Doris Salcedo: Un Arte que impide el Olvido

Un Arte sin palabras es un sacro ritual de No Olvido.

Kathy Porto
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18 de Septiembre de 2016

Doris Salcedo: Un Arte que impide el Olvido

Existe la expectativa de que una generación joven tiene la oportunidad de redimir los crímenes y fracasos de sus mayores y tendría la fuerza y el idealismo de hacerlo. Joyce Carol Oates

Un Arte sin palabras es un sacro ritual de No Olvido. Es la Plegaria Muda de Doris Salcedo, artista colombiana que no ha permitido la instrumentalización de su Arte, y su denuncia silenciosa, doliente.

Su Oración itinerante por el mundo es un acto de fervor y clemencia, para que el mundo sepa, más allá de las instantáneas informáticas de los medios, lo que ha sucedido y sucede en Colombia: crímenes de Estado, de los ejércitos ilegales de derecha e izquierda y otras fuerzas obscuras que nos han paralizado como nación y arrebatado la verdadera alegría, favorecidas por la impunidad y la reacción tardía de la Justicia.

El Arte de Doris Salcedo es un Arte relacionado con la Humanidad y la dignidad, un poema silente en una tierra de poetas peregrina de poesía.

Testimonio su obra, en especial su Plegaria Muda, por el relato artístico de lo que dejamos de ser, lo que somos después de tanta barbarie y lo que podemos llegar a ser.

El Alma colombiana se tornó pasiva e indiferente ante el dolor de los demás, las masacres, el desplazamiento; y el hecho que Doris lo recuerde con sus obras es una manera de invocar sensibilidad y pudor ante muertes incomprensibles y desapariciones degradantes.

Matar no tiene ningún valor moral ni político, no cumple designios honorables o metas liberadoras, sea por dogmas religiosos o ideologías políticas.

Sacrificar el “pueblo para redimirlo”, o manipularlo para someterlo y perdurar en el Poder, es un contrasentido ético.

La obra de Doris Salcedo genera esa reflexión: Ningún crimen tiene justificación.

El significado de la muerte en todas las culturas está rodeado de preguntas, conmoción y misterio. Desde el Egipto de los faraones, hasta los preceptos cristianos, islamistas o budistas.

Si los ateos revisten de dignidad la Muerte, ni qué decir de los pueblos aborígenes, celosos guardianes de su destino final: volver a la tierra, el aire, el agua, el fuego, las estrellas y el cosmos de donde emergieron/emergimos.

Sea con el Sermón de la Montaña, el Cántico de san Francisco o el poema de Ryo-Nan*, religiosa budista del siglo XIX, todo ser requiere su plegaria, su funeral, su encuentro sagrado con lo desconocido.

El gran vacío blanco de la muerte (ilustrado de manera sublime por Rothko) es una consecuencia natural de la vida: debe revestirnos de compasión por la humanidad, los animales, la naturaleza, y ayudarnos a reconocer el carácter sagrado de toda vida.

Es en la sacralidad de la vida donde se inserta el Arte de Doris Salcedo. Una artista que honra la memoria de todas las víctimas de Colombia, víctimas que esperan después de tantas décadas inútiles de Guerra un vehemente No Olvido ni Repetición y el reconocimiento, a través del Tiempo y la Historia, de su tragedia inextinguible e irrepetible: En el universo del Arte toda verdad que se intenta ocultar refulge y estalla con luz propia y Doris Salcedo lo intuye, lo sabe.

Kathy Porto Fadul

Poetisa.

Caribe de Colombia.

Ryo-Nan

"Sesenta y seis veces han contemplado mis ojos las escenas mudables del Otoño / Ya he hablado bastante del claro de luna / No me preguntéis más / Pero prestad oído a las voces de los pinos y de los cedros cuando se calla el viento".

(Poema leído en el funeral de la escritora Marguerite Yourcenar)