Los errores que no podemos volver a cometer en el nuevo POT

Desde ProBogotá Región presentamos un análisis del Plan de Ordenamiento Territorial vigente, con el propósito de aportar elementos que contribuyan a que el próximo POT pueda ser aplicable en la práctica y que realmente favorezca un crecimiento equilibrado y sostenible de la ciudad con base en la gestión eficiente del suelo.

Luis Guillermo Plata
Luis Guillermo Plata
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04 de Enero de 2017

El POT es la carta magna del urbanismo de una ciudad. Pero la experiencia bogotana nos ha llevado a preguntarnos ¿cuál es su aplicabilidad?

Y la respuesta sería: no mucha, en especial si se considera que, desde que se aprobó hace más de 12 años (Decreto 190 de Junio de 2004), muy pocas de sus grandes apuestas se han materializado:

- No se urbanizaron las 2000 hectáreas de expansión urbana que el POT previó al norte de la ciudad.

- No es claro cuáles de las llamadas “operaciones estratégicas” del plan se llevaron a cabo. Con seguridad no fue la operación estratégica del aeropuerto, que buscaba consolidar los cascos urbanos de Fontibón y Engativá en busca de una mejor relación del aeropuerto con su entorno residencial.

Tampoco fue el Anillo de Innovación, cuyo objetivo era generar entre Puente Aranda y la Avenida El Dorado un importante campus tecnológico y laboratorio de ciudad eco-eficiente.

- Y ciertamente no se construyó la primera línea del metro, y menos los trenes de cercanías definidos en el plan como vectores estratégicos del desarrollo de la ciudad.

Ahora que estamos elaborando el nuevo POT que regirá el destino de la ciudad durante los próximos años, cabe preguntarse qué errores cometimos en la formulación del documento vigente que de alguna manera han entorpecido la realización del plan.

Para responder a esta pregunta, nos dimos a la tarea de realizar un análisis del Plan de Ordenamiento actual a partir de los siete principios básicos que ProBogotá Región ha propuesto para asegurar la aplicabilidad del POT:

 

1. Mantener una visión de largo plazo

La ley 388 de 1999 determina la estructura del POT así:

- Un componente general, que es estructural y por lo tanto de largo plazo en donde sus disposiciones no son modificables durante la vigencia del POT.

- Unos componentes de corto y mediano plazo que pueden modificarse durante la vigencia del POT, con el entendible propósito de alinearse con las disposiciones de cada Plan de Desarrollo municipal y, en particular, con su Plan de Inversiones.

Y aunque este es el espíritu de la ley, no ha sido ha sido claro hasta hoy cómo se articulan POT y planes de desarrollo. De haberlo sido, hoy tendríamos, tal como lo determina el POT vigente, un sistema multimodal de transporte público con una primera línea de metro de 29.34 km, 24 estaciones y una ruta determinada (Art. 188), varios trenes de cercanías (Art.193) y una red completa de BRT (Art.190).

Tampoco parece haber sido claro cuáles disposiciones eran de largo plazo y cuáles modificables durante la vigencia del POT. Prueba de ello es que hemos tenido cuatro Planes de Ordenamiento Territorial en lo que debía ser la vigencia de uno solo:

- El primer POT de Bogotá: , expedido por la primera administración Peñalosa.

- El segundo POT de Bogotá: Decreto Distrital 469 de 2003, de la segunda administración Mockus, que argumentó la necesidad de aprobar una modificación excepcional del primero.

- El tercer POT de Bogotá: que intentó compilar los dos anteriores para hacerlos legibles como conjunto en el Decreto Distrital 190 de 2004.

Este fue trabajado por la misma administración Mockus, decretado durante el período de Garzón y es el que tenemos hoy vigente.

- Por si fuera poco, Samuel Moreno inició otra revisión, que Petro intentó concretar en lo que fue el cuarto POT de Bogotá: otra modificación excepcional del POT -la Mepot-, aprobada mediante Decreto Distrital 364 de 2013, hoy suspendido en un juzgado.

 

2. Ser jurídicamente vinculante

¿Para quién es vinculante el POT?

En principio lo es para el Alcalde y su equipo en la administración de turno, que encuentran en el POT las políticas de desarrollo urbano que enmarcan las acciones y los proyectos que pueden proponer en su programa de gobierno y ejecutan a través del plan de desarrollo.

De los 482 artículos que conforman el POT vigente, por lo menos un 45% corresponden a políticas que comprometen esencialmente a las administraciones distritales. (ver Fig. 1)

¿Realmente cuánto de esto ha sido recogido por los Planes de Desarrollo de las diferentes administraciones? ¿Es el POT un documento verdaderamente normativo del desarrollo a futuro de la ciudad o tan solo un conjunto de buenas intenciones?

Por otro lado, el POT también contiene normas que vinculan a quien solicita o a quien instruye y expide una licencia de construcción. Éstas representan cerca del 35% del POT vigente. (ver Fig. 2)

El principal problema de esto es que el POT no hace diferencia alguna entre las políticas -que vinculan a la administración distrital-, y las normas -que vinculan al ciudadano que solicita una licencia y al curador que la instruye-.

Unas y otras se encuentran indistintamente repartidas a través de todo el documento, sin que exista claridad sobre quién debe leer y entender cuál parte

Además, cerca de un 20% de los artículos no son vinculantes para nadie o poco tienen que hacer en el POT:

- Definiciones de términos o categorías utilizados en el POT, repartidos a lo largo del documento.

¿Acaso no sería más útil para quien consulte el POT, disponer de un anexo con todas las definiciones necesarias a la comprensión del plan, que remita a las páginas y a los artículos relacionados con tales definiciones?

- Procedimientos o metodologías para la acción de los funcionarios distritales, que deberían formar parte de un manual interno de procedimientos para los funcionarios distritales y no del POT. (ver Fig. 3)

3. Ser legible y entendible para todos

El POT que tenemos vigente es muy difícil de leer y aún más de entender.

Por ejemplo, si usted necesita determinar las posibilidades de desarrollo de un predio en la ciudad en donde hay un inmueble considerado de interés cultural, lo primero que hará entonces será consultar el índice.

Buscará usted una palabra clave -por ejemplo, “patrimonio”-, y encontrará que al tema del patrimonio se refieren 3 secciones distintas del POT: el Subtítulo 4 del título VI, posteriormente el capítulo 3 del título II y finalmente el capítulo 3 del Subtítulo 4, en un índice ininteligible que no facilita las cosas.

Eventualmente, terminará usted leyendo todo el documento, para entender que no bastaban los 482 artículos del POT, sus planos y sus anexos, para hacerse a una idea precisa de lo que puede hacer en su predio.

Requerirá hacer la consulta de Planes Maestros, Unidades de Planeación Zonal –UPZ- y fichas normativas, y de un sinnúmero de decretos adicionales, en un auténtico viacrucis que casi siempre incluye además la presentación de derechos de petición y la solicitud de conceptos técnicos.

Es deseable entonces que el próximo POT recoja el conjunto de normas aplicables a cada predio de la ciudad, separándolas además del conjunto de políticas que las explican.

 

4. Ser jurídicamente seguro

Si no es fácilmente entendible, difícilmente puede ser jurídicamente seguro.

¿Cuántas veces ha sucedido que una solicitud de licencia de construcción prospere en una curaduría cuando ha sido negado por otra? ¿O que una licencia sea demandada por los vecinos?

Muchas veces, algunas de ellas por diferencias de interpretación de la norma. A lo cual agregaremos que, sin haber claridad sobre la vigencia del articulado, el POT se ha prestado demasiado a modificaciones, que han generado inestabilidad en las normas que rigen el desarrollo de la ciudad, y por lo tanto incertidumbre en la gestión del suelo.

El POT debe ser escrito de tal forma que no permita interpretación, ni en su alcance normativo ni en la vigencia de su articulado.

 

5. Ser estricto en el alcance de las normas de derecho común, pero flexible para la realización de proyectos estratégicos. O, dicho de otro modo, reglamentar todo lo necesario y a la vez, lo menos posible

¿Qué era lo necesario? Por ejemplo, y sin duda alguna, las condiciones de urbanización del POZ Norte.

Pero el POT vigente no las reglamentó, en parte por falta de concertación oportuna con la CAR sobre las determinantes ambientales, y después, en sus modificaciones sucesivas, por falta de diligencia suficiente de las distintas administraciones para concretar la realización de las obras públicas necesarias para la habilitación del suelo para su uso urbano y establecer las reglas del desarrollo del suelo.

Hoy seguimos a la espera de un decreto reglamentario de éstas, que afortunada y finalmente la administración actual está cerca de firmar.

 

6. Ser ordenador del territorio y un instrumento real de gestión del suelo

De nada sirve enunciar grandes políticas, operaciones estratégicas, programas y proyectos, si éstos no se traducen en normas específicas e instrumentos de gestión del suelo para hacerlos realidad.

Los grandes proyectos de la ciudad dependen de múltiples factores para su realización: capacidad de inversión del Distrito en obras públicas, demanda del mercado inmobiliario y capacidad de endeudamiento de los ciudadanos para adquisición de proyectos, entre otros.

El POT no es pues el único determinante de los proyectos, pero sí puede llegar a convertirse en un obstáculo o una palanca para su realización. Y es necesario que sea lo segundo, para que Bogotá pueda hacer frente a los retos que tiene por delante.

Para lograrlo, necesitamos imitar a las grandes ciudades en:

- Definir un Plan Maestro de Infraestructura, que determine cuáles son y cómo son las obras públicas necesarias y cuál es el calendario de ejecución oportuno.

Los grandes componentes de un sistema multimodal de transporte regional y local deberían proyectarse a futuro de una vez por todas, así como la red de equipamientos hospitalarios (públicos y privados), de educación, de saneamiento, tratamiento y disposición de residuos sólidos, el sistema distrital de parques, etc.

El próximo POT no debería limitarse, como el vigente, a definir la necesidad de establecer planes maestros…

- Traducir ese Plan Maestro de Infraestructura en el POT -dentro de su componente estructural de largo plazo- a través de instrumentos efectivos de gestión del suelo para que dichas obras puedan realizarse: perímetros de utilidad pública, reservas y afectaciones prediales, normas de edificabilidad, entre otros.

- Que ese Plan Maestro de Infraestructura trascienda no solo al POT sino a los planes de desarrollo de los gobernantes futuros.

 

7. Ser concertado

Nuestra ciudad no puede darse el lujo de que el próximo POT no defina lo necesario sobre los grandes temas de importancia estratégica, sobre la base de consensos previos para limitar los riesgos jurídicos.

Por lo menos dos saltan a la vista:

- Los derechos adquiridos y las condiciones de implementación de una zona de aprovechamiento público en la franja de adecuación de los cerros orientales.

- El futuro de los predios que conforman la Reserva Thomas Van der Hammen.

 

Por supuesto que en función de la propuesta que presente la Administración Distrital, habrá seguramente otros asuntos importantes que darán pie a debate.

El proceso que se surta para debatirlos y acordarlos puede ser tanto o más importante que el producto final. Abramos la discusión, aportemos los argumentos necesarios para mejorar la propuesta, hagámosla nuestra y acordemos un POT que tenga larga vida.

La revisión del POT es una gran oportunidad para asegurar una gestión más eficiente del uso del suelo de la ciudad. No la desaprovechemos, y sobre todo, no incurramos de nuevo en los mismos costosos errores.

 

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