Por Carlos Hernández Osorio · 13 de Septiembre de 2017

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Después de un año de trabajar con la alcaldesa de La Calera, Ana Lucía Escobar, en la propuesta para construir un enorme parque en ese municipio alrededor del embalse San Rafael, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, tuvo que bajarle la velocidad al proyecto para que su equipo se sentara a negociar con los vecinos.

Ya le cambió el nombre de Parque El Rocío, como él quería, a Parque San Rafael, como siempre se ha pensado que se llame. Pero la discusión de los líderes políticos y sociales que presionaron para que los escucharan es más de fondo, y piden que les resuelvan dudas sobre las consecuencias económicas y ambientales, además de que les tengan en cuenta sus propuestas.

De ahí que esté por verse si Peñalosa logra ejecutar el proyecto como lo ha propuesto y soñado desde hace años, o termina cediendo en algunos puntos en aras de dejar habilitado este espacio para el ocio, que costaría 300 mil millones de pesos y sería 10 veces más grande que el Simón Bolívar.

El cambio de tono

La construcción del parque es un compromiso que adquirió el Acueducto de Bogotá en 1992 para compensar a La Calera, luego de que el antiguo parque conocido como San Rafael, que funcionó 22 años, fue inundado para llenar el embalse que hoy surte de agua al 70 por ciento de Bogotá.

No se trata, entonces, de una idea de Peñalosa, pero él sí tiene una obsesión con llevarla a cabo y ha dicho que sueña con esa obra desde los 80, cuando trabajaba en el Acueducto. En 2015 retomó la propuesta en campaña con ideas gruesas como poner a funcionar un cable aéreo y senderos entre el embalse y Usaquén, y cinco días después de ganar las elecciones se reunió con Escobar, la alcaldesa electa de La Calera (también avalada por Cambio Radical), para hablar del tema.

Ella no había ondeado el parque como bandera de campaña, le dijo a La Silla Cachaca, pero se montó en el bus al ver que Peñalosa quiere hacerlo y porque en su pueblo han visto que Bogotá ha venido aplazando el pago de esa deuda.

Tras el apoyo que este año le dio la alcaldesa al parque y la constante publicidad que le hacía Peñalosa en sus redes sociales, en La Calera la gente empezó a pedir explicaciones y que la tuviera en cuenta. Además, comenzaron a surgir dudas por un posible daño ambiental (en la zona convergen las reservas de El Sapo y de los cerros) que incluso llevaron a algunas personas a comparar en medios este caso con el de la reserva Van der Hammen.

“La comunidad se ganó a codazos el espacio para dar a conocer su postura”, nos dijo Herminia Cristancho, de la Veeduría para la cuenca alta del río Bogotá.

Así, en mayo llegó la primera socialización, que estuvo a cargo, entre otros, del arquitecto Fernando Montenegro, que está al frente del proyecto y asesora a Peñalosa en el POT. Las dudas aumentaron.

Ya no solo se habló del cable, sino de parqueaderos, pistas de skate; circuito no solo para bicicletas, sino para buses turísticos; anfiteatro para conciertos, piscinas alrededor del embalse, un hoyo soplador, esculturas sumergidas que se vieran cuando bajara el nivel del agua, restaurantes.

“Nos mostraron una cosa dura e invasiva con el medio ambiente”, le dijo a La Cachaca Laura Camargo, de la Asociación de Vecinos Camino al Meta. “Fuera de eso la gente preguntó cómo participaría económicamente de la explotación del parque, y le respondieron que por medio del trabajo en restaurantes y en la limpieza. Eso generó mucha incomodidad y la reunión, en la que no estuvo la Alcaldesa, terminó en pelea”.

Ahí comenzó el ruido en medios y en redes sociales, así que Bogotá optó por cambiar el tono. De hecho, la nueva Gerente del Acueducto, María Carolina Castillo, cuando se posesionó hace tres semanas fue a La Calera y en una reunión con líderes comunitarios y la Alcaldesa admitió: “el primer paso no lo dimos de la manera correcta, y la tarea es trabajar con ustedes”.

Presentó de nuevo el proyecto, pero con menos cemento (sin estatuas ni piscinas ni buses) y manteniendo los senderos ecológicos, circuitos para bicicletas, huertas, mercado campesino. Finalmente, no hay diseños definitivos, y lo que dice que se presentó inicialmente fue "un diseño conceptual en el que se proponía lo que podría incluirse, pero nada de eso está definido".

Por eso crearon mesas de trabajo para que la gente discuta lo ambiental, jurídico y comercial que le inquiete o que quiera proponer.

Pero ahora no es claro cuánto se tomará ese proceso y si en esa negociación la gente aceptará lo que propone Peñalosa. Como le dijo la líder Laura Camargo a La Silla: “Las mesas demuestran que la gente quiere participar, pero si no los tienen en cuenta, eso se va para atrás”.

Y Peñalosa, por su parte, por medio del Acueducto necesita firmar rápido con la Alcaldía de La Calera un convenio que le permita seguir adelante y comprometer la plata para comenzar a hacer obras.

Lo que falta resolver

Peñalosa tiene a favor que cuenta con la venia de la Alcaldesa y que el Concejo le autorizó endeudar al Acueducto para financiar el parque. Con apoyo político y plata para hacerlo, es un proyecto más viable que los que ha planteado en otros municipios vecinos, como Mosquera.

Pero para avanzar no solo tendrá que negociar con la gente, sino resolver dificultades jurídicas.

Por ejemplo, en 2013, Diego Bravo, entonces gerente del Acueducto de Gustavo Petro, le entregó a la Alcaldía de La Calera en concesión las 40 hectáreas que son del municipio (de las 1.200 que abarcaría el proyecto) para que allá hicieran el parque en ese espacio. Y para Bogotá es necesario reversar esa decisión porque necesitan todo el terreno y porque, además, consideran que la forma como se hizo ese trámite fue ilegal, dado que una concesión no puede entregarse a dedo.

Las dos alcaldías están mirando cómo salirse de ese enredo y firmar un nuevo convenio para que Bogotá comprometa la plata y haga el parque en las 1.200 hectáreas.

Pero la comunidad de La Calera comprometió a su Alcaldesa a no firmar hasta que salgan conclusiones de las mesas de trabajo, y ella aceptó.

Escobar nos dijo que una posibilidad es firmarlo pronto, pero aclarando que se tendrá en cuenta lo que digan las mesas. Para la líder Laura Camargo esa es una posibilidad, aunque líderes como Herminia Cristancho consideran que antes que nada hay que dejar claros otros puntos.

Por ejemplo, si necesitarán modificar alguna reserva declarada en la zona para permitir obras como el cable que iría hasta Usaquén; cuál será el modelo de negocio para administrar el parque y cuántas ganancias recibirá La Calera.

La gerente del Acueducto le dijo a La Silla que tienen planeado trabajar con base en el plan de manejo ambiental que ya tiene aprobado el futuro parque (lo que implicaría no modificar las reservas. En caso de querer hacerlo, tendrían que ir a la CAR y eso demorará más todo).

Y en cuanto al modelo de administración, aceptó que es de los puntos que deben salir de las mesas, pero que propondrán un modelo similar al de Parques Naturales, posiblemente creando una fundación que haga convenios de administración con el municipio. Pero eso no está definido.

También hay dudas sobre cómo se piensa planear la movilidad, pues hoy solo hay una vía de acceso al lugar y es muy estrecha.

Son temas de las mesas, que, como le dijo a La Silla la concejal verde Luisa Fernanda Camacho, aún están muy crudas y no cuentan con la información técnica para comenzar a discutir en serio. “Queremos parque, pero no a las carreras”, agrega Cristancho.

La posición del Distrito es intentar concertar hasta donde lo vea viable. “Creemos que es una oportunidad maravillosa, pero si no lo hacemos no incumpliremos ninguna meta del plan de desarrollo ni se trata de una obligación legal”, remata la gerente.

Comentarios (2)

Urbanista Arrep...

13 de Septiembre

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para ver lo que presento el alcalde de la idea inicial para el parque puede ir a la página de lola landscape y verla http://lola.land/projecten.php?i...+ ver más

para ver lo que presento el alcalde de la idea inicial para el parque puede ir a la página de lola landscape y verla http://lola.land/projecten.php?id=88

dokholord

14 de Septiembre

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La idea principal de estos proyectos es construirlos en concubinato con la comunidad afectada, no llegar a imponerlos con las geniales ideas de un burocrata sentado en un escritorio que desconoce la problemática y las pretensiones de los habitantes del territorio, es la nueva vieja forma de hacer Estado, la idea no es descabellada pero es más fácil de común acuerdo, con beneficios mutuos.

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