Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 27 de Octubre de 2017

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En una semana en la que ha habido paro de los taxistas, del sector salud, de los indígenas del Cauca y Nariño, de los campesinos del Norte de Santander y de los cocaleros de varios sitios del país, La Silla Académica habló con Claudia Pilar García, profesora del departamento de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana, doctoranda en Comunicación de la UNLP y, quien es coeditora con Juan Carlos Valencia y coautora del libro “Movimientos Sociales e internet”.

Su libro explica el efecto multiplicador que tienen estas nuevas tecnologías y también los riesgos que implican.

La Silla Académica: En su libro se hace énfasis en que internet sirve para convocar y movilizar. ¿Pero sirve para generar cambios como leyes o políticas públicas?

Claudia García: Hay que distinguir entre movimientos sociales y movilizaciones sociales. Lo que caracteriza un movimiento es la comunión de intereses en torno a lograr una transformación social. Debe haber una fuerte identidad entre los que integran el movimiento (según la teoría de Alain Touraine) pero también puntos de encuentro con otros grupos que permita extender la red (según la teoría del sociólogo italiano Alberto Melucci).

En referencia a tu pregunta, las expresiones ciudadanas que son movilizaciones, puede que pongan en escena un sentir colectivo, pero también puede pasar que resulten en acciones sueltas y, por tanto, no generan lo que esperamos de un movimiento social que es la acción política, pero esto no tiene que ver con internet. No digo que un conjunto de movilizaciones no puedan terminar siendo un movimiento.

¿Con que tiene entonces que ver que una movilización trascienda y desencadene una acción política?

CG: Cuando se dio la movilización de los “Indignados” en España, fue cuestión de meses para que en otro lado del mundo, los “Squatter” se tomaran las calles donde está Wall Street en New York, y luego otro grupo de “Indignados” el Zócalo en Ciudad de México. Surgió un movimiento a partir de varias movilizaciones espontáneas

¿Por qué ocurrió eso?

CG: Encontraron una identidad en torno a las promesas sociales incumplidas del capitalismo.

Este inconformismo tiene unos antecedentes. Hannah Arendt identifica el tránsito de la premodernidad a la modernidad con la industrialización que transformó al artesano que antes sabía hacer zapatos en el obrero que apreta la misma tuerca todos los días.

Dicho en otras palabras, se pasó de una economía doméstica a una economía industrial comandada por la política de Estado. En la posmodernidad lo que pasó fue que la economía global se superpuso a las decisiones políticas de los Estados y ese es el punto de convergencia de lucha de esas movilizaciones sociales.

Las consignas así lo expresan: “¿Por qué manda el mercado, si yo no le he votado?”; “Con nuestro dinero se salva a los banqueros, con nuestra unión es la revolución”; “Somos el 99%”.

¿En Colombia se ha visto algo similar?

CG: El movimiento llamado Cumbre Agraria. Se dio después de que las movilizaciones de campesinos en el 2013 construyeran una identidad alrededor de la lucha por la propiedad de la tierra y el uso de las semillas por fuera del oligopolio de Monsanto impuesto por el TLC celebrado con Estados Unidos.

De otro lado, existen movimientos sociales con una larga trayectoria y una perspectiva política muy clara como el Consejo Regional Indígena del Cauca - CRIC- que surgió desde el año 71 y tiene incidencia hasta hoy, es un movimiento de resistencia que reclama los derechos de la comunidad étnica del Cauca, su reconocimiento como pueblo, la pertenencia de la tierra ancestral, las tradiciones y su cultura.

Lo que muestra esto es que detrás de un movimiento social hay una lucha por la reivindicación de algún derecho humano.

Pareciera que internet hubiera sido imprescindible para el alcance que tuvieron las movilizaciones de España, México y Estados Unidos, pero en el libro se critica a autores como Castells por atribuirle a la tecnología esas propiedades ¿por qué?

Internet... sólo es una herramienta más. Y lo más importante de una herramienta es la red humana que hay detrás

Claudia García

CG: Internet y las redes sociales fortalecen la salida a la calle, la expresión y conocimiento de idearios políticos, pues la gente puede saber rápidamente de que se trata algo, pero sólo es una herramienta más. Y lo más importante de una herramienta es la red humana que hay detrás.

Me explico. Durante las movilizaciones contra el autoritarismo que tuvieron lugar en diferentes ciudades del Medio Oriente, y que dio lugar a lo que se llamó “La Primavera Árabe”, el régimen hizo que suspendieran el servicio de internet.

La respuesta de la gente fue recurrir a los taxistas como redes humanas, y no fue que ellos se volvieran informantes para esos efectos, pues los taxistas siempre están informados, lo que hicieron fue aprovechar esto para que la gente se enterara del lugar y hora de las marchas.

Pero no sólo se recurrió a los taxistas, sino a medios en desuso como el fax para transmitir los mensajes. El factor humano es esencial a una movilización más allá de las herramientas que se usen.

En Colombia vemos que las movilizaciones se siguen dando en las calles, a través del bloqueo de vías o la paralización de clases o del servicio de transporte, etc. ¿Esto tiene que ver con el énfasis que hace en el libro en la importancia de internet y las redes sociales como medio de convocatoria pero no, necesariamente, como escenario de lucha?

Internet y las redes sociales así como posibilitan encuentros también los frenan

Claudia García

CG: Yo no creo que nuestras formas de encuentro se reemplacen, hay otras nuevas, que es diferente. La acción política de internet requiere la complementariedad con otros medios.

En los años 80’s la televisión se consideró como el nuevo escenario de la política en vez de la plaza pública pero lo cierto es que las expresiones sociales y las movilizaciones seguirán teniendo lugar mientras haya distanciamiento entre la política y los intereses de la gente. El encuentro es muy importante para construir confianza.

Estamos ante una nueva tecnología. Como ocurrió con el libro que sobrevino al narrador oral, y como ocurre ahora con el formato digital que sobrevino al libro, sin que por eso, éste desaparezca.

Además de lo anterior, internet y las redes sociales así como posibilitan encuentros también los frenan. Yo no soy una defensora a ultranza de los entornos digitales en cuanto no han servido para revertir ejercicios del poder perversos.

¿Tienen un efecto búmeran?

CG: Internet también es un sistema de control social. Con la misma facilidad que las personas se enteran de lo que está pasando y de las movilizaciones programadas, lo hacen los gobiernos quienes además acceden a perfiles completos de sus líderes o participantes, para, posteriormente, en algunos casos judicializarlos.

No hay que olvidar que al igual que los medios masivos de comunicación, las redes sociales también están inscritas en grandes grupos económicos y su uso depende de qué contenidos se posicionan, que es todo el efecto de la Posverdad que estamos viendo por estos días pero que no es un fenómeno singular de este tiempo.

Voltaire decía ya en el siglo XVII que “los periodistas mienten por dos escudos al mes”.

Lo que se mueve en las redes sociales está sometido a la misma lógica de producción según la cual los acontecimientos o mejor las realidades dependen de quien las narre.

¿El uso de la tecnología por cada vez un número mayor de personas implica que éstas participen más en la vida pública?

¿qué es participar? ¿Significa tener conexión a internet y leer?

Claudia García

CG: Estamos viviendo en un mundo dicotómico donde por un lado la tecnología trae enormes beneficios. Yo creo, por ejemplo, que hoy los jóvenes leen más de lo que yo lo hacía en esa época, pero el problema es qué leen y que hacen con lo que leen.

Se calcula que un 90 por ciento de los colombianos tienen acceso a celular y, por ende a internet, y eso genera un sofisma de acción, es decir, una falsa creencia de que hay mayor participación. Pero, ¿qué es participar? ¿Significa tener conexión a internet y leer?

¿Cuáles son las opciones de producir contenido para esas redes sociales en un país donde ni siquiera desarrollamos tecnología de punta?

La idea de Jesús Martín Barbero de que el consumidor es activo, lee e interpreta, es pertinente, pero a la vez es necesario destacar lo que también dice el autor, acerca de las lógicas de producción y el lugar desde el cual se producen los contenidos.

Muchas veces sólo se replican contenidos y ahí se repite el sistema análogo de comunicación en el que la gente es sólo un receptor de información.

¿Podría decirse que con la Ola Verde que hizo pensar a muchos que Antanas Mockus podía llegar a la presidencia en 2010 se dió lo que usted llama ‘un sofisma de acción’?

CG: Yo me aventuro a decir que Mockus tenía mucha gente joven que lo quería y lo acompañó en el proceso de discusión en redes sociales pero, o no tenía la edad para salir a votar, condición que no es muy perceptible en el mundo virtual, o no tuvo el compromiso político que se requería para haber traducido esa presencia en redes en votos.

¿Pero entonces no ha implicado internet ningún beneficio para los movimientos sociales?

CG: Creo que no estamos frente a un momento de completo optimismo ni tampoco apocalíptico. El problema no es el formato sino lo que hacemos en el formato.

Estoy convencida de que internet es una herramienta que puede ser valiosa cuando es usada por los colectivos que necesitan ser visibilizados. Internet ayuda a que los movimientos sociales no estén solos, aunque esa misma herramienta sirva para hacer control social.

¿No le parece que ese uso positivo es aún más limitado cuando los grupos con mayores demandas sociales son los que menos tienen acceso a la tecnología?

CG: El estudio de caso presentado en un capítulo del libro, por Irene Vélez y Francia Márquez, sobre el uso de las comunicaciones y el internet por parte de las comunidades afrodescendientes, específicamente del Consejo Comunitario de La Toma en el Alto Cauca, muestra que sí tiene limitaciones pero también una enorme potencialidad.

Hay desconocimiento de la forma como funcionan esas tecnologías, falta de acceso a un computador o a internet, poca familiaridad con los medios escritos dada la fuerte tradición oral, e inseguridad en los lugares donde se produce la información.

Todavía prefieren las reuniones cara a cara para evitar la fuga de información, dada la presencia de grupos armados y el riesgo de ser seguidos mientras recorren el camino para llegar al sitio donde hay conexión, o el de ser chuzados o identificados.

Garantizar la accesibilidad y la pedagogía del uso de internet ... acorde con la cultura de las comunidades más invisibilizadas ... debe ser un tema de política pública.

Claudia García

Pero aún con esas barreras, las comunidades negras han encontrado que internet no sólo les ha posibilitado conocerse, saber que no están solos y aunar esfuerzos, sino que también es un mecanismo de salvaguardia para visibilizar situaciones locales a nivel nacional e incluso internacional, que no se conocerían de otra forma.

La comunidad dice que gracias a eso, el río Ovejas sigue corriendo por su cauce pese a los intentos de ser desviado y se mantienen en el territorio pese a las retroexcavadoras, los ejércitos ilegales y las órdenes de desalojo del Gobierno, que denuncian que ha titulado más del 90 por ciento del territorio a empresas transnacionales y personas foráneas.

Subir documentales a internet y estar comunicados por skype han sido parte de la estrategia.

Garantizar la accesibilidad y la pedagogía del uso de internet y de las nuevas tecnologías, de una forma además acorde con la cultura de las comunidades más invisibilizadas y que están en lugares apartados del país, debe ser un tema de política pública.

¿Y cómo se explica esto en medio de tanta escasez?

CG: “La clave es que haya una fuerte cohesión entre la gente, si no lo hay, la técnica por buena que sea no sirve de nada”.

 

 

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