Por Jineth Prieto | Ana Karietna León Quiroga · 10 de Mayo de 2017

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Mientras que se están ultimando los detalles para que el ‘Movimiento Nacional por la Familia’ arranque a recoger firmas para respaldar sus propias listas al Congreso en 2018 y de paso apalancar la aspiración presidencial del anulado exprocurador Alejandro Ordóñez, su figura se ha ido convirtiendo en una de las más atractivas entre la derecha del país.

Su discurso conciliador entre todas las vertientes del No, la base con la que inicia en la carrera,y la poca resistencia que su figura tiene en el uribismo y en las bases del conservatismo, lo han ido posicionando dentro de la puja de la derecha.

Quedó como el favorito de Uribe 

Aunque desde que salió de la Procuraduría por un fallo que le anuló la reelección por nombrar a familiares de los senadores y magistrados que lo mantuvieron en el cargo, Alejandro Ordóñez arrancó su carrera por las presidenciales de 2018 como una de las cabezas del bloque del No a los acuerdos con las Farc, no fue sino hasta el fin de semana pasado cuando midió su aceptación entre las bases del Centro Democrático.

A diferencia de la abucheada que se llevó en la convención conservadora, en el uribismo lo recibieron con aplausos en la convención nacional.

 

Que Uribe lo haya elegido para representar en la convención de su partido al bloque del No que se creó en la renegociación de los acuerdos con las Farc, dejó entrever que lo ve como una de las fichas clave para cuajar la coalición de la derecha para la primera vuelta. 

El gran atractivo de Ordóñez en esa coalición está en que se convirtió en la cabeza política del conservadurismo social que une a buena parte de las iglesias cristianas y al sector más ortodoxo de los católicos, y que se gestó desde el año pasado con las marchas en contra de la inclusión de los derechos Lgbti en los manuales de convivencia escolares y de la supuesta ideología de género de los acuerdos de La Habana.

La senadora liberal Viviane Morales, que figura como una de las presidenciables de su partido, también representaría esa corriente pero su desventaja frente al exprocurador es que para la derecha más radical sería difícil votar por una liberal. Si eventualmente se quedara con la candidatura liberal, como le dijo a La Silla uno de los líderes del movimiento religioso, su aspiración terminaría dividiéndolos.

Eso pone al anulado exprocurador como la cara de un fortín que aunque no es tan claro cuántos votos tiene (hasta 2018 se medirá en las urnas), sí es una fuerza que a las dos derechas del No -los conservadores y el uribismo- les convendría tener de su lado en una eventual consulta.  

Más de puente que para la foto

Ordóñez tiene a su favor que su figura como aliado no genera resistencia en ninguna de las vertientes del No, pero le juega en contra que, dado su radicalismo, puede ahuyentar los votos menos radicales de la derecha y volverse un lastre en una eventual segunda vuelta en la que los candidatos tienen que necesariamente apelar al centro para ganar.

Por eso nueve fuentes entre uribistas y conservadores le dijeron a La Silla que el rol del exprocurador es más el de un puente que los puede acercar al sector que va en contra de los derechos Lgbti, que el del candidato de mostrar.

Si le va bien en ese rol, podría capitalizarlo teniendo en cuenta que él no tiene que pelearse su candidatura si va por firmas, y conversando con todos los sectores del No puede ir cultivando una tajada de votos en cada lado, algo que en una eventual consulta de la derecha le serviría.

Por ejemplo, en el Partido Conservador ya le dividió las bases a Marta Lucía Ramírez y la debilitó. 

Pero aún si se limita por ahora al rol de enlace, ya es un logro muy grande para un personaje que fue destituído por abusar de su cargo para reelegirse.
 

CONTEXTO

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