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Del dilema del tranvía al dilema electoral

Hay un tranvía desbocado y de nosotros depende detenerlo o dejarlo seguir. ¿Un clásico experimento mental de ética o la realidad a la que pronto nos enfrentaremos los votantes?

Juan David Garcia
Juan David Garcia
Profesor Universidad Nacional de Colombia
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30 de Mayo de 2018

 

El Dilema del Tranvía es un problema ético que ha sido ampliamente debatido desde que fue planteado en su forma más conocida en 1967 por Phillipa Foot. Podemos resumir el problema de la siguiente manera:

Un tranvía corre fuera de control en una vía sobre la cual un filósofo malvado ató a cinco personas. No hay manera de detener el tranvía o desatar a las personas a tiempo, pero sí es posible accionar la palanca que lo desvía hacia una vía secundaria. El problema es que en esa segunda vía también hay una persona atada. Hay dos y unicamente dos opciones:
  1. No hacemos nada y dejamos que el tranvía mate a las cinco personas.
  2. Accionamos la palanca, salvando a las cinco personas pero condenado a una.

 

El dilema del tranvía en su versión original. Imagen cortesía de  John Holbo: .

 

¿Qué debemos hacer entonces?

 

Cuando se plantea de esta forma, la respuesta más común es la segunda: Lo correcto es accionar la palanca y salvar la mayor cantidad de vidas.  Existen interesantes variaciones que alteran las respuestas, e.g. la persona en la segunda vía es el hijo del guarda que debe accionar la palanca o en la segunda vía está el villano responsable de atar a las cinco personas. Una versión particularmente perturbadora del problema es esta:

Desde un puente vemos como un tranvía fuera de control se dirige hacia cinco personas atadas a la vía. A nuestro lado hay una persona extremadamente alta y corpulenta... lo suficientemente corpulenta como para detener el tranvía. Nuestras opciones son entonces:
  1. No hacer nada y permitir que el tranvía mate a las cinco personas
  2. Empujar a la persona corpulenta a las vías (y a una muerte segura) para lograr que se detenga el tranvía, salvando a las cinco personas.

El dilema del tranvía en su segunda versión. Imagen cortesía de John Holbo:

¿Qué debemos hacer? Para un filósofo utilitario las dos versiones del problema y sus soluciones son idénticas: En ambos casos se debe escoger una muerte contra cinco. Aún así, la mayoría de las personas escogemos la inacción en la segunda versión del problema, es decir, adoptamos la visión deontológica o de deber: Empujar a un desconocido a su muerte no es ético, independientemente de las consecuencias de no hacerlo.

Hay quien critica la utilidad de estos ejercicios mentales al considerarlos poco realistas. Sin embargo, en diversas situaciones es posible que nos den pistas del comportamiento de las personas. Cito dos ejemplos.

 

Caso 1: Francia 2002

Las elecciones presidenciales en Francia siguen un modelo similar al colombiano: Hay una votación directa y,  si ningún candidato consigue una mayoría absoluta, se realiza una segunda vuelta entre los dos candidatos con mayor votación. Este sistema ha permitido que el Front National de los Le Pen, un partido político xenófobo y populista de extrema derecha, haya llegado a la segunda vuelta presidencial en dos ocasiones. Recuerdo como en 2002 al preguntar a amigos y conocidos franceses si votarían por Jean-Marie Le Pen o por el derechista y muy cuestionado Jacques Chirac, la respuesta de todos era idéntica: Con una mano se tapaban la nariz y con la otra hacían el gesto de depositar un voto en la urna mientras murmuraban de mala gana "Chirac".  En 2017 se repitió una situación similar entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Las victorias de Chirac y de Macron  se pueden ver en cierta medida como resultado de una lectura utilitaria del dilema por parte de los electores:

"Independientemente de la propia visión, se debe actuar conforme a lo que beneficie a la mayoría".

 

Caso 2: EEUU 2016

Las elecciones presidenciales de EEUU en 2016 se caracterizaron tanto por la baja votación del ganador (Donald Trump fue elegido con tan solo 62'984,828 votos, muchos menos de los 69'498,516 conseguidos por Barack Obama ocho años antes) como por la mínima diferencia con respecto a su contrincante, Hillary Clinton.  Algunos analistas han señalado a posteriori que los electores indecisos, particularmente los que no pertenecían a los partidos tradicionales, al ejercer su derecho al voto en blanco o a no votar. Este grupo, a pesar de no simpatizar o incluso estar abiertamente en desacuerdo con Trump,  prefirio no votar por un candidato cuestionado e impopular (Clinton) a pesar de saber que su decisión tendría consecuencias nefastas sobre diversos grupos "amarrados a las vías" (inmigrantes, mujeres o miembros de la comunidad LBGTI, por citar algunos).   Estos votantes interpretaron las elecciones como la segunda versión del problema:

"No se debe actuar en contra de los principios, independientemente de las consecuencias".

 

Conclusiones

 

En menos de tres semanas los colombianos elegiremos libremente votar por uno de los dos candidatos, votar en blanco o simplemente no votar. En la resaca electoral de la primera ronda, enfrentados a un dilema que no escogieron,  muchas personas consideran el voto en blanco como la única opción razonable y eticamente solida. Es posible, pero es importante recordar que en este caso el voto en blanco no es simplemente un acto simbólico o rebelde: Es una decisión con consecuencias reales... y el tranvía se sigue moviendo.

Comentarios (1)

FERSAR

01 de Junio

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No esperaba verte el La Cachaca, que bueno. Interesante reflexión...espero ve...+ ver más

No esperaba verte el La Cachaca, que bueno. Interesante reflexión...espero ver tu análisis del desenlace.