Del mesianismo de Carlos Caicedo

Carlos Caicedo, como máximo líder del movimiento Fuerza Ciudadana, debe matizar la visión mesiánica que tiene de la política. Al hacerlo, puede permitir que Rafael Martínez luzca como el alcalde de Santa Marta, y no como un telonero que abre los eventos públicos que él utiliza para proyectar su quijotesca llegada a la presidencia de la república de Colombia.

Francisco Javier Flórez Bolívar
Francisco Javier Flórez Bolívar
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24 de Noviembre de 2017

En una de las primeras columnas que publiqué en este medio, refiriéndome a la escasez de voces representativas de la costa Caribe en la Coalición Colombia, sostuve que Carlos Caicedo era uno de los líderes políticos de esa región que tenía el talante para asumir ese rol protagónico. Sin embargo, a renglón seguido, señalé que esa posibilidad había que descartarla porque el excalde de Santa Marta se había dejado seducir “por los cantos mesiánicos que se han vuelto sinfonía en la política colombiana”. Sustenté esta afirmación en la peregrina campaña presidencial que Caicedo viene proyectando a través de la recolección de dos millones de firmas, sin tener en cuenta que es una figura que carece de reconocimiento nacional y no posee una estructura política que vaya más allá de la mencionada ciudad.

El citado mesianismo de Carlos Caicedo empezó a pasarle factura a su movimiento Fuerza Ciudadana. La consecuencia más inmediata de todas, ampliamente cubierta por los medios, fue la reciente suspensión que la Procuraduría General de la Nación le impuso por tres meses al alcalde de Santa Marta, Rafael Martínez. Según el organismo de control, Martínez, quien llegó a la alcaldía con el respaldo de Caicedo, incurrió en participación indebida en política para favorecer la aventura presidencial de este último. Como lo contó La Silla Caribe, los favorecimientos a su mentor -presuntamente- van desde la asistencia conjunta a eventos públicos, pasando por el apoyo público que le ha brindado, hasta llegar al uso de entidades de la alcaldía para la recolección de las firmas que avalarán la candidatura de Caicedo.

Este tipo de prácticas, propias de casas políticas que han patentado el clientelismo y la corrupción como recurso político en la región Caribe, puede terminar desdibujando un proyecto que emergió como una alternativa necesaria en una ciudad y un departamento dominado por la politiquería. En efecto, hubo quienes celebramos el triunfo de Caicedo, en las elecciones de gobernadores, diputados, alcaldes y concejales que tuvieron lugar en ese 2011, como una muestra de que el voto de opinión aún estaba presente en algunos espacios de la geografía nacional. Hoy, al supuestamente acudir a los mecanismos de los partidos políticos tradicionales, puede estar sepultando la imagen de un movimiento que se define como una fuerza que está promoviendo una nueva forma de hacer política.

El mesianismo de Carlos Caicedo también puede terminar eclipsando la importante gestión que adelantó desde la alcaldía de Santa Marta. Aparte de la trasformación física que proyectó para la ciudad, su gestión es digna de mostrar, sobre todo en términos de la defensa de lo público, la transparencia en el manejo de los recursos, el empoderamiento de voces y rostros populares, y la democratización de los espacios y escenarios públicos de Santa Marta. Incurrir en prácticas clientelistas para satisfacer sus ambiciones personales, es llenar de sombras un legado que bien administrado puede perdurar en una ciudad que, antes de su llegada a la alcaldía, parecía estancada en el tiempo.

Caicedo y su mesianismo pueden proyectar la imagen de que es un líder que no es capaz de forjar nuevos liderazgos, algo que no se corresponde con las trayectorias del mismo Rafael Martínez y del hoy rector de la Universidad del Magdalena, Pablo Vera. Tanto Martínez como Vera forjaron su liderazgo y crecieron políticamente de la mano de Caicedo. Hicieron parte de la comunidad estudiantil que, bajo el liderazgo de Caicedo, contribuyó a transformar la Universidad del Magdalena en un verdadero campus universitario y la posicionaron como un centro universitario con incidencia académica e investigativa, a nivel regional y nacional.  

Carlos Caicedo, como máximo líder del movimiento Fuerza Ciudadana, debe matizar la visión mesiánica que tiene de la política. Al hacerlo, puede permitir que Rafael Martínez luzca como el alcalde de Santa Marta, y no como un telonero que abre los eventos públicos que él utiliza para proyectar su quijotesca llegada a la presidencia de la república de Colombia.