Reaparece el fantasma de Rojas Pinilla en la Sabana

Habría también que reconocer que Sabana no es un sinónimo de Gran-Bogotá ni de Bogotá Metropolitana, y que una cosa sería bogotanizar la Sabana, ampliando la ciudad; y otra regionalizar Bogotá.

Juan Luis Rodríguez
Juan Luis Rodríguez
Profesor Universidad Nacional (Historia y Arquitectura)
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05 de Julio de 2018

Para el autor o autores de la entrada de Wikipedia, la Sabana de Bogotá no es una sabana, como las de África, sino una planicie limitada por diferentes cerros y atravesada por un río “del cual la Sabana toma su nombre”.

Dice la entrada que la Sabana es “la altiplanicie más extensa de los Andes colombianos [y que] no es en realidad una sabana [porque] las sabanas tienen como característica principal las temperaturas muy elevadas y pocas precipitaciones. [No obstante] en la sabana hay frecuentes lluvias y las temperaturas son generalmente menores de 20º C.”

La Wiky-sabana excluye los cerros porque la Sabana “está bordeada por una cadena montañosa que forma parte de la Cordillera Oriental cuyos puntos más sobresalientes son el Cerro el Majuy al oeste, los cerros de Guadalupe y Monserrate al este, el Páramo de Sumapaz al sureste.”

La exclusión de los cerros hace que la definición coincida más con la de un valle, que es una “llanura entre montañas que conforma una cuenca hidrográfica en cuyo fondo se aloja un curso fluvial”. De manera que la Wiki-sabana de Bogotá es un altiplano, del cual las montañas están excluidas.

No obstante, si nos atenemos a la realidad geográfica y demográfica del territorio, además de las cerca de 10 millones de personas que hoy ocupan la Sabana, tendríamos que incluir:

La planicie que le da el nombre de “sabana” y los cerros que la limitan; El río Bogotá y los tributarios o afluentes que lo alimentan; Los páramos como ecosistemas esenciales para el ciclo de producción de agua; Las lagunas naturales y las ciénagas o humedales que regulan el caudal del río; Las lagunas artificiales que regulan la producción de agua y energía.

En consecuencia, la denominación geográfica adecuada tendría que ser Valle del río Bogotá, o por lo menos Sabana del río Bogotá.

Para efectos de planeación, se trata de un territorio cuya población probablemente se doblará antes de la terminar el siglo XXI, y para que semejante temblor demográfico no nos coja a media noche, habría que reconocer que la Sabana ni es “de” Bogotá, ni es algo allende de la ciudad que se encoge en la medida que Bogotá crece.

Habría también que reconocer que Sabana no es un sinónimo de Gran-Bogotá ni de Bogotá Metropolitana, y que una cosa sería bogotanizar la Sabana, ampliando la ciudad; y otra regionalizar Bogotá, haciendo que la ciudad se articule mejor con el territorio y con las demás ciudades con las que lo comparte.

Como premisa, bogotanizar la Sabana es lo opuesto a regionalizar Bogotá. La bogotanización depende de una definición económica y coincide con el metropolitanismo. La regionalización depende de una definición geográfica y coincide con el regionalismo.

La bogotanización estaría reproduciendo el temblor político-territorial del 17 de diciembre de 1954, cuando de un día para otro, el área de la capital se sextuplicó, asegurando el suelo y la legitimidad necesarios para los desarrollos que venían brotando por fuera del perímetro urbano en Usaquén, Suba, Engativá, Fontibón, Bosa y Usme. El acontecimiento permitió que a partir de ese momento, los antiguos “municipios aledaños” se convirtieran en el comienzo de una Bogotá metropolitana.

Bogotanizar la Sabana es lo que pretende ProBogotá, una fundación patrocinada por “interesados en trabajar por el desarrollo de la capital colombiana y su zona de influencia”. Una zona que se limita a 11 municipios que se podría lograr utilizando la ley 1454 de 2011.

“Dos o más municipios geográficamente contiguos de un mismo departamento podrán constituirse mediante ordenanza en una provincia administrativa y de planificación por solicitud de los alcaldes municipales, los gobernadores o del diez por ciento (10%) de los ciudadanos que componen el censo electoral de los respectivos municipios, con el propósito de organizar conjuntamente la prestación de servicios públicos, la ejecución de obras de ámbito regional y la ejecución de proyectos de desarrollo integral, así como la gestión ambiental.”

Como ProBogotá conoce a fondo el comportamiento histórico de los diversos agentes territoriales, sabe también que esta ley es tan políticamente correcta como inaplicable. Por ello prefiere ir directamente al Congreso en busca de una reforma constitucional que culminaría en la materialización de un ideal de muchos bogotanos que imaginan una Gran Bogotá, más poderosa, y una Sabana más pura y rural.

Una Región-Sabana de la cual Bogotá es una parte, sería el opuesto de una Bogotá-Metropolitana de la cual Bogotá es la dueña y el alcalde de Bogotá su Rojas Pinilla. El opuesto inexistente a ProBogotá sería una eventual ProSabana, cuyo objetivo sería regionalizar Bogotá y cuyo jefe sería una Junta de Planeación Regional, independiente del poder político de turno. Una Junta civil, análoga a la Junta del Banco de la República.

El término región-metropolitana es un oxímoron. Región y Metrópolis constituyen polos opuestos en la discusión sobre el futuro y sobre la urbanización de un espacio habitado que si durante el siglo XX duplicó su población cuatro veces, es de esperar que en un futuro cercano  tendrá 20 millones de personas.