Las sillas rosadas no cambian el machismo

¿Cómo se logrará explicar a los hombres que deberán ceder su silla, no como un acto de cortesía,  sino porque la norma cree que son una potencial amenaza para las mujeres? 

Andrea Bocanegra
Andrea Bocanegra
Asesora concejo de Bogotá
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11 de Diciembre de 2017

Este domingo en la plenaria del Concejo de Bogotá fue aprobado el proyecto de acuerdo en el cual se establece que las sillas rojas de los buses de Transmilenio serán de uso preferencial para las mujeres en horas pico y prioritario en horas valle.

Es decir, los hombres deberán ceder su silla en el sistema independientemente de la edad de la mujer.

Los casos de acoso sexual registrados en el sistema en los últimos años animaron al concejal Marco Fidel Ramírez a presentar la iniciativa, que fue aprobada sin el apoyo de la administración distrital, pero con 21 votos a favor y 11 en contra.

Solo en 2015 y 2016 se registraron tres casos de acoso sexual en Transmilenio y según cifras de la policía metropolitana en este mismo periodo fueron presentadas más de 1.157 denuncias por delitos como lesiones personales y hurtos contra la mujer cometidos dentro del sistema.

Sin embargo, muchos se preguntan si en efecto la medida logará responder a las causas estructurales del problema, que para algunos tienen que ver con las pésimas condiciones del servicio y para otros es un asunto comportamental ligado a una cultura machista.

La secretaría de la mujer no apoyó el proyecto al considerar que este tipo de medidas no logran su objetivo sino que refuerzan los estereotipos de género enviando mensajes a los usuarios de la vulnerabilidad femenina y no centrando sus acciones en el respeto de las mujeres por ser sujetas de derechos.

Otros cuestionan si este tipo de medidas lograrán tener un efecto positivo y combatir de manera efectiva la violencia contra las mujeres en el espacio tanto público como privado.

Para el concejal Juan Carlos Flórez, concejal para el que trabajo,  el desafío que tenemos hoy los bogotanos tienen que ver con un cambio de comportamiento; “A lo que tenemos los hombres que abdicar es a determinados comportamientos. El desafío de fondo es el cambio de actitud. Y ahí el actual gobierno ha incumplido una promesa. La alcaldía prometió que promovería nuevas masculinidades pero de eso nada se ha visto”.

En otros países donde medidas similares han sido implementadas no se vieron resultados. En 2012 en México se decidió asignar dos vagones de cada tren, en el Metro, como exclusivos para mujeres, y aunque la medida de separar a hombre y mujeres en el uso del transporte público tenía como objetivo mantenerlas seguras, no tuvo un efecto positivo sobre las cifras de abuso sexual.

Además de los desafíos adaptativos asociados a cambios de comportamiento hay elementos técnicos que deber ser atendidos, como lo son las condiciones poco dignas en las que viajan los usuarios de Transmilenio desde hace ya varios años.

De acuerdo con los resultados de la más reciente encuesta de percepción ciudadana de Bogotá como vamos, el 81 por ciento de los usuarios se siente insatisfecho con el servicio de Transmilenio y el 60 por ciento piensan que el servicio ha empeorado.

En los últimos años, alrededor de 800 mil nuevos usuarios se han subido al sistema sin que ingrese nueva flota a circular. En horas pico viajan alrededor de 10 usuarios por metro cuadrado cuando los estándares internacionales establecen que no deben ser más que 5.

Queda la duda de cómo se garantizará el cumplimiento de la medida. ¿Cómo se logrará explicar a los hombres que deberán ceder su silla, no como un acto de cortesía, sino porque la norma cree que son una potencial amenaza para las mujeres?

Ojalá que lo que hoy se propone no genere más violencia, en un sistema en el cual la intolerancia crece cada día más. Las estrategias pedagógicas de la administración tendrán que ser contundentes pues deben estar orientadas a la generación de un cambio comportamental en el cual se ataque el machismos y la violencia en contra de la mujer y no se exacerbe la confrontación entre hombre y mujeres. 

Comentarios (1)

Gilberto Ramirez Espinosa

09 de Enero

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Claramente la medida es absurda, ademas de ridicula, más si se hace en terminos exclusivos de "violencia contra la mujer" y no de "violencia" en general. De lo contrario es criminalizar a los hombres y victimizar a las mujeres: en últimas, una pedagogía de la histeria, como bien lo denuncia Wendy McElroy. Suficiente tenemos con tonterías como lo del cambio de "Bogotá para todos y todas".

Claramente la medida es absurda, ademas de ridicula, más si se hace en terminos exclusivos de "violencia contra la mujer" y no de "violencia" en general. De lo contrario es criminalizar a los hombres y victimizar a las mujeres: en últimas, una pedagogía de la histeria, como bien lo denuncia Wendy McElroy. Suficiente tenemos con tonterías como lo del cambio de "Bogotá para todos y todas".