Algo pasó con nuestra democracia

Colombia dio un paso hacia un modelo de democracia moderna. La efervescencia de opinión que vivimos el pasado domingo, se irá diluyendo si no se consolidan nuevos partidos, mejores liderazgos y una mayor transparencia electoral.

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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29 de Mayo de 2018

Hay que remontarnos hasta 1974 para encontrar unas elecciones comparables con el nivel de participación de las elecciones del pasado domingo. Votaron cerca de 19 millones de personas en todo el territorio nacional. La abstención se redujo: en la primera vuelta presidencial del 2010 fue del 50% en el 2014 fue del 60% y en esta elección estaremos alrededor del 47%. Una importantísima reducción, participando cerca de 6.414.000 de nuevos votantes.

En Bogotá el nivel de abstención rondó el 35%, comparable a los resultados de cualquier país europeo desarrollado. Además, en calidad también se hizo la diferencia. Dos de los candidatos alternativos y uno con poca maquinaria, dominaron la elección: Sergio Fajardo obtuvo el 33,7% de los sufragios; Gustavo Petro el 30% y el Centro Democrático el 26,7%, para un total de 90%, un dominio absoluto. Toda una lección democrática para el país.

En el resto del territorio también fueron derrotadas las maquinarias, tres de las más grandes votaciones estuvieron en cabeza de movimientos o partidos políticos relativamente nuevos.

Acumular poder clientelar y a través de la contratación, no paga en las presidenciales. Tampoco contar con el apoyo de las diferentes casas políticas locales, las cuales también ven las encuestas y prefieren no arriesgar frente a un resultado incierto. La mayoría escoge esperar a segunda vuelta para ir a lo seguro. Hay que negociar es con el que va a ganar.

En Barranquilla fue notorio ver cómo en puestos regularmente congestionados del sur occidente de la ciudad, en donde la compra de votos es la ley en los procesos electorales locales, el movimiento de sufragantes estuvo atípicamente por debajo de lo esperado. Por el contrario, en zonas de estratos medios y altos la congestión fue altísima.

La cultura de promover el intercambio de votos por dinero acostumbró a los ciudadanos a tasar su voto dependiendo al incentivo monetario. Cuando no hay recursos o no son suficientes, como en las elecciones presidenciales, la gente simplemente no vota.

También es importante mencionar que las acciones de la Procuraduría y Fiscalía ayudaron a disuadir a las maquinarias. La suspensión del Alcalde de Galapa y la detención de un Concejal en Puerto Colombia, por sospechas de compra de votos, generaron un ambiente de pánico. La transparencia es esencialmente un problema de decisión política, además, es urgente el impulso de una reforma electoral que permita elecciones libres.

Aunque las maquinarias no han muerto y volverán en las elecciones locales, indudablemente algo pasó este domingo, que nos da señales de un tránsito hacia un modelo de democracia moderna en Colombia. Menos abstención, una clase media activa y nuevos y fuertes movimientos políticos.

Si no se logran construir estructuras partidistas serias, la emergencia de sectores de opinión de las clases medias se irán diluyendo hacia las expresiones políticas tradicionales. La consolidación de la efervescencia de opinión que vivimos el pasado domingo, depende de la formación de nuevos partidos, mejores liderazgos y una mayor transparencia electoral.