Por LaSillaVacia.com · 11 de Septiembre de 2017

4764

3

El martes, en vísperas de la llegada del Papa, el presidente Santos anunció que el gobierno estaba negociando con el Clan del Golfo su sometimiento a la justicia.  Es una noticia que se viene cocinando desde hace más de un año como contaron los medios ayer y que de hacerse realidad, sobre todo después del segundo anuncio de la semana de que se pactó un cese bilateral de fuego y de hostilidades transitorio con el ELN, podría conducir a la “paz completa”. Sin embargo, dada la naturaleza de la mayor banda criminal del país, hay razones para no ser demasiado optimistas.

Son básicamente dos: una, es que 'Otoniel', el líder del Clan solo tiene mando sobre una parte de la estructura criminal, pues el resto es subcontratada. Y la otra, que mientras persistan las economías ilegales, comenzando por el narcotráfico, es muy difícil que los que se acojan a la justicia no sean rápidamente reemplazados por otros delincuentes. Máxime cuando el Gobierno ha mostrado ser tan poco eficaz en garantizar el control de los territorios dejados por las Farc.

Las caras del Clan

Esta banda criminal -que el Gobierno hoy considera que es la mayor amenaza a la seguridad del país porque controla las principales rutas del narcotráfico- tiene tantas caras como nombres.

Pero Gaitanistas, Úsugas, Urabeños, Héroes de Castaño o Clan del Golfo, son apenas los vestidos de una organización integrada por exparamilitares, exguerrilleros, delincuencia común y hasta exsoldados reciclados en su mayoría de procesos de desmovilización logrados a medias, que están detrás del manejo del portafolio de negocios ilegales del país.

Como dice el experto en el tema Teófilo Vásquez, su función es “darle previsibilidad a unas economías ilegales con violencia y coerción”.

En otras palabras, matar, torturar o amenazar al que no cumpla los tratos que posibilitan los negocios ilegales que existen por doquier en Colombia, empezando por el narcotráfico, en el que se han especializado en la transformación y comercialización de cocaína. También regular el microtráfico.

"Se encargan de proveer la droga, imponer las reglas del mercado y cobrar a narcotraficantes y pandillas locales por la venta y distribución", dice un informe reciente de la Fundación Ideas para la Paz sobre crimen organizado. 

Pero no solo eso. El Clan del Golfo también ofrece 'coerción' para que funcionen la minería ilegal, el contrabando y algunas fuentes dicen que la trata de personas.

Si es necesario, evitan que se pongan en riesgo los intereses del que esté dispuesto a contratarlos para matar o amenazar al que se atreva. Llámese líder de víctimas que reclama sus tierras o líder ambiental que se opone al paso de una carretera que valoriza las propiedades del respectivo contratista de matón.  También cumplen una función más compleja y es afianzar 'el pagadiario': "sistema de préstamos informales con intereses superiores a los del mercado legal que afecta especialmente a los pobladores de los barrios populares", según lo define Teófilo. 

Entre 2006-2015, 2.518 personas fueron asesinadas por parte de los Grupos Armados Posdesmovilización, entre los cuales el Clan del Golfo es el más grande, según el libro de Memoria Histórica sobre grupos armados posdesmovilización realizado por Vásquez, una de las mejores referencias para entender este tema. Y durante este mismo período, más de medio millón de personas fueron secuestradas, desaparecidas, amenazadas o desplazadas por estos grupos.

Para cumplir con las tareas propias de un 'policía o de un juez' del mundo ilegal, el Clan del Golfo tiene un rostro diferente según la región o el objetivo que asuma y en no pocas ocasiones 'terceriza' el trabajo con los delincuentes locales.

Sus particularidades locales

En algunos sitios, en Córdoba, norte de Chocó y el eje bananero de Urabá, por ejemplo, parecen mototaxistas vestidos de civil, con armas cortas en el cinto, precisamente porque de esa región nunca se fueron a pesar de que varios de sus mandos pasaron por el proceso de desmovilización de las Auc; en otros, Medellín, por ejemplo, son meros campaneros en una esquina del barrio para garantizar la olla de microtráfico; en cambio, en las zonas donde están en plena expansión como el Chocó, sobre todo tras la salida de las Farc, las fuentes hablan de las AGC como un ejército que anda en patrullas de 50 hombres (incluso más), vestidos con camuflados e insignias en el brazo y que portan armas largas y fusiles.

"Han adaptado su estructura organizativa a las actividades económicas que regulan o monopolizan, especialmente a las economías ilegales globalizadas donde prima el nodo, la red y no la estructura jerárquica", dice Vásquez.

El informe sobre el tema de la FIP, dice que el Clan está dividido por lo menos en dos componentes. "El primero es el armado, que se ubica principalmente en el Urabá antioqueño y chocoano, sur de Córdoba y zonas urbanas y semiurbanas del Bajo Cauca. Y el segundo es el de la subcontratación, que está distribuido en otras regiones del país y capitales departamentales".  Dice que también cuentan con una estructura internacional que se encarga de las conexiones para transportar cocaína entre el Urabá y Centroamérica. Y que sumados, podrían dar hasta 3.500 miembros. 

Debido a esas características, así como hay muchos golpes militares contra esa banda, la capacidad de recuperarse es muy alta. Según información oficial a la que tuvo acceso La Silla, el Clan tenía alrededor de 1430 hombres en 2016 y este año -pese a todas las bajas reportadas por las autoridades- aumentó su número en poco más de 500.  Este dato arroja 1.500 miembros menos que los que estima la FIP, lo que da una idea de la dificultad de saber exactamente con quién se estaría negociando.

Un Clan

Según fuentes conocedoras dentro de inteligencia del Ejército, expolicías antinarcóticos, una fuente del ministerio de Defensa y personas que han trabajado en el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo y nos hablaron informalmente, los gaitanistas funcionan como una organización federada o de franquicias que, aunque tiene articulación, opera de manera autónoma en las regiones.

La estructura base la tienen en Urabá, al mando de Otoniel, que controla su propio ejército y con el que seguramente se presentará ante el Gobierno a la hora de concretar su sometimiento.

Según supo La Silla por una de las personas que ha estado al tanto de las conversaciones con los voceros de Otoniel, ellos han dicho que "tienen un estado mayor, unos jefes de bloques y de las unidades en terreno".

Sin embargo, en muchas regiones la banda opera con estructuras descentralizadas que están armadas y que no necesariamente siguen las directrices de Otoniel.

Según explica la FIP,  "fuera de su estructura formal se encuentran los que podrían llamarse ‘Bloques Regionales Independientes’ donde cabecillas regionales sirven de enlace entre las Autodefensas Gaitanistas y una compleja red criminal que les permite, de manera indirecta, tener injerencia territorial, controlar a la población y regular diversas actividades, tanto ilegales como legales."

La FIP explica que los del Clan subcontratan estructuras delincuenciales para llevar a cabo tareas específicas como el cobro de extorsiones, asesinatos, microtráfico, cobro a expendios de droga y labores de inteligencia. Y agrega que no tienen una ideología que cohesione a sus miembros. "La permanencia de sus integrantes obedece, más que todo, a una lógica económica, ya que integran esta agrupación a cambio de un sueldo", dice.

En las áreas urbanas lo que la banda hace es alquilarle el nombre a grupos de delincuentes comunes para que realicen sus mismas actividades, a cambio de pagar una renta a la estructura central de Otoniel, pero con la libertad de tomar decisiones y manejar a su gente autónomamente en terreno.

Eso, por ejemplo, ha ocurrido en Nariño, donde una facción del Clan del Golfo o Gaitanistas opera sobre todo en el municipio de Barbacoas muy cerca a la frontera con Ecuador.

Aunque no es claro desde cuándo entró (la Defensoría dice que tiene unos 100 hombres desde el 2010, mientras que la Policía dice que tiene 37 hombres desde finales de 2013), lo que está establecido es que ingresaron tras derrotar a la banda criminal los Rastrojos y que se dedican a todo: narcotráfico, minería ilegal, cobro de extorsiones, sicariato, lavado de activos.

El General de la Policía William Salamanca, que comanda el Suroccidente, le dijo a La Silla Pacífico que “no tenemos información de que haya algún acuerdo logístico o financiero con el jefe Otoniel” y tampoco de que el grupo que opera en Nariño “tenga propósitos de desmovilizarse como anunció Otoniel”.

Lo que nos contó un funcionario que está en terreno y prefirió que se omitiera su nombre por seguridad es que, cuando necesitan controlar un territorio en el que se desarrolla o se puede desarrollar alguna economía ilegal, el clan envía hombres desde el Urabá para intentar ubicar a la delincuencia común del lugar y ofrecerle el negocio.

No es claro si el grupo local recibe dotación de armas y plata en todas las ocasiones por parte de los dirigentes gaitanistas, pero en cualquier caso, siempre quedan en comunicación con esa estructura central, aunque no como subalterna suya.

A la hora de una negociación con el Gobierno, esa particularidad puede dejar en duda que Otoniel logre de verdad desarmar y hacer que se entreguen todos esos hombres.

“El riesgo con el sometimiento es que queden resquicios y pues, probablemente eso va pasar aquí porque no estamos hablando de una estructura cohesionada”, dijo a La Silla una fuente del ministerio de Defensa.

Mucho más si para esa delincuencia común adscrita al Clan siguen los incentivos de la plata fácil.

En cada región hay una renta diferente

Aunque la principal renta del Clan del Golfo en todo el país es la extorsión y el narcotráfico, cada una de sus estructuras regionales se ha apropiado de buena parte de la cadena de negocios ilegales locales, que hacen que no se vea tan claro que la oferta de alias Otoniel termine agrupando a todos los militantes. Sobre todo si el Estado no logra reemplazar la economía ilegal con un modelo económico local que funcione.

 

Mientras que en Nariño hay una facción en la frontera con Ecuador ganando terreno, en el Chocó desde 2014 el Clan inició una avanzada territorial con la que ha logrado el control de la minería ilegal, narcotráfico, extorsión, sicariato y lavado de activos.

Eso le ha dado poder en un territorio que está estratégicamente ubicado porque no solo tiene salida a los dos océanos sino porque está conectado con el centro del país a través del río Atrato.

La avanzada ha sido similar en la frontera con Venezuela.

El Clan del Golfo opera principalmente en el área metropolitana de Cúcuta, y como lo ha contado La Silla, con el cierre del paso entre los dos países se pegó una fortalecida sin precedentes debido a que además de controlar algunos pasos de la coca que sale del Catatumbo y de la extorsión, también empezó a dominar el contrabando que todos los días pasa a través de las trochas (pasos ilegales) hacia Colombia.

En ese sector del país están identificados 163 hombres, de los cuales 59 andan armados y con camuflado todo el tiempo y 104 que se mueven como redes de apoyo urbano -algo así como el equivalente a las milicias de las guerrillas- y que son en su mayoría los grupos de delincuencia común que a través de la ‘franquicia’ se alinearon.  

Aunque su dominio en la frontera no es exclusivo y se lo pelean con el ELN, los Rastrojos y otras bandas más pequeñas que han empezado a crecer en la zona, su fortaleza es tal, que Luis Orlando Padierna, alias ‘Inglaterra’, considerado el segundo al mando del Clan detrás de alias Otoniel, este año llegó del Urabá a la frontera para reforzar esa estructura militar y la cadena de negocios.

“‘Inglaterra’ llegó con la intención de reagrupar a los diferentes grupos y darles una directriz en el accionar y lo hizo”, le dijo a La Silla Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, organización que le hace seguimiento al conflicto en Norte de Santander.

“Pero una cosa es para cometer acciones y otra para convencerlos de someterse, eso último, por la dinámica de la frontera es poco probable”.

En el Magdalena Medio, también se repite el patrón.

En esa región, específicamente en el Sur de Bolívar hay dos frentes del Clan. El Luis Alfonso Echavarría con 67 hombres y el Luis Fernando Gutiérrez con alrededor de 140. Además, tienen estructuras en el Nordeste Antioqueño, que es el otro centro de operaciones del Clan, y el sur del Cesar.

Allá, además de controlar buena parte de la comercialización de coca y de la extorsión, el Clan está detrás de la minería ilegal y de la comercialización de todo el oro que se extrae de las minas sin licencia en la región.

Allí ese grupo tiene control urbano y territorial sobre buena parte de los municipios de la zona y por ejemplo, según reportes de ONG que le hacen seguimiento al conflicto allí, en la zona rural hay territorios a los que el Ejército no tiene acceso.

“El Clan fue el que se fortaleció con la replegada de las Farc. El ELN está muy reducido en comparación”,  le dijo a La Silla Ramón Abril, investigador de Credhos, ONG que centra su trabajo en el Magdalena Medio.

En esa región, el Clan del Golfo tiene otra particularidad.

Además de controlar rentas ilegales, en algunos casos manejan un discurso contrainsurgente y en el Magdalena Medio hay denuncias sobre potenciales alianzas entre la Fuerza Pública y esa banda para atacar a la guerrilla.  

En el Chocó también ha habido denuncias de la población y de entidades que hacen trabajo humanitario de que la Fuerza Pública no los combate con la misma intensidad que al ELN y de hecho, muchas voces han insinuado una posible complicidad entre los gaitanistas y la Fuerza Pública.  El último caso se presentó el pasado 29 de agosto cuando miembros del Gobierno y la comunidad indígena de Riosucio se reunieron para analizar la extrema vulnerabilidad de la población con el avance de las AGC y aprovecharon para denunciar por qué existe tanta desconfianza a la Fuerza Pública.  Pero en otras regiones, los golpes del Ejército en su contra son contundentes, y lo que hay son acuerdos de los gaitanitas con el ELN para repartirse los negocios en el territorio.

En el Putumayo, está una estructura en plena expansión.

Según supo La Silla por dos fuentes (una de la Iglesia y otra de las juntas de acción comunal) del departamento, allá el Clan intentó negociar su entrada con La Constru, que es la banda criminal más grande en la región y que hoy es la que se lleva las mayores rentas del narcotráfico, pero no han entrado.

“Aquí La Constru y ellos (el Clan) están peleando. Hace quince días mataron al que iba a ser el jefe del Clan acá”, dijo a La Silla una fuente que nos pidió no ser citada por su seguridad.

La negociación

Esta semana, el vicepresidente Óscar Naranjo, el Fiscal General y el ministro de Justicia Enrique Gil para discutir un capítulo sobre sometimiento colectivo de grupos armados organizados que se metería en un proyecto de ley de sometimiento de organizaciones criminales que Néstor Humberto Martínez había radicado en el Senado. Según supo La Silla, Naranjo lo tiene en su despacho hace dos meses.

El proyecto incluye "una ruta de reincorporación" para los que dejen las armas, que seguramente incluirá pagarle un subsidio a los desmovilizados, además de concederle a la mayoría el principio de oportunidad y asegurarse que por lo menos los rasos queden sin antecedentes penales para que puedan contratar con el Estado en el futuro. Según una de las fuentes involucradas con la que habló La Silla, la idea es evitar que suceda lo que pasó con muchos exparamilitares, que como tenían antecedentes no podían conseguir un trabajo decente y volvieron a delinquir.

Parece haber consenso en que ninguno de los que se someta a la justicia irá a la Jurisdicción Especial de Paz. Pero sí se les exigirá que confiesen sus delitos, entreguen bienes y los que tengan procesos en contra paguen cárcel (la mayoría ni siquiera están identificados por las autoridades).

El Gobierno calcula que se entregarían unos 1800. Es decir, los que pertenecen al organigrama formal de 'Otoniel'. La pregunta es qué pasará con los otros mil y pico subcontratados y franquiciados. ¿Cómo garantizarán que no se reciclen con un nuevo nombre?

Comentarios (3)

simeimporta

12 de Septiembre

0 Seguidores

Según el artículo y usado la experiencia, no habrá manera de evitar que se ...+ ver más

Según el artículo y usado la experiencia, no habrá manera de evitar que se reciclen, y que se expandan, nuevos grupos,  una vez se desmovilicen los del grupo que forma la columna central
 

Gloria Nancy Hoyos

07 de Noviembre

0 Seguidores

Siempre lo dije la negociación con las AUC fue un rotundo fracazo, dejaron ti...+ ver más

Siempre lo dije la negociación con las AUC fue un rotundo fracazo, dejaron tirados cantidades de jóvenes y armados qué no sabian sino  delinquir, claro esto hizo de ellos el blanco perfecto para seguir utilizandolos para todo lo qué se dijo en la nota, si en Colombia cuando hay una negociación con grupos y no los integran a ser parte de Ejercito y Policía para actuar contra.

Gloria Nancy Hoyos

07 de Noviembre

0 Seguidores

Bandas o grupos qué quedaron o no quisieron pasar a la Civilidad, con las far...+ ver más

Bandas o grupos qué quedaron o no quisieron pasar a la Civilidad, con las farc y de pronto con el eln se está tratando de qué no queden resquicios de jóvenes fuera de la negociación, la extorsión y el micro-tráfico deja muy buenos dividendos por qué en la vida civil si uno esta reseñado queda estigmatizado de por vida esa es la sociedad y acá no es la PAZ de un Gobierno es de TODOS.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia