Por Carlos Hernández Osorio · 22 de Octubre de 2017

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Mientras responde ante un juez Orlando Fajardo, uno de los empresarios enredados en el capítulo de Odebrecht de Bogotá por el interceptor de aguas Tunjuelo-Canoas, sus dos empresas están a punto de ser sancionadas por la Alcaldía por otro lío. Y justo en medio de eso, cambiaron sus nombres.

Eso ocurrió entre mayo y julio, cuando habían reventado los dos líos. Primero fue Constructora Fajardo Nieto Limitada, que el 4 de mayo pasó a llamarse Construcciones del Siglo 21 y así ya no tiene el apellido de su accionista enredado. Y dos meses después, el 24 de julio, a Seravezza le cambiaron el nombre por Maquinaria e Infraestructura.

Fajardo y su socio Luis Gabriel Nieto siguen siendo dueños por partes iguales en las dos firmas, y ambas tienen que seguir respondiendo por sus contratos y sanciones. Por eso, los líos siguen vivos.

Los enredos

El proceso penal contra Fajardo se debe a que, según la Fiscalía, en 2009 usó su influencia en el Acueducto (del que era contratista hace casi 30 años) para torcer la licitación de las obras del interceptor, un contrato de 243 mil millones de pesos, a favor del consorcio que se la ganó. Ese consorcio era de Odebrecht y Cass Constructores, la firma de Carlos Solarte, que por ese hecho hoy también está a punto de imputación de cargos junto a su hija Paola, y que, como lo contó La Silla, pretende vender su participación en esa empresa para que ésta no salga perjudicada en el proceso penal que él deberá enfrentar.

 

Además, Fajardo habría pagado, indirectamente, una coima de mil millones de pesos a los hermanos Iván y Samuel Moreno Rojas (senador y alcalde del Polo para entonces).

Luego, durante la ejecución del contrato, el consorcio contrató una de las empresas que tiene Fajardo con su socio, Luis Gabriel Nieto.

El otro enredo, que contó La Silla Cachaca, se debe a que Seravezza fue contratada por el IDU, durante la alcaldía de Gustavo Petro, para construir unos parqueaderos y una plazoleta a un costado del Concejo de Bogotá.

Ese contrato terminó costando 11.800 millones de pesos, casi 5 mil millones más de lo acordado inicialmente, y las obras -terminadas a finales del año pasado- comenzaron a fallar desde un comienzo porque la lluvia que caía a la plazoleta se filtraba a los parqueaderos.

La Silla le preguntó hace dos semanas al IDU qué había ocurrido ante las dificultades, dado que, según nos dijeron en el Concejo, todavía hay seis parqueaderos a los que les cae agua.

Hasta el cierre de esta nota no nos habían respondido, pero una fuente que conoce ese proceso nos dijo que el Instituto está escribiendo un informe sobre el presunto incumplimiento, que es el punto de partida para que el Instituto abra un proceso para sancionarlos. Además, agregó que al interventor ya le iniciaron un proceso porque al parecer no le hizo el suficiente seguimiento a las obras.

Sobre los otros tres contratos que tienen Fajardo y Nieto en Bogotá y Cundinamarca, en Tunjuelito terminaron en semanas pasadas la reparación de vías para la que los había contratado la Alcaldía local, donde nos informaron que habían entregado las obras sin contratiempos.

También terminaron hace un mes un contrato para hacer mantenimiento vial en Ciudad Bolívar, y aunque, de acuerdo con la Alcaldía local, terminaron el 99 por ciento de las obras, hubo observaciones sobre el acabado de algunas vías, por lo que les dieron plazo hasta el 15 de noviembre.

Y deben entregar, a finales de octubre, las obras de recuperación de la laguna de Fúquene, que van por su tercera prórroga, aunque en la CAR, que les adjudicó ese contrato por 18 mil millones de pesos, le dijeron a La Silla que los retrasos se deben a las dificultades de clima, como consta en los documentos del proceso.

Falta ver si, con los nuevos nombres de las empresas, pero dos líos andando, la suerte les sonríe a los dos constructores, antiguos poderosos de la contratación en el Acueducto de Bogotá.

CONTEXTO

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