TransMileno escurre el bulto y se lo vuelve a pasar al usuario

En 2016 la Alcaldía encontró un hueco enorme en la financiación del transporte público resultado de la recocha del gobierno anterior. En ese momento tuvo que subirle al pasaje y parar el desangre. Pero hoy, un año después, vuelven a decir que si no se aumenta la tarifa será el apocalipsis. ¿Por qué no se avanzó en identificar nuevas fuentes de financiación? 

Diego Laserna
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15 de Marzo de 2017

Por: Diego Laserna

Otra vez llegó el anuncio de la subida de precios en el transporte público en Bogotá. El año pasado subió 200 pesos y este año otros 200.

Lo grave de eso no es solamente la carga para el usuario sino que después de tanta discusión todavía nada que se identifican nuevas formas sostenibles de financiar el transporte público y eso solo demuestra una cosa: su inatajable debilitamiento.

Sobra decir que ni la alcaldía ni nadie quisiera hacer ese aumento. Todos sabemos que le pega directo al bolsillo a los bogotanos más humildes, probablemente aumente los colados y vuelve más atractivas alternativas peligrosas como la moto.

Por eso la pregunta real no es si el aumento es deseable o no, sino si hay una alternativa real a aumentar el precio del pasaje para cubrir el hueco de plata que tiene el sistema . Porque hueco indiscutiblemente hay. Hoy en día al distrito le cuesta mil pesos más que la tarifa transportar un pasajero del SITP y cien más de la tarifa en transportarlo en TM.

Algunos de ustedes se acordarán que el alcalde Petro en su gobierno tuvo la política de no subirle a la tarifa del transporte público. En cuatro años solo se subió en 50 pesos el costo del pasaje en Transmilenio y 100 pesos el del SITP.  Además de eso se creó un subsidio para la hora valle, otro para los usuarios con menor puntaje en el Sisben, otro para el adulto mayor y otro para personas con discapacidad.  Todo esto sin buscar ni una fuente nueva de recursos pagarlos. Una farsa insostenible.

En ese momento a Petro le dieron madera, con razón, por estar regalando plata que no tenía para quedar bien con los usuarios y en diciembre de 2016 la Contraloría le  una sanción enorme como castigo.

Cuando Peñalosa llegó, encontró un  de más de 751.000 millones en la financiación del transporte público resultado de la recocha del gobierno anterior y se vio obligado a subirle 200 pesos al SITP y a Transmilenio para parar el desangre. Totalmente comprensible.

Grafica propia con estimativos de TM

Pero hoy, un año después la alcaldía vuelve a decir que el escenario es apocalíptico y que si no se aumenta la tarifa para 2025 nos estaremos gastando más dos billones de pesos en pasajes.

Fuente: Encuesta de Percepción Bogotá Cómo Vamos 2016

Puede ser. Pero hay dos verdades inobjetables que hacen que subirle a la tarifa no sea solo indeseable sino injusto. La primera es que el segundo año consecutivo de aumentos en la tarifa no corresponde con un aumento perceptible en la calidad del servicio (como se ve en la gráfica los índices de satisfacción con TM y el SITP son bajísimos). Pero además es injusto porque la nueva alcaldía al igual que la anterior ha pasado de agache a la hora de identificar fuentes estables para subsidiar la tarifa.

En particular no se ha conseguido ni una forma nueva en que los usuarios de vehículos particulares subsidien al usuario del transporte público que es como debe ser. A comienzos del gobierno se presentó una propuesta enredada de cobrarle 4000 pesos de sobretasa a cualquier persona que parqueara el carro en un parqueadero público, así parqueara solo un minuto. No muy sorprendentemente, el concejo la tumbó sin . Hasta hoy no sabemos nada de la reglamentación del parqueo en vía, que también podría servir para recoger algunos fondos y las  que están en etapa de factibilidad como la de la ampliación de la autopista y la de la séptima contemplan es agrandar vías y no la financiación del transporte público. No sabemos nada del cacareado cobro de 4 millones por transitar durante pico y placa y se aprobó una reforma tributaria sin que la alcaldía buscara incluir una liberalización que le permitiera aumentar la sobretasa a la gasolina. Es decir, este año en este tema no se hizo nada.

Es decir que estamos frente a una situación bastante más critica que la subida de 200 pesos en el pasaje, y es una falta absoluta de política de financiación de la tarifa del transporte público. A hoy no tenemos nidea cómo se va a pagar hacia adelante el uso del transporte público aparte de con recursos del presupuesto general y la tarifa al usuario. Así que muy probablemente estaremos el próximo año discutiendo a ojo si le suben 100, 200 o 300 al pasaje sin que nada haya cambiado.

Idealmente, para promover el uso del transporte público, la tarifa debe aumentar menos que la inflación y eso debe estar financiado principalmente por los usuarios de carros particulares y la moto. Por otro lado para subirle a la tarifa, el gobierno cada vez debería poder demostrar una mejoría en la calidad del servicio como un ejemplo mínimo de que los únicos cargando el bulto no son los usuarios. Pero nada de eso ha pasado los últimos dos años.

Si seguimos ignorando estas premisas, estaremos presenciando la muerte lenta del transporte público en Bogotá y la condena irredimible de Bogotá a la moto. Esa condena implica necesariamente una ciudad menos densa, más difícil de caminar, más contaminada y con muchos muchos más muertos en accidentes de transito.