Carniceros ellos...

A proposito de la captura del Alcalde Mayor de Cartagena, Manuel Vicente Duque Vasquez algunos usuarios en redes sociales recharazon las criticas que surgieron a raiz de este hecho. ¿Es positivo rechazar la sanción social a la corrupción por muy mordaz que esta sea?

Orlando Higuera Torres
Orlando Higuera Torres
Profesor Universitario
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04 de Agosto de 2017

A proposito de la captura del alcalde Manuel Vicente Duque Vasquez,  Juan Carlos Gossaín, ex gobernador de Bolívar trinó lo siguiente

 "El momento difícil de un funcionario público no puede volverse un festival y los ciudadanos no deben ser una horda de carniceros medievales." 

Yo estoy de acuerdo con Juan Carlos, un momento difícil como una enfermedad, la muerte propia o la de un familiar debería despertar la solidaridad y la empatía de los ciudadanos, de todos, incluyendo a aquellos que están en la oposición. 

Muchas personas han expresado su solidaridad con Manuel Vicente Duque Vasquez, Alcalde Mayor de Cartagena de Indias. Y eso no está mal. Muchos cimientan su apoyo en los compromisos laborales que los unen a la administración Duque, otros tantos en una convicción de inocencia y otros en el origen popular de Manuel Duque.  Frases como  "No puede ser, que al caído caerle" "están haciendo leña del árbol caído" y otras más en este sentido pululan en las redes sociales de los defensores de Duque.

Sin embargo, ser capturado por corrupción, no solo no debe generar solidaridad sino el mayor repudio y el rechazo por parte de la ciudadanía contra ese mandatario, que fue elegido para promover el desarrollo de la ciudad, cuidar sus finanzas y el funcionamiento correcto de las instituciones, no para enriquecerse a si mismo, a sus familiares y financistas. 

Los gobernantes corruptos no son capturados porque cometieron un error, no, la corrupción es un acto tan consciente como el de la persona que saca un arma y acciona el gatillo para asesinar a una persona, incluso crean estructuras paralelas o modifican las existentes para valerse de la institucionalidad en su beneficio. 

El gobernante corrupto, no sólo es un criminal de la peor calaña por cercenar las oportunidades de miles de personas cuando roba al erario, sino que también viola la confianza de aquellos que la depositaron , marcando un voto por el dentro de un cubículo. Lamentablemente en Colombia la corrupción se ha naturalizado y estas expresiones de rechazo son cada vez menos frecuentes. Lo que si es frecuente son las reuniones donde funcionarios públicos y financistas se reparten  las presas de "la marrana presupuestal". Ellos son los verdaderos carniceros.