Notas sobre la movilidad eléctrica en Bogotá o los riesgos del sesgo del privilegio

Hay varias cosas que Bogotá podría aprender de la visión futurista de transporte de Elon Musk, pero tal vez no son las que nos podríamos imaginar.

Juan David Garcia
Juan David Garcia
Profesor e investigador de la Universidad Nacional de Colombia, Miembro de la Mesa de la Bicicleta Bogotá
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18 de Diciembre de 2017

Elon Musk es visto en el Silicon Valley como una extraña y próspera mezcla de Steve Jobs, Henry Ford y Tomás Alva Edison.  Las empresas de su portafolio parecen sacadas de una novela de ciencia ficción sobre un futuro utópico: Solar City,  SpaceX  y Tesla prometen, respectivamente, energía solar accesible a todos para detener el cambio climático, vehículos espaciales que permitan la colonización de Marte y automoviles eléctricos conectados a la red y dirigidos por inteligencias artificiales que solucionarán nuestros problemas de contaminación y tráfico.  Así mismo, en 2016 SpaceX y Tesla comenzaron la construcción de un prototipo a escala real de un “Hyperloop”: un tubo de vacío pensado para el transporte rápido (~1200 km/h) de personas y mercancías a través de grandes distancias.

 

 

Si esto le trae a la mente imágenes de la serie “Futurama” (o de "Los Supersónicos", para los que somo un poco mayores) no se preocupen:

 

Imagen cortesía de

 

Con una fortuna calculada en los 20,800 millones de dólares y una posición privilegiada (ocupó el puesto 80 en de “Los más ricos” y el 21 en la de “Los más poderosos”) Musk parece estar listo a  hacer que estos proyectos sean algo más que bienintencionadas fantasías futuristas.

 

Musk y el transporte público: una relación tormentosa

 

Recientemente Musk volvió a acaparar titulares por que enardecieron a la habitualmente pacífica comunidad de urbanistas del mundo:

“Existe la premisa que todo lo bueno debe ser de alguna manera doloroso. Creo que el transporte público es doloroso. Apesta. ¿Por qué quieres subirte en algo con un montón de otra gente, que no sale de donde quieres que salga, que no termina donde quieres que termine? Además no funciona todo el tiempo."

El consultor de transporte argumentó que la visión de Musk sobre un transporte individual generalizado en el que nadie tuviera que compartir el espacio con desconocidos era una fantasía (o una patología) irrealizable que solo los muy ricos podrían costearse. Musk le respondió escuétamente llamándolo “idiota”.

 

Musk posteriormente se disculpó (a su manera) explicando que, en realidad, lo que quería decir era que Walker era un .

 

El dictador benevolente y la terca realidad

 

Aunque muchos de  sus proyectos tienen el potencial de cambiar a la humanidad, Musk parece ser incapaz de entender la realidad que lo rodea como algo más que un problema al que hay que buscarle una solución.

Los ejémplos no pueden ser más claros. Los atascos en el estacionamiento de su fábrica de autos eléctricos  (con los que piensa frenar el cambio climático) son legendarios: Cada mañana, 6,000 empleados tienen una lucha encarnizada por “tan solo” 4,500 cupos de parqueo. La situación ha llegado a tal punto que se ha abierto una cuenta en para documentar los carros abandonados en la cuenta o estacionados tan cerca unos de otros que es imposible abrir sus puertas.

 

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Parece que este banal problema atormenta a Musk, pero no tanto como para convencerlo de lo ni de lo ineficientes que son los automóviles individuales. Al contrario, exasperado por los míticos trancones de Los Ángeles propuso una muy creativa solución que ya he oído en boca de muchos agobiados conductores bogotanos: "Construyamos un tunel que pase por debajo para que los carros anden más rápido... ¡y se acabó el trancón!"

 

 

A diferencia de los sufridos conductores locales, Musk fue más allá que un simple trino: Creó la "Boring Company" para hacer realidad estos túneles. En su momento, muchos urbanistas le recordaron que :

  1. Excavar túneles y crear vías para vehículos individuales no es una idea particularmente nueva.
  2. Debido a la demanda inducida, más y más gente usaría vehículos individuales hasta que la capacidad de dichos túneles colapsaría.

En otras palabras,  “solucionar la congestión con más vías es como solucionar la obesidad con un cinturon más ancho”.

 

La Ley de la Congestión explicada a Flash (el hombre más rápido del mundo). Tomado de "The Flash" 1, 2011.

 

Y estamos hablando de Musk en la Silla Cachaca ¿por qué…?

El jueves pasado, antes de leer acerca del alboroto levantado por Musk y mientras millones de bogotanos se preparaban para disfrutar o padecer de la Ciclovía Nocturna (dependiendo de su medio de transporte elegido), fui invitado a participar en el panel “Combustible y Contaminación” de la charla “Atlántida: Movilidad Urbana y Política Pública" organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, la fundación Despacio y las Universidades del Rosario y Los Andes.

La discusión, que resultó muy animada pero cordial, giró de manera nada sorprendente en torno al uso de las llamadas tecnologías limpias o, como las definió perfectamente un panelista, “las tecnologías menos sucias” en el transporte.

Es indudable que el transporte eléctrico e híbrido presentan una buena oportunidad para Bogotá: la altura no afecta los motores eléctricos como lo hace con los de explosión, la energía eléctrica es abundante, relativamente barata y proviene de una matriz energética principalmente hidroeléctica cuyo impacto ambiental, sin ser nulo, es menor que otras alternativas como el carbón o los hidrocarburos. Sobra decir que los beneficios en salud pública, calidad de vida y competitividad de la ciudad serían significativos gracias a la mejora en la deteriorada calidad de nuestro aire.

Sin embargo, y a pesar del , debemos ser conscientes que la movilidad eléctrica no será la panacea que resolverá los problemas de movilidad y ambiente en Bogotá: los vehículos eléctricos individuales  seguirán teniendo los mismos problemas de uso de espacio y vías así como de riesgo hacia los demás actores de movilidad, especialmente los más vulnerables (peatones, ciclistas y motociclistas). Este último factor puede incluso ser agravado por la mayor maniobrabilidad, silencio y peso de los carros eléctricos (un Tesla S pesa más de 3 toneladas). Así mismo, el uso de vehículos eléctricos individuales puede fácilmente doblar el consumo eléctrico de una persona. Si el cambio a esta tecnología es masivo, el aumento en la demanda de energía eléctrica puede llevar a que se revierta a la generación de energías menos limpias (como el carbón) para suplirla, anulando sus beneficios ambientales.

El problema de las baterías merecería no uno sino varios artículos adicionales. La batería de iones de litio de un Tesla, por poner un ejemplo, pesa más de media tonelada y contiene pequeñas cantidades de niquel y cobalto, metales cuya extracción y refinamiento son tremendamente tóxicos según la Agencia de Protección Ambiental de EEUU. Adicionalmente queda la pregunta de qué hacer con las baterías una vez terminada su vida útil. Aunque el reciclaje de estas podría aliviar el problema, (en un mundo donde los vehículos eléctricos son la excepción y no la norma) debería servir como señal de alarma.

 

Conclusiones

La discusión acerca de los vehículos eléctricos es mucho más compleja y tiene muchas más consideraciones que las presentadas en este artículo. Por eso mismo, debe ser abierta y debe incluir las voces de ciudadanos y expertos en diversas áreas.

En un momento en el que ya se ha radicado(descuentos hasta del 50% en registro y otros tributos, tarifas diferenciadas de parqueaderos y exención en restricciónes a circulación vehicular como “pico y placa”, entre otras) es importante estar atentos para que lo que puede ser una revolución en el transporte y generación de energía no se convierta en una inmensa trampa legal para financiar la compra de más vehículos de lujo libres de restricciones a aquellos privilegiados que se lo puedan permitir. 

Mi intención no es defender el estado actual de las cosas o nuestra dependencia de los hidrocarburos, pero considero necesario reflexionar seriamente acerca de esta fe, casi ciega y muy de moda en  Bogotá,  en la busqueda de soluciones tecnológicas que resolveran de una vez por todas los complejos problemas urbanos a los que nos enfrentamos.  La discusión no ha hecho más que comenzar, pero de momento cierro este artículo y este año con una frase de Alex Steffen:

“ Hay una relación directa entre los lugares que habitamos, las opciones de transporte disponible y cuanto conducimos. La mejor innovación en automovil que tenemos no es una mejora en el auto, sino la eliminación de la necesidad de conducir a todos los sitios que vayamos”.

Comentarios (2)

Dario Hidalgo

18 de Diciembre

238 Seguidores

Muy buena nota sobre la importancia de no tecnificar las soluciones, o sobre-simolificar los impactos 

Gracias Doctor J

Muy buena nota sobre la importancia de no tecnificar las soluciones, o sobre-simolificar los impactos 

Gracias Doctor J

Germán Prieto

19 de Diciembre

46 Seguidores

Estupendo artículo, una muestra clarísima de cómo "suena fácil" tener solu...+ ver más

Estupendo artículo, una muestra clarísima de cómo "suena fácil" tener soluciones mágicas a los retos de la movilidad, pero ni los mejores magos de la tecnología encuentran soluciones a problemas que parecen más sencillos, incluso en su propia casa. Pero nos cuesta trabajo aceptar que, en medio de tanto avance tecnológico y tanta innovación, la mejor solución a los problemas de movilidad sea regresar a lo básico: movilidad peatonal, en bicicleta y en transporte público, vivir cerca y racionalizar la necesidad de desplazamientos.