente  estas pequeñas agrupaciones reaparecen ligadas a fenómenos como el microtráfico. Al respecto, el investigador del IEPRI Carlos Mario Perea, de visita en la ciudad hace algunos días, nos señalaba con preocupación, cómo fenómenos encontrados en su investigación sobre pandillas en la ciudad hace más de 15 años, se siguen repitiendo. Es decir, no hemos avanzado. De la mano con esto, se plantean otras razones, de índole socio-cultural y de desarrollo de un entorno familiar rodeado de pobreza y violencia. Algunos líderes barriales, señalan cómo la edad de los implicados, ha venido disminuyendo con el tiempo. Hoy los implicados ya no son jóvenes-adolescentes sino preadolescentes. Grave.

A pesar de las alertas y medidas transitorias el problema está latente, algunos hablan, de más de 100 pandillas en la ciudad de Barranquilla. Estamos frente a una cruda realidad que debemos afrontar con una mejor claridad y detenimiento. A partir de allí, trabajar en respuestas con una mayor integralidad y profundidad sobre el tema. Son necesarias las cámaras urbanas, las recurrentes dotaciones a la fuerza pública y el aumento de su pie de fuerza, sin embargo, no es suficiente.

Frente a la presión mediática y social, recientemente la Alcaldía anunció la intervención en 15 sectores de la ciudad, así como la prohibición a actos públicos como los “picós”, considerando que estimulan la violencia juvenil. Esperemos cuáles serán los resultados de esta respuesta rápida a la situación. En un posible escenario de post acuerdo, la conflictividad en las ciudades será un reto insalvable para la paz, que implicara una mayor y mejor atención a las problemáticas delictivas. En ese nuevo país, Barranquilla debe convertirse en una verdadera “Capital de Vida” para los jóvenes.