Habitantes de calle: No, Sí

Como insistía el padre Javier de Nicoló “hay que hacer la calle poco atractiva para que los habitantes de calle acepten los programas que ofrece el Distrito”.

Hugo Acero
Hugo Acero
Experto en seguridad y convivencia
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23 de Agosto de 2016

Quién no ha oído desde la época de nuestros abuelos que la solución a los habitantes de calle es que el Estado los “recoja y los lleve a granjas para tenerlos allí encerrados, educarlos, enseñarles a cultivar y resocializarlos para luego retornarlos a las ciudades como buenos ciudadanos”. Sin embargo, esto es posible si ellos  aceptan ir de manera voluntaria a estos lugares, no se les puede obligar a aceptar ningún programa que implique internarlos.

Se le puede pedir a la Corte Constitucional que revise la sentencia que establece que “no se puede obligar a ningún habitante de calle a ser trasladado a las unidades de atención institucionalizada”, pero a este organismo le va a quedar muy difícil modificarla, en la medida en que implicaría desconocer el poder de decisión y los derechos de más de diez mil ciudadanos habitantes de calle, solo en Bogotá.

En este caso, al Distrito solo le queda el camino de seguir insistiendo en las ofertas de atención social, a través de la Secretaría de Integración Social, IDIPRON, ICBF y Salud porque este es un problema grave de salud mental. Igualmente, debe afinar una estrategia de atención y control con la participación de la Policía, con base en la Sentencia 720 de 2007 de la Corte Constitucional y el nuevo Código de Policía, orientada a proteger a los ciudadanos habitantes de calle y a prevenir hechos de violencia y delincuencia.

Como insistía el padre Javier de Nicoló “hay que hacer la calle poco atractiva para que los habitantes de calle acepten los programas que ofrece el Distrito” y para esto se requiere oferta social y control de las autoridades de policía. Un trabajo que debe hacerse todos los días, meses y años hasta que de manera progresiva los ciudadanos habitantes de calle decidan acogerse a los programas de resocialización y desintoxicación que ofrece el Distrito.

En esta primera etapa es importante considerar la posibilidad de atender a los habitantes de calle cerca de los sitios donde están actualmente, se deben desarrollar programas de consumo no conflictivo, desescalar el uso de sicoactivos de alta dependencia con otras drogas e involucrar a las comunidades en la solución de los problemas.

En materia de los grupos criminales que “instrumentalizan” a los ciudadanos habitantes de calle, los famosos “sayayines”, son solo el tercer o cuarto nivel del microtráfico. En este campo, es necesario desarrollar una estrategia de investigación criminal e inteligencia entre la Policía, la Fiscalía y la DIAN para atacar estructuras criminales mayores, que pasan por los famosos ganchos y llega a quienes de verdad manejan el narcotráfico en la ciudad. El centro de la ciudad es solo un sector donde se expende gran cantidad de drogas.

Este grave problema, que no es microtráfico sino narcotráfico, no es posible combatirlo adecuadamente en la ciudad si no se tiene en cuenta los zonas del país desde donde se produce y transporta la droga, las organizaciones criminales que lo hacen, cómo ingresa a la ciudad por las principales vías de acceso, terminal de transporte, central de abastos, cómo se distribuye y almacena y finalmente cómo una parte de exporta y otra se vende al menudeo en la ciudad.