Bogotá en el Posconflicto

Para pensar en una ciudad en la era del posconflicto debemos comenzar por proyectar -por lo menos- estas variables básicas, para entender su dimensión y, con base en eso, avanzar en un verdadero plan postacuerdo 

Luis Guillermo Plata
Luis Guillermo Plata
Presidente ProBogotá Región
170 Seguidores107 Siguiendo

0 Debates

32 Columnas

Columna

98

0

09 de Marzo de 2017

Con el desarme y desmovilización de los guerrilleros de las Farc en las zonas veredales de concentración establecidas en los acuerdos de La Habana, vale la pena preguntarnos ¿qué sucederá en Bogotá en el posconflicto? He participado en páneles y escuchado muchas discusiones sobre el particular y existe consenso sobre la necesidad de que la ciudad le apueste a temas como la inclusión social, la sostenibilidad ambiental, el ordenamiento territorial y la consolidación de la ciudad-región en esta nueva etapa. Sin embargo, no es claro por qué nos referimos al contexto del posconflicto o a la paz para finalmente resolver problemas que han existido de tiempo atrás que no son necesariamente intrínsecos al conflicto y que han debido solucionarse hace rato.

Pero, más allá de la deuda histórica con la solución de los principales problemas del país, debemos comenzar a analizar cómo afecta el posconflicto a Bogotá porque, según averigüé en el DNP y con algunos negociadores, no hay ningún documento (o por lo menos no lo conocemos en ProBogotá) que plantee cuáles son los cambios esperados en la Capital en esta nueva etapa. Al parecer hay muchos supuestos y pocos análisis técnicos. Por eso quedan dudas muy grandes: ¿va a haber menor migración de las regiones hacia Bogotá? o por el contrario, ¿habrá gente que se regresará a sus lugares de origen como al Chocó, Nariño, al Cauca o al Meta? ¿Cuál será el impacto demográfico y sus ramificaciones sociales para la Capital?

La última encuesta multipropósito, realizada por la Secretaría de Planeación del Distrito y el DANE en 2014, revela que los inmigrantes representan el 32% de la población total de Bogotá, de los cuales un 8% proviene de municipios vecinos, un 88% del resto del país y un 4% del extranjero. Teniendo en cuenta que según Planeación, Bogotá crece anualmente en 150 mil personas, prever qué va a pasar con la migración en el posconflicto revelaría qué variables pueden afectar de alguna u otra manera el crecimiento demográfico de la ciudad, y por lo tanto su planeación.

Reflexionar sobre esto no es menor. Si tomamos como ejemplo el caso mexicano, entre 1995 y el 2000, tres millones de personas salieron hacia Estados Unidos, pero entre 2005 y el 2010, un total de 1.4 millones de mexicanos volvieron a su país, principalmente por la crisis económica y los cambios en las políticas migratorias. La situación de Bogotá, lógicamente en una menor escala podría ser similar. De ser así ¿Cómo debemos enfrentar estos cambios poblacionales?

Podemos ir más allá, ¿qué tal si por el contrario llegan nuevos migrantes a Bogotá? ¿Quiénes llegarían? ¿Serían desmovilizados? ¿Cuántos? ¿Con qué perfiles? ¿Con qué destrezas o falta de ellas? Se plantean así otros retos que se deben afrontar, sobre todo en cuánto a las políticas de reintegración social y económica. ¿Los vamos a capacitar? ¿En qué? ¿Dónde se podrían ubicar laboralmente? Vale la pena que comencemos a pensar en todos estos temas con miras, sobre todo a prevenir la reincidencia en delitos de estas personas.

Para pensar en una ciudad en la era del posconflicto debemos comenzar por proyectar -por lo menos- estas variables básicas, para entender su dimensión y, con base en eso, avanzar en un verdadero plan postacuerdo que vaya más allá de los problemas habituales que hemos debido resolver en gran medida hace años, enfocándonos sobre cuáles serán los grandes retos que para la ciudad genera este momento y cómo debemos asumirlos, así como las nuevas oportunidades que debemos capitalizar.