Por LaSillaVacia.com · 02 de Octubre de 2016

3671

3

La victoria del No fue una sorpresa hasta para los propios uribistas que lo defendieron. Lo que hubo esta noche fue un intercambio de emociones. Los que votaron por el Sí y esperaban ganar, lloran. Y los que votaron por el No e incluso se prepararon para perder, celebran.

Así se vivieron los resultados en cada lado.

El No, entre la sorpresa y la euforia

La celebración del No en Bogotá cogió a todos en el uribismo de sorpresa y además, separados.

El ex candidato a la Alcaldía Pacho Santos se reunió en su oficina con la representante a la Cámara Tatiana Cabello (ambos lideraron la campaña por el No en Bogotá) y algunas personas de sus bases a esperar los resultados. Luego llegó el senador José Obdulio Gaviria.

En cambio, cuatro concejales y tres representantes a la Cámara se quedaron en la sede del Centro Democrático en Bogotá, a pocas cuadras.

“Pacho no puede ir a donde esté María Fernanda Cabal”, dijo un asistente a la reunión de Pacho para tratar de explicar la división. Otra persona que fue a la reunión en el partido también le dijo a La Silla que prefería no ir donde Pacho. Es decir, las divisiones en el uribismo están tan frescas como en las pasadas elecciones.

Aunque en el primer reporte del escrutinio el No aparecía por poco debajo del Sí, con el paso de los minutos y la aparición de nuevos conteos que mostraban cómo se apretaba la votación, la pequeña sala de la oficina de Pacho se hizo más pequeña, más apretada, más caliente.  Uno de los presentes le pasaba cada informe antes de que lo leyeran en la televisión y otros especulaban si ya se podía decir que había una tendencia en contra del Sí. Él, Pacho, era el centro de atención.

Pacho, aún tímidamente, decía que un resultado apretado era la mejor noticia para el No pero con mucha ansiedad recordaba que todavía podían ganar.  

Finalmente, cuando estuvo escrutado más del 50 por ciento de los votos estalló la euforia.

“¡Me dijeron que estaba loco!”, gritó Francisco Santos. “Yo aposté ayer que quedábamos 52 - 48, ganando el No y ¡me dijeron que estaba loco! Esa es una campaña que hicimos con las uñas, contra todos los medios, sin plata y ¡ganamos!”

Francisco Santos, rodeado por una veintena de muchachos y colaboradores de su oficina, todos vestidos con la camiseta del No, brincaron, gritaron, celebraron. En un momento, todos entonaron el himno nacional.

En medio de la celebración, Pacho Santos volvió a interrumpirlos a todos para anunciarles “una gran noticia”: por primera vez, el No superó al Sí. Volvieron los gritos y los abrazos.

Aunque en ese momento la tendencia ganadora del No parecía obvia y era muy poco probable que el Sí le volviera a sacar una ventaja -así fuera mínima- al No, la mayoría de los presentes esperaron a que el escrutinio superara el 90 por ciento pegados al televisor.

En cambio, Pacho se dio una vuelta para mirar a la docena de cámaras de televisión que lo rodeaban por la espalda y que esperaban para entrevistarlo. A su alrededor, unos muchachos corrían a darle ‘play’ al jingle de la campaña  que dice algo así como “soy colombiano y quiero la paz por eso el dos de octubre digo No”. En medio de la bulla, Francisco Santos se mostró sereno.

“No nos alegramos con soberbia”, dijo, “pero queremos un proceso de paz en el que quepamos todos. Yo sé que hoy hay mucha gente que está asustada pero quiero mandarles un mensaje de tranquilidad. Yo a las Farc les digo, tranquilos que les vamos a garantizar que este proceso concluya”.

Luego, en un segundo, se escabulló de la prensa que lo acorralaba y aunque todos los periodistas lo persiguieron, les pidió dos minutos para fumarse un cigarrillo junto con su esposa, José Obdulio y la Representante Cabello.

“Es que tengo la cabeza... así”, dijo mientras se cogía la cabeza y agitaba los brazos.

Afuera, los periodistas aguardaron en silencio.

Entre tanto, los muchachos que lo acompañaban salieron a la calle, abrieron el baúl de un carro que tenía un enorme equipo de sonido y volvieron a poner a todo volumen el jingle.  Algunos lloraban de la emoción, llamaban a sus familiares a decir “¡ganamos!, ¡ganamos!” y brincaban por la cuadra visiblemente entusiasmados.

Pacho salió a una rueda de prensa a la carrera, que no estaba preparada, porque el resultado de hoy no era previsible. La calle se llenó de periodistas que buscaban afanosamente una declaración del ex vicepresidente.

Él siguió siendo cauto con sus palabras y de hecho, se abstuvo de responder la pregunta de una periodista que quería saber si el uribismo iba a presionar por la renuncia del Presidente Juan Manuel Santos.

Esa se la dejó a Álvaro Uribe que en ese momento estaba en su finca en Rionegro, en Antioquia, reunido con los tres precandidatos presidenciales del uribismo, Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo y Óscar Iván Zuluaga. A ellos se les pegaron uno que otro sapo.

Sin embargo, en Medellín no hubo celebración pública. Y la de Bogotá, al final, logró juntar a los dos grupos, según supo La Silla, aunque no todos quisieron esperar a ver allí el demorado discurso del gran ganador de esta jornada: Álvaro Uribe.

Las lágrimas del Sí

 

En varias zonas del país, el triunfo del Sí era visto casi como un hecho.

A las tres de la tarde en el hotel Tequendama en Bogotá, donde se suponía que sería el encuentro de la campaña “Sí a la paz”, todo era triunfo. Los periodistas hacían fila afuera casi que convencidos de que iban a registrar una gran celebración. Los invitados del Gobierno, que tenían una manilla amarilla, también hacían la de ellos confiados. Nadie se imaginaba lo que venía.

El Salón Rojo se comenzó a llenar. La tarima más peleada era la de los camarógrafos. Todos listos para grabar el momento en el que Santos dijera que el Sí ganó. Tantas encuestas vaticinando ese momento, daba para esa actitud.

Al poco tiempo vino el primer boletín. El Sí ganaba, pero no como todos pensaban.

Comienza una señora que lleva puesta la camiseta del Sí y que se encarga de ubicar a la gente a contestar llamadas y a colgar suspirando.

Segundo boletín. Seguía ganando el Sí, pero el No le raspaba los talones. Los presentadores pedían abrazos entre los que llegaban, pedían más entusiasmo. Pero con el paso del tiempo, la gente ni oía a los presentadores y no se desconectaba de sus celulares. Los miraban preocupados.

Los boletines pasaban y el silencio aumentaba. La gente no podía creer lo que veía. Mientras el presentador decía: “Estamos ante un empate técnico, todos tranquilos”, y la presentadora le contestaba “No, esperemos”, era como si todos los que estaban ahí supieran lo que se venía.

Comenzaron las lágrimas. Una señora se las secaba apoyada en su esposo. Otros se les veían los ojos aguados y los trataban de abrir más.

Hubo en punto en el que nadie hablaba. Solo miraban a las pantallas gigantes.

Se suponía que el presidente Santos iba a ir a las 6 de la tarde a dar su discurso triunfal. Pero entre los periodistas se regó el rumor de que se quedaría en Palacio y empezaron a recoger sus cámaras y a irse porque ya no había nada más que ver.

“No hay nada más, jefe. Aquí la gente está derrotada y como que Santos ya no viene”, le dice un periodista por teléfono a alguien.

Había un señor con una prótesis de toda una pierna. Entró con la bandera de Colombia al hombro y cuando ya se conocieron el 90 por ciento de votos, se salió del salón.

Poco a poco, la gente se fue dispersando y la que sería la gran celebración del Sí, se convirtió en la tarde más amarga para los asistentes.

Más tarde, llegaron decenas de personas con banderas blancas a Palacio para gritarle al presidente: “Santos, amigo la paz está contigo”. Él salió a agradecerles.

Por fuera de Bogotá la sorpresa fue la misma. Y hasta peor.

En el Catatumbo, una región que le metió fuerza al Sí a pesar de saber que allá la paz no iba a llegar del todo por la presencia del Epl y del Eln, el cierre de las urnas fue igual de desalentador.

Apenas se cerraron, en Tibú, la capital del Catatumbo, los que estaban promoviendo el Sí se dispersaron.

Eran los únicos que estaban por ahí, porque además de los votantes que en todo el día fueron de a poco a las urnas, por el No no hubo promotores.

Al Colegio Francisco José de Caldas, que tenía 45 de las 75 mesas que fueron instaladas para que 31 mil tibuyanos ejercieran su derecho al voto, habían llegado las autoridades 15 minutos antes.

Desde el alcalde, Jesús Escalante, hasta el general de la Fuerza Tarea Vulcano del Ejército se concentraron allí, para esperar.

“Eso no se demoran nada. De aquí a que terminemos la fila. Ya se sabe qué pasó”, dijo una de las jurados que se acomodaba para entregar la información de su mesa. “¡Cómo si uno no hubiera pasado varias veces por esto ya!, dijo sonriendo”

Todo el día en Tibú estuvo tranquilo, a excepción del panfleto del EPL llamando a la abstención que fue distribuido el viernes en el corregimiento de Campo Dos y que se multiplicó por redes sociales, nada perturbó la calma.

Allá no esperaban mucha votación, desde el día anterior auguraban que la abstención iba a ser del 70% y le atinaron, pero lo que sí esperaban era que ganara el Sí. Es más, no lo esperaban, lo daban por sentado.

En el centro de transmisión de la Registraduría, cuando todos estaban más en la transmisión de votos que mirando los resultados, los boletines los tomaron por sorpresa. 40 minutos más tarde, cuando el No, ya se daba como ganador, y lo notaron, las caras cambiaron.

El alcalde cruzó miradas con los que estaban en los computadores de Registraduría y encogieron los hombros. La algarabía del papeleo del conteo siguió, pero esta vez con las caras bajas de varios.

La izquierda que en la mañana había movido la poca maquinaria que se vio, desapareció. El resultado los tomó desprevenidos. Los líderes que en la mañana repartieron agua a nombre del Sí se encerraron en sus casas, voceros de la UP que movieron gente en camiones y acordaron buses en las veredas, prefirieron guardar silencio, y los líderes de Ascamcat (La Asociación de Campesinos del Catatumbo, que son afines a los postulados políticos de las Farc y se habían encargado de hacer la pedagogía de los acuerdos en los territorios) no volvieron a salir.

En Bojayá, donde votaron 1978 personas por el Sí y apenas 87 por el No, estaban confiados con que el Sí ganaba. Reunidos en una tienda de Bellavista, la cabecera municipal, La Silla acompañó a un grupo de víctimas a esperar los resultados.

Pero justo en el boletín que anunció la ventaja del No, hubo varias caras de tristeza y un rotundo silencio que fue interrumpido por José de la Cruz Valencia, que estaba en la iglesia el día que las Farc la voló en pedazos en 2002, y que ahora en la tienda, en un tono enérgico dijo: “Pensar que el 90 por ciento de nuestros colombianos no conocen la paz y que solo entienden las formas de la guerra y piensan que más violencia puede resolver este proceso.”

Luego de José, siguió Carmelo Palacio, otra de las víctimas de la masacre y miembro de la Asociación de desplazados del 2 de mayo. “Es evidente cuán poco el centro del país entiende lo que sufrimos en la periferia.”

Agrega en el fondo Liliana Mosquera, otra víctima del día fatal de la Iglesia: “Aquí perdemos los pobres, los que sufrimos, los olvidados”.

En cuestión de minutos, la gente se encerró en sus casas. Los televisores se apagaron, nadie siguió más la transmisión. Bojayá volvió a quedar casi tan fantasma como el día después de la masacre.

En Medellín, donde Uribe ha cosechado un gran electorado, también hubo sorpresa. 

Frente al teatro Pablo Tobón Uribe, en pleno centro de la ciudad, estaban concentrados los simpatizantes del sí, algunos con camisetas amarillas de la selección de fútbol, listos para celebrar. Pero hacia el final de la tarde, a medida que fueron apareciendo los resultados en los boletines de la Registraduría en una pantalla gigante, los del sí se aplancharon. Las flores bLancas que algunos llevaban en la mano empezaron a marchitarse. Lloraron, se abrazaron, miraron entre estupefactos y compungidos las barras rojas que en la televisión marcaban que el No había triunfado, sobre todo en Antioquia y, específicamente en Medellín, el resultado era difícil de asimilar: 37 por ciento a favor del sí y 63 por ciento por el no. 

El director del teatro, Sergio Restrepo, dio un paso al frente y dijo por un micrófono: "Ojalá no se levante el cese al fuego". La gente lloraba más, se abrazaba más y se quedaba sin saber qué hacer y sin entender lo que acababa de pasar. Pero empezaban a esbozar sus explicaciones, sus consuelos, y a señalar a algunos culpables.

Gloria Restrepo, un ama de casa, acusó sin duda alguna. "Esto fue por Uribe, por el odio que le tiene al país". Dijo que los de su partido, Centro Democrático, tenían "balas en la lengua". 

Dos mujeres jóvenes, con camisetas blancas con letreros de Paz, le echaban la culpa a las encuestas a las que consideraban "instrumentos de manipulación emocional lamentables" y sentían remordimiento que Antioquia y su capital hubieran contribuido de manera decisiva a que ganara el No. "Es lamentable que la gente no sea capaz de ponerse en los zapatos del otro", dijo una de ellas, de nombre Cristina, sin decir su apellido, porque explicó que era funcionaria pública. Cristina también había sido jurado en un puesto de votación en la zona norte en donde la mayoría de votantes había marcado no. Dijo que lo que la entristecía más es que casi todos eran jóvenes. 

Mientras la gente comentaba por grupitos, soltaron varias mariposas blancas. Una de ellas se posó sobre el hombro de Gustavo Restrepo, quien comentaba con su amiga Fabiola los resultados. "Lo que nos acaba de pasar es muy doloroso", dijo Gustavo. Y Fabiola se atrevió a dar una explicación: "Este país está enfermo", dijo. Añadió que como activista en la campaña por el si en las últimas semanas se había encontrado con gente que la insultaba y acusaba de "guerrillera" o "comunista", incluido un cura del barrio Belén que hasta le quitó unos volantes que repartía una de sus compañeras de campaña.

Otra de las activistas más jóvenes dijo que había habido muy poco tiempo de hacer una campaña que desmontara las mentiras del no y que empezara a cambiar la percepción de "monstruos" que se ha construido sobre las Farc. "Educar el afecto cuesta", dijo. 

En la pantalla gigante apareció brevemente el jefe de la delegación  negociadora de la guerrilla, Iván Márquez. Todos callaron, atentos a escuchar si decía algo, pero solo dijo que anunciarían más tarde su posición oficial. Y luego apareció uno de los defensores del no, el ex vicepresidente Francisco Santos. La gente lo chifló. "¿Para qué mostrar a ese piropo?", gritó un joven. Y otro: "¿Qué fue lo que ganaron?"  Se indignaron cuando Santos dijo que había que ser optimistas y lanzaron diatribas cuando pronunció el nombre de su jefe, y el jefe nacional del no, "el presidente", dijo Santos, en vez del senador Uribe Velez. 

El principal impulsor de la campaña del no estaba a esa hora en su casa en Ríonegro, no en una plaza pública. Algunos carros pasaban, incluso frente al teatro, pitando, pero hasta ahí el ambiente festivo del no en Medellín al caer la tarde. Incluso, quienes habían organizado el bus del no esperaban atentos al discurso de Uribe, sin mucha alharaca.

La alharaca se formó en medio de las declaraciones de Pacho Santos, cuando afuera del teatro empezaron a sonar unas marimbas, quizás para despistar la tristeza, o como por hacer algo, ya que estaban ahí. Y la gente, aunque no toda, bailó. Tal vez  como para demostrar que no todos eran unos "insensibles". De esa falta de sensibilidad habló la profesora de la Universidad de Antioquia, Liliana Uribe. Dijo que los medios de comunicación eran responsables de haber sembrado odio durante tantos años, deshumanizando a la guerrilla. 

Entre su familia, sus amigos, fue notando como se había exacerbado la polarización política y el miedo. "El Castrochavismo nos mató", dijo al mencionar el tipo de argumentos y debates que escuchó entre sus más cercanos últimamente. Y, sin embargo, a pesar de los resultados, dijo que tenía esperanza en sus alumnos de la universidad, los jóvenes, y en ese porcentaje que había votado sí, porque tenía también su peso. 

Había además, un motivo para celebrar, el cese al fuego había evitado que murieran más colombianos en los últimos meses. Y por eso, cuando el presidente Santos apareció en pantalla y anunció que haría cualquier cosa para lograr la paz, la gente aplaudió, se abrazó de nuevo y lloró de nuevo. No era un motivo pequeño.

Comentarios (3)

DIDUNDI

03 de Octubre

1 Seguidores

Confieso q los ojos se me aguaron, en un sentimiento d rabia, impotencia, dece...+ ver más

Confieso q los ojos se me aguaron, en un sentimiento d rabia, impotencia, decepsion y tristeza.
Ver un pueblo q tiene una oportunidad d oro d esas q No se dan en estos paises con frecuencia y la tiran a la basura.
La hipocresia y la falsedad superan la capacidad d razonar incluso d los poderosos.
Condenados a repetir la historia.

Jart21

03 de Octubre

0 Seguidores

Muy bueno el artículo aunque encontré unos errores de digitación. En l...+ ver más

Muy bueno el artículo aunque encontré unos errores de digitación. En la parte que refiere a la votación en Antioquia las cifras están invertidas y en la parte que habla sobre Francisco Santos hay un término que supongo es "pirobo" y no "piropo". 
 

harriarq

03 de Octubre

0 Seguidores

Cambiar la percepción de monstruos de las Farc, no lo puede hace nadie, ni si...+ ver más

Cambiar la percepción de monstruos de las Farc, no lo puede hace nadie, ni siquiera las propias Farc...
El momento fue largo y emocionante, Jaime Castro lo interpreto desde las primeras cifras, decepcionante Bogotá, aún queda mucho por hacer, pero aún así se sentía en las calles como tomo fuerza ese NO... Ese que pocos decíamos  se convirtió finalmente en voces de muchos.

Contexto

Las historias más vistas en La Silla Vacia