Diseñar campo y ciudad (parte II)

Parte I:  Vamos inexorablemente camino a ser como Ciudad de México o Sao Paulo? Visionar nuestras ciudades y nuestro país desde el punto de vista urbano es una necesidad urgente que no podemos seguir aplazando.  Nuestro gran reto será re-pensar nuestras ciudades para darle a la discusión nuevos aires que nos ayuden a resolver nuestros problemas en el largo plazo.

Felipe van Cotthem
Felipe van Cotthem
Arquitecto
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04 de Septiembre de 2017

Visionar nuestras ciudades y nuestro país desde el punto de vista urbano es una necesidad urgente que no podemos seguir aplazando.  Nuestro gran reto será re-pensar nuestras ciudades para darle a la discusión nuevos aires que nos ayuden a resolver nuestros problemas en el largo plazo.

Ciudad? Campo?.  Muchos hablan del triunfo de las ciudades y cómo la ciudad es el producto estrella del siglo XXI.  Cada vez más gente viene a las ciudades, estas ofrecen las mejores oportunidades y posibilidad de producir el mayor índice en el PIB de un país y la región o se convierten en puertos de oportunidad en la escena global. 

Es peligroso difundir estos argumentos sin antes echar una mirada crítica a lo que entendemos como ciudad.  Entonces deberíamos entender el desarrollo de manera inclusiva sin olvidar territorios enteros que no encajan dentro de la idea preconcebida de ciudad o simplemente ampliar nuestro concepto de ciudad.

Muchos temas un solo problema.  Para resolver cualquier problema es esencial definirlo primero. Si estamos de acuerdo en que los temas actuales en discusión, como si se redefine la Reserva van der Hammen, si se desarrolla la ciudad al Norte o al Occidente, si a la Autopista Norte se le construyen más carriles, si va o no la troncal por la Carrera Séptima o si el metro si es elevado y por la Caracas, si se incrementa o no la altura de nuevos edificios, si la región Sabana es o no conveniente políticamente, si los bogotanos debemos recibir nuevos habitantes o no, no son el problema en sí mismos sino síntomas entrelazados de una enfermedad grave que es la falta de una visión de campo y de ciudad y la indefinición de la forma como queremos crecer, entonces nuestro verdadero problema consiste en definir con qué patrón de crecimiento quisiéramos desarrollarnos. 

Este implicaría definir el tamaño de la ciudad, su relación con el campo y la naturaleza y por último pero no el menos importante definir la forma urbana como algo predecible y que cualquiera puede conocer y entender en cualquier momento.

La elocuencia del silencio.  Hay un desbalance en el tiempo y energía que invierten autoridades estatales y profesionales para visionar campo y ciudad:  mucho tiempo y energía en la resolución de problemas urbanos de la ciudad y muy poco tiempo y energía visionando desde el punto de vista urbano el campo.  Sería interesante aplicar una de las enseñanzas del Tao Te Ching cuando decía:  ¨11.  Treinta radios se unen en una rueda.  Pero su utilización también depende del espacio vacío entre los radios.  Hacen los vasos de arcilla.  Pero su utilización depende del espacio vacío que hay en éstos.  Hacen paredes, puertas y ventanas en una casa.  Pero su utilización también depende del espacio vacío que hay en ésta.  Así es como se relaciona la utilidad de los objetos con el espacio vacío.¨

Continuum urbano.  El campo y la ciudad no comienzan y terminan con una línea, por el contrario hay un continuum que hace casi imperceptible la transición de uno a otro.  Pasa lo mismo cuando en la playa uno se adentra en tierra firme:  cambia en primer lugar la cantidad de agua, el suelo, la topografía y accidentes, la vegetación, el clima, la gente y sus costumbres; cambia continuamente pero de manera imperceptible a tal punto que es difícil decir dónde comienza uno y dónde termina el otro.

Bajo estas consideraciones, las discusiones de los temas actuales mencionados deberían entenderse de manera distinta, o en otras palabras, la identificación del problema bajo estas consideraciones implicaría otro tipo de soluciones, que a continuación paso a enumerar:  deberíamos empezar por cambiar la manera como se están haciendo las normas urbanas que cada día pertenecen más a los políticos de turno y abogados y menos a los mismos ciudadanos. 

Nuestros legisladores deberían hacer normas que produzcan ciudades predecibles que no permitan el oportunismo de políticos de turno.  Nuestro país debería frenar la llegada de población a su capital fomentando el poblamiento de otras ciudades ya existentes en territorio nacional.  Los municipios, las entidades regionales y nacionales deberían limitar el tamaño físico de nuestras ciudades ya sea con reservas o con bancos de tierra. 

Nuestro Departamento de Planeación Nacional debería fomentar la creación de nuevas ciudades estratégicamente ubicadas en todo el territorio colombiano como una política de Estado.  Nuestros políticos deberían implementar y definir con claridad y con los profesionales idóneos dentro de sus campañas, políticas de gobierno como la construcción de las 100,000 viviendas como un medio para hacer ciudades nuevas donde además de vivir esté implícito el tema del empleo, el ocio, la interacción social entre otros. 

Así mismo estos mismos políticos deberían entender la construcción de la nueva infraestructura de las Autopistas 4G como corredores a lo largo de los cuales se emplaza una red de nuevas ciudades estratégicamente ubicadas o simplemente se ubican poblados ya existentes que merecen una cara urbana con andenes, ciclo-rutas, puentes y plazoletas.

Si en lugar de enfocarnos tanto en resolver cómo recibir a x millones de habitantes en Bogotá en los próximos años echáramos una mirada desde un punto más alto, seguramente el deseo de vivir en Bogotá decrecería y volvería a ser muy atractivo decir me siento orgulloso de vivir en el campo.

Finalmente y como punto de partida de futuras reflexiones deberíamos comenzar por visionar nuestro territorio, de manera distinta, más íntegra y visible para todos.