Limpio pero sin alma

Contrario a lo que parecería, el unico enemigo del espacio público no son los vendedores ambulantes. A veces, aunque puedan mantenerlo más limpio y seguro, los administradores privados pueden quitarle su diversidad y espiritu democrático y eso es lo más improtante que tiene. 

Diego Laserna
Diego Laserna
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25 de Septiembre de 2017

El espacio publico es un elemento esencial de cualquier democracia fuerte y saludable. A diferencia de nuestros hogares, de los clubes o de los centros comerciales, es un espacio donde nos vemos obligados a interactuar como iguales con personas que se visten, se portan y piensan diferente. Cuidado. Digo “interactuar” pero eso no implica necesariamente estar de acuerdo y esa capacidad de estar en desacuerdo respetuosamente es la esencia de una sociedad democrática.

Por supuesto Bogotá, una ciudad pobre y mal planeada, siempre ha tenido una notable carencia de espacios público. En parte porque la ciudad creció espontáneamente sin dejar de lado espacios para parques o plazas y en parte porque nunca ha habido la plata para hacerlos bien.

Desde hace años venimos discutiendo sobre la necesidad de “recuperar” el espacio público de manos de vendedores que a veces por necesidad y a veces por ambición se han apoderado de él para lucrarse. El debate es legitimo. Estos vendedores privatizan un espacio que no es de ellos y a veces lo vuelven difícil de transitar, sucio y desorganizado.

La diversidad es quizás el componente más importante del espacio público

Gracias a eso varios espacios públicos de la ciudad han sido “entregados” a administradores privados que los mantienen sin vendedores, limpios y seguros. Parecería una ganancia para todos pero muchos de estos administradores detrás de la disculpa de la lucha por la estética han privado estos espacios de su carácter democrático.

Me explico. Como mencionaba antes, una de las principales virtudes de un espacio público es poder interactuar con personas que piensen distinto y para saber cómo piensan los demás hay que oírlos. Eso incluye a los del Centro Democrático y a los de las FARC, a los cristianos y a los budistas. Es verdad que a veces puede ser caótico pero uno no puede pretender vivir una democracia y no oir lo que tienen que decir los demás.

El espacio público funcional siempre debe tener un componente político

En 2015 hice campaña para hacerme al concejo de Bogotá y decidí no hacerlo regalando lechona o haciendo fiestas sino a conciencia, hablando con la gente. Porque creo que esa es la única forma sana de hacer política me sorprendí muchísimo cuando me expulsaban de espacios que yo consideraba “públicos” y por eso apropiados para hablar con la gente del futuro de la ciudad. En el Parque de la 93, en la Plazoleta de la Tadeo, en las escaleras de la Javeriana apenas los vigilantes nos veían repartiendo volantes o hablando con la gente nos echaban a las patadas. Presa de la ignorancia y afanado por no perder tiempo, en ese momento agaché la cabeza y me fui sin decir nada pero ahora con el tiempo que me permite la derrota decidí averiguar.

Y efectivamente como lo muestra el derecho de petición , ni en la Tadeo ni el Parque de la 93 (sobre la Javeriana no pregunté) los administradores tienen derecho a expulsarlo a uno por repartir propaganda política, de hecho ni siquiera tienen derecho a exigirle a uno que pidan permiso a menos que haya una aglomeración. Y peor aún, si lo excluyen a uno arbitrariamente por hacer política quien sabe si no excluyan a los habitantes de calle, a los travestis o a los pobres.

Por supuesto, como todos ustedes, quiero espacios públicos seguros y limpios pero no al costo de que un administrador privado escoja a su capricho quien puede entrar y quien no. Si aceptamos ese trueque estaríamos sacrificando los más valioso de esos espacios a cambio de migajas.

En Bogotá necesitamos espacios públicos democráticos y de la calidad. Y sí, eso implica acordar unas reglas públicamente con los ambulantes pero también con los administradores privados, que no por ser más limpios tienen derecho a apoderarse de lo que no es de ellos y chuparle el alma a nuestra democracia en el proceso.

                           Aparte del derecho de petición presentado al DADEP

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