El ‘Centro Gabo’ y la independencia de Cartagena

Las recientes declaraciones del Gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, sobre algunos de los aspectos que se tienen pensado resaltar en el lugar donde funcionará el ya llamado “Centro Gabo”, parecen indicar que nuevamente se corre el riesgo de simplificar y no de ampliar la memoria histórica de Cartagena.

Francisco Javier Flórez Bolívar
Francisco Javier Flórez Bolívar
Historiador
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27 de Octubre de 2017

En una reciente columna en la Revista Metro de Cartagena, a propósito del ‘día de la raza’, argumenté que el pasado, antes que borrarse, debía dotarse de significados. Señalé que los activistas y gobernantes, en vez de andar proponiendo la remoción de monumentos a diestra y siniestra, debían construir nuevas representaciones sobre la red monumental existente en sus respectivas ciudades.

En esta oportunidad, con motivo de la creación de un centro internacional para preservar el legado de Gabriel García Márquez en Cartagena, sostengo que siempre que se retorna al pasado hay que hacerlo con la convicción de que las miradas que se van a proyectar del mismo son las más complejas posibles, ubicando en su justa dimensión el rol que cada uno de los actores sociales juegan en los procesos históricos.

Las recientes declaraciones del Gobernador de Bolívar, Dumek Turbay, sobre algunos de los aspectos que se tienen pensado resaltar en el lugar donde funcionará el ya llamado “Centro Gabo”, parecen indicar que nuevamente se corre el riesgo de simplificar y no de ampliar la memoria histórica de Cartagena. “Se planea revivir el despacho original del virrey”, expresó Turbay en una entrevista concedida al diario El Tiempo, con motivo de la apertura que se hará del centro en el 2018.

Quienes están familiarizados con el pasado de Cartagena saben que no se trata de un detalle menor. El mencionado centro funcionará en el Palacio de la Proclamación de Cartagena, es decir, en el lugar donde se firmó el acta de independencia que marcó el inicio del fin de la dominación colonial española en los territorios que actualmente dan forma a Colombia.  

Hasta ese espacio, como perduró en la memoria popular de algunos cartageneros y luego lo documentaron y analizaron con lujo de detalles los historiadores Alfonso Múnera y Marixa Lasso, llegaron sectores negros y mulatos para exigir la independencia absoluta de Cartagena de la corona española el 11 de noviembre de 1811.

No me imagino al gobierno estadounidense ni a sus ciudadanos aceptando que en el Independence Hall de Filadelfia, lugar donde se debatió y adoptó el acta de independencia de los Estados Unidos, se le rinda tributo a Frederick North, el primer ministro que estaba al frente del gobierno británico durante las luchas por las independencias de las trece colonias. Sin embargo, fiel a mi convicción de que el pasado no debe borrarse, no veo inconveniente en que se reconstruya el despacho del virrey.

Espero, eso sí, que los textos, diálogos y símbolos que darán forma al guion que ambientará ese despacho cuestionaran el discurso hispanizante que hizo de estos personajes figuras a venerar por el supuesto aporte civilizatorio que hicieron a los territorios y habitantes americanos. Supongo que, siguiendo la aguda crítica de García Márquez a todas las formas de colonialismo, hablaran del virrey como parte de una empresa colonizadora que exterminó a buena parte de la población indígena, esclavizó a millones de habitantes provenientes de África, y extrajo las grandes riquezas de la geografía americana.

Dudo que Jaime Abello Banfi, actual Director Ejecutivo de la Fundación Gabriel García Márquéz para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), permita que se haga una reconstrucción de la memoria de la historia de Cartagena que pierda de vista esta mirada compleja. Y mucho menos dejará que se desdibujen los siempre pertinentes cuestionamientos que Gabriel García Márquez hizo al colonialismo simbólico y material que ejercieron los españoles en las Américas.

Temo, más bien, que Dumek Turbay esté haciendo eco de las visiones estrechas sobre la historia que tienen buena parte de los miembros de la Academia de Historia de Cartagena. Este centro cultural, que recientemente hizo un convenio con la Gobernación de Bolívar para “elaborar documentos históricos y realizar eventos”, abandonará su actual sede en el Palacio de la Inquisición y ocupará un espacio en el Palacio de la Proclamación.

En el pasado, como ocurrió en el marco de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, algunos de sus miembros dieron muestra de su acrítico culto por lo hispánico y su displicente mirada hacia lo popular. Jorge Dávila Pestana, por ejemplo, celebró que se destruyera una placa conmemorativa que, con base en una investigación del historiador Javier Ortiz, se había hecho en honor a mujeres negras que jugaron un rol central de la independencia de Cartagena.                                                                              

Justo ahora que se piensa convertir este palacio en un centro cultural es necesario recordarle al gobernador Turbay que la memoria histórica de una ciudad y una región no se puede poner en mano de médicos y abogados pensionados que ven en la historia un hobby. Y, con el ánimo de invitarlo a conocer miradas más complejas de la independencia de Cartagena, es imperativo recordarle el memorable discurso que pronunció desde el balcón del Palacio de la Proclamación el gobernador (encargado) Manuel Francisco Obregón Flórez el 11 de noviembre de 1913.

Ese año, Obregón Flórez (médico momposino, rector de la Universidad de Cartagena, miembro del Colegio de Cirujanos de los Estados Unidos), utilizó su discurso para responder a unos ataques racistas que el siempre sectario Laureano Gómez le hizo por su origen racial negro. Y la forma de hacerlo fue rememorando el rol definitivo de los habitantes de Getsemaní en la independencia de Cartagena:

“Cartageneros:

Recordad la figura imponente de aquella muchedumbre que viene de Getsemaní, se reúne en esta plaza, se detiene ante este mismo palacio, y ardorosa e intrépida, exige de la junta suprema proclame, por modo absoluto, la emancipación firme y rotunda”  (A.H.C., 1913).

Confío en que el informado e  incansable Jaime Abello Banfi no sólo preservará el legado de Gabriel García Márquez, como lo ha venido haciendo desde la FNPI, sino que también se sumará a las voces que vienen trabajando para ofrecer una mirada más compleja sobre Cartagena, su independencia y su historia en general.