Bogotá, ciudad anfibia

Nadie duda de la importancia de los cerros en la identidad bogotana. Pero Bogotá también es agua a pesar del trato degradador que le hemos dado... 

Stefan Ortiz
Stefan Ortiz
Economista
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30 de Diciembre de 2017

Un elemento clave de la identidad bogotana son sus cerros orientales. Ese “telón de fondo” omnipresente, dibuja el paisaje urbano y le da un tono verde sin el cual la ciudad cementada sería una triste mancha gris sin horizonte. Nadie duda de la importancia de los cerros para Bogotá y para la identidad de sus habitantes. Son punto de referencia y de orgullo.

Cerros orientales de Bogotá. Ilustración: Diego Rueda

 

Con todo, a los cerros los hemos podido proteger con dificultad. De norte a sur están invadidos de canteras, minería, barrios no-planeados de todos los estratos, deforestación, desiertos de pinos y eucaliptos. En nuestra cotidianidad afanada olvidamos levantar la mirada hacia los cerros, contemplarlos y procrastinar con ellos. De repente, se volvió moda subir a caminar sus quebradas y cascadas, más allá del tradicional sendero a Monserrate, nos acordamos de la belleza y la tranquilidad de fácil acceso. Pero también abusamos de ellas, trasladamos los trancones de carros, buses y humo negro y los convertimos en trancones de gente que pisotean los senderos en el afán por reconectarse con algo de verdor. Afortunadamente, los grupos y colectivos que durante años han monitoreado y cuidado esos espacios, han logrado con esfuerzo mantener una cierta consciencia y una gobernanza de los cerros aplicando conceptos como la capacidad de carga. Sin la acción colectiva organizada la situación estaría fuera de control. Especialmente si sólo dependiéramos de las administraciones distritales, generalmente indiferentes e ineficientes.

 

En Colombia, la capacidad de autoorganización y autogestión de la gente es muchas veces la única esperanza para lograr ciertos equilibrios.

 

Pero no basta, la debilidad del Estado y la codicia de algunos logra dejar cicatrices dolorosas, sin que se sepa con claridad quién fue, por qué lo hizo, cómo lo hizo y qué se puede hacer para deternerlo. ¿Cómo llegó esa cantera aquí? A la vista de todos, descaradamente, como escupiéndole en la cara a Bogotá.

 

Fotografía: revista Semana

 

Además de los cerros, otro elemento de la identidad bogotana es el agua. Pero a ésta le hemos dado un trato diferente, degradador e irrespetuoso. Bogotá es agua: humedales, quebradas, ríos, lluvia, charcos, lagos. Incluyendo los humedales convertidos en basureros, el río convertido en cloaca, las quebradas llamadas caños, la lluvia despreciada. 

 

¿En qué momento transformamos un territorio de agua en esto? ¿Cuándo?, ¿a quién?, ¿por qué se nos ocurrió que las quebradas que atraviesan a Bogotá eran mejor canalizadas y convertidas en botaderos de basura?

 

 

Fotografías: 

 

Incluso en el estado en el que están, las quebradas y ríos con sus aguas contaminadas, de a ratos tienen aires de belleza y reflejos de lo que podrían aportar a la ciudad en estética, calidad de vida y armonía social y ecológica. Dejamos de mirar, en nuestra cotidianidad, a estos ríos vivos a pesar del maltrato. Negamos nuestra identidad anfibia. Pero ahí siguen mostrando el potencial de construir una ciudad rodeada e integrada con el agua, a la espera de algún gobernante y de alguna acción colectiva decidida que rescate a los ríos y quebradas bogotanas. Acciones que las vuelvan a hacer parte de la identidad y de la vida diaria de sus habitantes, y las valore por su función sociocultural y ecológica.

 

Fotografías: Civico

ío_Arzobispo

 

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