Usaquén: un ejemplo y una alerta para Bogotá

Lo que encanta de Usaquén es precisamente lo que las ciudades modernas olvidaron. 

Felipe van Cotthem
Felipe van Cotthem
Arquitecto
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05 de Diciembre de 2017

Lo que encanta de Usaquén es precisamente lo que las ciudades modernas olvidaron.  Son sus encantos, en contraste con los defectos de la otra ciudad (la construida y pobremente planeada en los últimos setenta años), los que seducen a tanta gente cada semana a visitarla de manera tan activa.

La gente compara y por supuesto prefiere una plaza central con alto contenido simbólico donde se siente la ciudadanía intensamente; camina sus calles angostas con casas y locales llenos de detalles para disfrutar a velocidad de peatón (4 Km/h); interactúa a través de ventanas y terrazas con los residentes y clientes de restaurantes y locales; respira y disfruta de la luz la mayoría del día con los edificios y casas de uno, tres, cinco pisos que conviven perfectamente y que generan un todo coherente y predecible; disfruta de la calle que produce la sana convivencia de viviendas, locales y restaurantes; visita y recorre fácilmente todo el ¨pueblo¨ en medio domingo haciendo nada de manera muy productiva.

Adicional a lo anterior, Usaquén también cuenta con muy buenos vecinos, producto de la planeación de los últimos años y que de manera coincidencial o intencional, no sabría ciertamente, le aportan más beneficios que problemas. Entre esos vecinos están los centros de negocios a su alrededor como Teleport, la gran oferta de servicios, entre otros los hospitalarios, la cercanía de grandes conjuntos de viviendas y la adyacencia con la Carrera Séptima, entre otros.

Las anteriores virtudes conviven actualmente con algunos males que si no se controlan pueden matar el encanto. Son entre otros: la falta de más residentes que se han ido reemplazando por exceso de negocios; el exceso de carros tratando de entrar a ver la iluminación de la plaza principal o a parquear en los parqueaderos al interior; el exceso de vendedores informales en las calles; la basura de los negocios y restaurantes invadiendo espacios residenciales; la inseguridad; el valet parking desbordado; el cargue y descargue en horarios no apropiados; el ruido exagerado, entre otros.

Desde hace un par de años desarrollé y compartí, como respuesta a las preocupaciones mías y de otros vecinos arquitectos, un plan para definir el futuro de Usaquén. En ese momento eran puramente ideas. Sin embargo hoy, con el apoyo de la Administración, podrían llegar a convertirse en realidades. Ese plan incluía, entre otras, las siguientes ideas:

En cuanto a la administración de Usaquén:

1) Acometer un plan maestro que de manera integral identifique y le ponga nombre propio a los proyectos que se quiere acometer, les ponga fechas, responsables y costos asociados en el tiempo.

2) Conformar con los vecinos más consolidados, de mayor peso en la comunidad y con la mayor capacidad de influencia y efectividad, una asociación para acometer la materialización de las acciones definidas en el plan maestro propuesto e incorporado por la Administración central.

3) Reconocer a los vecinos como parte de la solución a los problemas y no como un problema.  Entre los vecinos de Usaquén deberían incluirse los usos residencial, institucional, comercial y por supuesto la Administración central; entre otros se deberían incluir como fundamentales la Fundación Santafé, el centro de negocios Teleport, Fundama, la Asociación de vecinos de Santa Bárbara (Nadesba), la Asociación de residentes de los edificios Torres de Los Alpes, el conjunto Santa Teresa, los centros comerciales, las instituciones religiosas como el seminario, la manzana de la Curia, los colegios y universidades como el Gimnasio Los Cerros, CIEO, La Universidad del Sinú. No limitar el plan maestro ni la asociación a las 19 manzanas del casco fundacional. Definir con claridad los límites.

4) Definir los niveles de participación y de acuerdo con estos, diseñar una estrategia para mercadear la asociación.

En cuanto al espacio peatonal y vehicular:

1) Conectar las dos orillas de la Séptima. Las soluciones a los problemas de Usaquén no están solamente al oriente de la Carrera Séptima.

2) No se debería restringir la circulación vehicular en las calles, por el contrario, peatones y vehículos deberían convivir en un solo espacio. Lo que sí debería incluirse es diferencia de materiales y texturas.

3) Reducir la velocidad vehicular y desestimular los atajos de Waze através de texturas irregulares de pavimentos en huellas de carros.

4) Conformar un sistema de parqueaderos fuera del casco fundacional y desestimular el parqueo en su interior através de cobro adicional.

5) Incluir nuevos giros a la izquierda para acceder a Usaquén desde la Carrera séptima.

6) Incluir puentes peatonales adicionales sobre la Carrera Novena para fomentar la circulación peatonal.

En cuanto a la seguridad y el aseo:

1) Racionalizar la logística y recolección de residuos y elementos reciclables producidos por restaurantes.

2) Implementar un sistema de identificación de vehículos de vecinos y de visitantes con lectores de códigos de barras o calcomanías.

3) Establecer suministro de negocios y restaurantes en horarios nocturnos.

En cuanto a la formalidad y la consolidación:

1) Definir edificabilidades y usos de acuerdo con el plan maestro.

2) Elaborar y distribuir el mapa turístico con destinos destacados en Usaquén.

P.S.: En este Diciembre, en lugar de fomentar la circulación de automóviles al interior del casco fundacional, como aparentemente lo hace el actual plan de circulación que se está implementando, deberían habilitarse los parqueaderos entre la Séptima y la Novena (Teleport, Santafé, Flormorado) para recibir a los miles de visitantes y fomentar los cruces peatonales sobre la Séptima. Podría argumentarse que la movilidad en la Séptima se perjudica con más pasos peatonales, lo cierto es que el ingreso y parqueo de vehículos sobre ésta sí tiene impacto directo sobre la Séptima y la ciudad en general.