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Jueves Septiembre 18, 2014

Este domingo, el Concejo de Bogotá aprobó el presupuesto para 2013 por 13 billones de pesos, pero, más allá de la noticia oficial, en la sesión plenaria quedó en evidencia un resquebrajamiento de las relaciones entre parte de la bancada progresista y la administración del alcalde Gustavo Petro.

Resulta que cuando todo indicaba que el presupuesto sería aprobado sin cinco artículos clave para Petro -entre ellos uno que le iba a permitir crear el banco para los pobres y otro que le otorgaba facultades extraordinarias en caso de declaratoria de estado de excepción- la bancada progresista comenzó a salirse del recinto. Para el momento de la votación, la concejal progresista Diana Alejandra Rodríguez dijo en micrófonos que ella se quedaba porque no estaba dispuesta a aceptar la orden de retirada que les estaban dando y afirmó que el secretario de Gobierno, Guillermo Asprilla, estaba empleando una "mala estrategia", por lo que todo el mundo interpretó que ese funcionario les estaba ordenando que se fueran. Al final, cinco de los ocho progresistas se retiraron y apenas quedaron Rodríguez, Carlos Vicente de Roux y Angélica Lozano. Varias fuentes le contaron a La Silla que la idea de la administración era desbaratar el quórum para que se hundiera el presupuesto y que el alcalde pudiera sacarlo vía decreto con los artículos que él quería, pero que tres de sus concejales no le hicieron caso.

Durante la sesión, también se notó la distancia que hay entre el secretario de Hacienda Ricardo Bonilla y la concejal Angélica Lozano, quien desde mayo pasado viene haciendo fuertes críticas a la gestión de Bonilla. Esta vez, ella votó en contra del presupuesto porque no estuvo de acuerdo con varias de las modificaciones que propuso Bonilla al proyecto y, además, criticó que éste y Asprilla hubieran actuado a espaldas del alcalde al supuestamente haber adquirido unos compromisos con la concejal de oposición Clara Lucía Sandoval, quien pidió que unos recursos destinados a la población LGBTI se ampliaran a todas las poblaciones vulnerables, un asunto que finalmente no se concretó. "Los secretarios actúan de espaldas al alcalde y yo, en cambio, todo lo que digo en privado lo sostengo en público", dijo Lozano, quien añadió que durante la votación a ella nadie le ordenó que se saliera del recinto.

Otros confidenciales recientes

Jueves, Septiembre 18, 2014 - 12:34
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Este martes cundió el pánico en la Vicepresidencia: le pidieron la renuncia al centenar de funcionarios que venían trabajando con Angelino Garzón y que no sabían si se iban a quedar trabajando con Germán Vargas Lleras o se iban a otras áreas del gobierno.

En total, cien funcionarios de cuatro áreas distintas recibieron la noticia: además de 20 empleados de planta de la vicepresidencia, saldrán 60 del programa de derechos humanos que dirigía Alma Viviana Pérez, 10 del programa afro que lideraba Óscar Gamboa y 10 del programa indígena bajo el mando de Gabriel Muyuy.

Todos ellos formaban parte del Departamento Administrativo de la Presidencia, que desde la reforma a la Casa de Nariño de principios de mes está en manos de Néstor Humberto Martínez. Él es quien administrativamente controla la contratación y desvinculación de funcionarios en la Vicepresidencia.

Aunque Vargas Lleras anunció que eliminaría esos tres programas, según le dijeron dos personas de la Vicepresidencia a La Silla los empleados confiaban en que el proceso sería gradual dado que el decreto de reestructuración de la Presidencia dice que los funcionarios se quedarían hasta que fueran reemplazados. 

También esperaban que sus hojas de vidas fueran tenidas en cuenta para las direcciones afro, indígena, derechos humanos y de consulta previa en el Ministerio de Interior, que cumplen misiones similares y que heredarán las funciones que tenía Vicepresidencia (lo que evitará que sigan duplicadas).

Los únicos que se salvan por ahora son los 50 empleados del programa para luchar contra las minas antipersonal, que pasará al ministerio del posconflicto que dirigirá el general Óscar Naranjo -con quien ya están conversando- y que se quedará en Presidencia mientras nace esa entidad.

Nota de la editora: Esta nota fue modificada a las 4.15 pm para dejar claro que la barrida no la hizo Vargas, quien no tiene las atribuciones para hacerlo.

Lunes, Septiembre 15, 2014 - 15:46
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Hace una semana la Andi -en alianza con las principales empresas y medios del país- lanzó la campaña Soy Capaz para promover la reconciliación y apoyar el proceso de paz desde el sector privado. La campaña ha sido muy exitosa y ha redoblado el número de empresas que se han unido con estrategias simbólicas (y costosas) que apuntan a crear una mayor conciencia sobre la idea de que la paz depende de todos.

Sin embargo, les salió competencia: #NoComproSoyCapaz. Es el hashtag que los uribistas crearon para boicotear la campaña y que se convirtió en tendencia en redes sociales la semana pasada.

Muchos de trinos contra el Soy Capaz han apuntando a boicotear las marcas que se han vestido de blanco para apoyar la campaña, que perciben como santista aunque en realidad es una iniciativa empresarial.

Incluso hay una lista de empresas para boicotear

y de sus alternativas

Muchas de las figuras del uribismo más activos en redes sociales se han encargado de moverlo.

Pero ninguno más que Juan Carlos Pastrana, el hermano del ex presidente Andrés Pastrana y uno de los críticos más ácidos de Santos en redes sociales, que ha usado el 'contra #SoyCapaz' 62 veces en una semana.

E incluso Tomás Uribe, el hijo del ex presidente Álvaro y sobrino de Carlos Enrique Moreno, quien -como presidente del Grupo Corona- ha sido uno de los principales impulsores de la campaña. Por lo que la empresa, pese a ser dirigida por el ex primer cuñado de la Nación, aparece en el grupo de empresas que el uribismo recomienda boicotear.

Lunes, Septiembre 15, 2014 - 12:43
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El efecto James duró dos meses, como lo anticipó La Silla Vacía con base en los estudios sobre el impacto de los resultados deportivos en la favorabilidad de los mandatarios. Eso es lo que muestra la más reciente encuesta Gallup en la que se cayó el optimismo y la imagen de Juan Manuel Santos a niveles semejantes a los que tenía antes de la euforia del Mundial.

“Si a la Selección le va tan bien como esperan los colombianos el más feliz será Santos. Será una ola de felicidad que lo podrá empujar hasta su posesión en agosto. De ahí en adelante, ya le tocará solito”, anticipamos en junio.

Solito no le ha ido tan bien: para la segunda vuelta el 37 por ciento de los encuestados creían que la situación estaba empeorando, un empate técnico con el 35 por ciento que creía que estaba mejorando, pero ahora la cifra es del 51 contra 27; la aprobación de Santos, que estaba en el 53 por ciento en junio y había superado la desaprobación por primera vez desde principios de 2013, cayó al 44 y volvió a quedar por debajo de la desaprobación.

Mejor dicho, la popularidad de Santos se ha desinflado a la par de la suerte de James Rodríguez, que pasó de ser el goleador del mundial a ser objeto de críticas en el Real Madrid.

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