Lecciones de mi Cruzada anti-burocracia en Colombia

Me he puesto a la tarea de lentamente confrontar esa bestia inmunda que es la burocracia y encontrar maneras de solucionarlo - no he tenido tanto éxito...aún.

Carlos Felipe Pardo
Carlos Felipe Pardo
Fundación Despacio
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31 de Mayo de 2017

La solución colombiana a la corrupción es pedir más papeles y exigir más condiciones para avanzar en cualquier trámite. Yo pienso que esa no es la mejor manera de resolver el problema, y de hecho creo que varias organizaciones que lo han estudiado (, , ) están de acuerdo conmigo. Lo que pasa es que nos da miedo buscar las soluciones reales. Por eso, me he puesto a la tarea de lentamente confrontar esa bestia inmunda que es la burocracia y encontrar maneras de solucionarlo - no he tenido tanto éxito...aún.

En un país donde existe un trámite para demostrar que uno está vivo (y donde, además, le piden a una persona que vaya en persona y presente esa prueba de superviviencia como requisito para recibir su pensión), la bestia es mucho más peluda. Pero alguien tiene que hacer ese trabajo. Yo me pido hacer lo posible por llevar la batuta y arrastrar con el problema - espero ayuda de algunos compatriotas que ya lo hacen a través del sarcasmo y la lucidez (gracias, , por hacer ambas cosas a la vez)-.

Mis caballos de batalla en esta Cruzada auto-impuesta han sido dos: presentarme a licitaciones del Estado colombiano y escribir sobre mis experiencias u opiniones. La primera es un Mito de Sísifo interminable, que el mismo Sísifo nos diría que estamos mal de la cabeza por buscar una y otra vez ganarnos licitaciones que simplemente nunca lograremos ganar. Escribiendo algo al respecto por lo menos logro transmitir un mensaje y, a veces, lograr que varios miles de personas lo lean.

Con respecto a mi primer método: dentro de los márgenes que me permite la normativa colombiana, yo hago experimentos dentro de las licitaciones: hago preguntas a pliegos de condiciones que retan al abogado que debe responderlos; participo de las audiencias de apertura de sobres y adjudicación y hago las preguntas incómodas.

Esta labor es dispendiosa pero, me parece a mí, muy fructífera en la lucha por reducir las incoherencias propias del quehacer del estructurador de licitaciones o procesos de contratación. Mi ilusión es que estos estructuradores entiendan que hay formas más sencillas de pedir las cosas, y que las herramientas tecnológicas de las que disponemos en el siglo XXI nos permiten reducir la tramitología - y no incrementarla. Admito que en esta labor de retar la burocracia de licitaciones me ha llevado a perder casi todos los procesos de licitación con el Estado (a nivel nacional y local) y tal vez romper algún récord en "organización que menos licitaciones ha ganado" en nuestro país.

Por otro lado, a veces tengo logros más palpables cuando publico algo: que más de seis mil personas hayan compartido en Facebook publicado hace unos días es una hazaña que he logrado muy pocas veces, y espero que por lo menos la mitad de quienes compartieron el post hayan tenido la delicadeza de leerlo hasta el final, donde doy indicaciones sobre cómo podría comenzar a resolverse el problema de la burocracia (y que aquí explico un poo más en detalle).

A todas estas, ¿Qué tienen de malo los procesos de contratación del Estado? En realidad tienen varias cosas buenas, entre ellas que la plataforma del está disponible para todo el mundo y ahí se encuentran todos los procesos de contratación del gobierno (incluso los millones de pesos que se gasta el INPEC en galletas están ahí clariticos).

No obstante esa plataforma virtual de consulta de contratación, lo que está detrás de esa máquina son requisitos tras requisitos para conseguir vender galletas al INPEC o tapetes a otra entidad, o incluso... un concurso de ideas para el metro de Bogotá donde Norman Foster y otros grandes de la arquitectura no quisieron/pudieron participar - porque pedían muchos papeles.

Ahí está el problema: el exceso de requisitos, papeles, condiciones para presentarse a un proceso de contratación son tan abrumadores que muchas personas desisten, ya sea por su falta de capacidad institucional para responderlas o su insatisfacción ante la petición. Quienes están acostumbrados simplemente contratan a personas para producir el eterno papeleo, meter las propuestas en sobres y llevarlas antes de la hora límite a la dirección designada.

Los efectos del exceso de requisitos en la contratación, desde mi punto de vista, son:

- Menos organizaciones se pueden presentar, o por lo menos menos organizaciones nuevas pueden hacerlo. Esto pasa con pequeñas empresas que acaban de comenzar a buscar oportunidades de contratación, que simplemente patinan en su búsqueda.
- Se pierden oportunidades de que las empresas super cool se presenten a los procesos. Esto pasa con Norman Foster, Frank Gehry y esa calaña de super-estrellas que no se van a aguantar la cultura del apostille, autenticación y cédula al 150%
- Se exacerba la cultura del papeleo, y se enraizan las organizaciones que ya tienen la maquinita de contratación andando, con funcionarios cumpliendo los (profesionales que se dedican a armar sobres de licitaciones, abogados que buscan errores en los papeles que entrega el otro)
- En general, y lo que me parece más grave, perdemos oportunidades de tener soluciones más innovadoras y menos tradicionales a los problemas que necesita resolver el sector público. 
- Los corruptos aprenden a sortear los obstáculos de la burocracia y ganan. No es necesario hacer la lista, pero créanme que los papeles que entregaron gran parte de quienes ahora están en la cárcel estaban muy bien presentados.

Me parece que también hay dos síntomas problemáticos que nos pueden alarmar de la burocracia y papeleos excesivos:

- El amor por el conocimiento detallado del trámite: dícese de aquél que saborea con gusto la explicación que comienza con "no no no, le voy a explicar cómo funciona" y comienza a enumerar los detalladísimos pasos que hay que seguir para finalizar un trámite que de otra manera sería sencillo
- El señalamiento hacia cualquiera que se atreva a criticar la norma: esto es cuando alguien encuentra una forma más eficiente de cumplir un requisito pero su interlocutor abre los ojos y le indica que eso que está diciendo no es legal, no cumple con los requisitos y no debería criticarse porque eso es corrupción. 

A mí me parece que las soluciones a la corrupción, el mal manejo de las contrataciones y el cumplimiento de requisitos debería buscarse de otra forma. La lista de seis cosas que sugiere el Banco Mundial parece ser la más completa:

1- Pagarle bien a los funcionarios públicos: no necesita tanta explicación, pero sí es difícil de lograr - si excluimos a quienes se autodeterminan sus salarios en esferas superiores del gobierno nacional.
2- Crear transparencia y ser abiertos sobre los gastos de gobierno. A esto le tienen mucho miedo en el gobierno: el SECOP es un paso gigantesco que nos ayuda a avanzar, pero debemos seguir ejemplos como el de la Gobernación de Nariño que muestra cada detalle de los gastos de su departamento y crea una transparencia total y menos dudas (y, al final, menos papeleo). En las entidades de gobierno aún no caen en cuenta que la transparencia de sus procesos les reduce su tiempo de trabajo por el simple hecho de reducir la necesidad de responder derechos de petición con información que podría estar en una página de FAQ de su entidad.
3- Reducir la burocracia: menos pasos para lograr lo mismo. Los SIMIT de Bogotá, los Pasaportes en Cancillería han seguido algunos pasos para mejorar sus procesos increíblemente.
4- Reemplazar los subsidios distorsionantes con transferencias dedicadas: esto es más complicado
5- Establecer convenciones internacionales: Esto podría ayudarnos a permitir que, por ejemplo, quienes sepan diseñar estaciones de metro de Bogotá participen en los concursos de ideas que se lanzan sin tener que recurrir a niveles interminables de apostille y traducción oficial
6- Tener más tecnología inteligente: Esto es ridículamente sencillo, si se pasa la larga y compleja etapa de pre-procesamiento de datos e información existentes. El SECOP y el SISJUR son bonitos ejemplos de cómo algo muy complejo ahora es mucho más sencillo de lograr.

Si siguiéramos pasos como esos, podríamos gastar menos tiempo en preparar papeles inútiles, buscando errores en los procesos de licitación de los demás, y concentrándonos en proponer cosas más interesantes para el mejoramiento de nuestra sociedad. Pero de pronto nos da miedo.

Respuestas al Debate (1)

Henry Castro Gerardino

04 de Junio

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Estimado profesor (permítame llamarlo así) que bueno tenerlo comentando asuntos de tanto interés, pero permítame preguntarle algo, que por obvio n...+ ver más

Estimado profesor (permítame llamarlo así) que bueno tenerlo comentando asuntos de tanto interés, pero permítame preguntarle algo, que por obvio no es menos importante, pensó en las personas que licitan? Porque aquí, miles de personas figuran como beneficiarios de ayudas y resulta que están muertas (Sisben). Cientos de personajes acreditan conocimientos que no tienen (licitaciones). Decenas configuran empresas de papel un mes antes de la licitación y, por último, unos cuantos consiguen jugosos contratos para estudios que nada aportan (Springer). Pero sin duda que su aporte es valioso y nos vendría muy bien discutirlo y, mejor, llevarlo a la práctica.