Por LaSillaVacia.com · 18 de Mayo de 2017

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Nelson Ayala Pineda, un concuñado de Hugo Aguilar, era hasta hace pocas semanas prácticamente un desconocido en los círculos políticos de Santander.  

Salió del anonimato luego de que en su columna del medio uribista Los Irreverentes, Leszli Kalli revelara que Ayala le estaba cobrando una letra de cambio de mil millones de pesos a Carlos Fernando Sánchez Aguirre, el candidato de Hugo Aguilar a la Gobernación en 2015.

Aunque eso fue todo lo que se supo, La Silla conoció de primera mano los detalles del proceso que pone en el ojo del huracán a la campaña de Sánchez, el origen de los recursos de Ayala y el papel de Aguilar en la financiación de esa candidatura. 

El proceso

El proceso inició en enero 2016, dos meses después de terminada la campaña en la que Sánchez perdió frente a Didier Tavera

En esa fecha, Ayala le pidió al Juez Sexto Civil del Circuito de Bucaramanga que hiciera efectivo el cobro de una letra de cambio por $1.300 millones, una demanda que el juez admitió en marzo de 2016.

 

Lo hizo soportado en que la letra estaba firmada y con las huellas de Sánchez y Roberto Rodríguez, quien pasó de ser uno de los principales contratistas de Panachi (cuando Carlos Fernando la dirigía) al tesorero de campaña.

Sin embargo, desde que inició el proceso todo se enredó.

Notificados de la orden de pago, Sánchez y Rodríguez negaron que les hubieran entregado la plata porque en febrero ellos mismos denunciaron que la letra estaba extraviada.

Precisamente en su defensa, los dos dijeron que no conocían a Ayala, que no le pidieron plata prestada, que la letra la firmaron en blanco y no como aceptantes sino como endosatarios de una eventual deuda, y que no autorizaron que se diligenciara.

Por esa razón, le pidieron al concuñado de Aguilar que demostrara cómo tenía capital para prestar $1.300 millones y, a su vez, lo denunciaron penalmente por falsedad en documento privado, fraude procesal y estafa.

La respuesta del concuñado de Aguilar abrió una caja de Pandora.

En un documento al que La Silla tuvo acceso, Ayala reconoció que no los conocía pero dijo que les prestó la plata porque quien intermedió para obtener los $1.300 millones que ahora reclama fue el exgobernador de Santander condenado por parapolítica, Hugo Aguilar Naranjo, a quien lo une “lazos de amistad”. 

También desestimó la denuncia sobre el extravío de la letra porque según él Sánchez y Rodríguez se la “entregaron voluntariamente” a su concuñado para garantizar el pago del préstamo.

En su respuesta, Ayala además asegura que la plata que le pidió el coronel Aguilar fue para pagar la parte final de la campaña de Sánchez.

“...que esta alta suma de dinero haya sido o no reportada al Consejo Nacional Electoral por el candidato y el tesorero de la campaña política, como era su obligación, no es de la incumbencia del demandante”, dice Ayala en su escrito.

Y para darle más fuerza a su defensa, Ayala hizo otra revelación, que comprometió aún más el papel de Aguilar en este episodio.  Aseguró que fue el esquema de seguridad de Aguilar (asignado por la Policía) el que custodió la entrega en efectivo de los $1.300 millones a la campaña de Sánchez.

Para soportarlo le pidió al juez que llamara como testigos al mismo Aguilar y a sus escoltas. 

Como también le cuestionaron el origen de sus recursos, Ayala aportó sus declaraciones de renta de 2011 a 2014.

Pero como reportó ante la DIAN durante los últimos 4 años utilidades mensuales promedio de solo $10 millones, el abogado de Sánchez denunció a Ayala ante la Dian por presunta evasión y lavado de activos con el argumento de que no era claro cómo había logrado la liquidez para supuestamente prestar $1.300 millones en efectivo.

Tres fuentes cercanas a la campaña de Sánchez, le dijeron a La Silla que la sensación que tenían era que la plata venía realmente de los bolsillos de Aguilar, y que estaba utilizando un tercero para cobrarla. 

Pero el tesorero de la campaña le negó a La Silla que esa plata hubiera entrado. Si entró, la campaña no la reportó como era su obligación. 

Así que de cualquier manera la campaña de Sánchez termina sacudida por el escándalo de la letra, porque además de que puso a hablar de plata a quienes la integraron, los deja mal parados a todos por las dudas que se sembraron sobre la contabilidad.

El proceso judicial está en etapa de pruebas y va hasta ahí. Pero este episodio ha puesto desde ya el foco en el concuñado de Aguilar y su relación con él más allá del vínculo personal.

El concuñado

Nelson Ayala Pineda es conocido en San Gil por ser un comerciante que empezó a crecer desde mediados de la década de los 90 como dueño de una empacadora de granos, y luego como propietario del Supermercado Veracruz, el primero que se creó en ese municipio.

Casado con Sandra Milena Barrera, una de las tres hermanas de Mónica Barrera -la esposa de Hugo Aguilar-, Ayala es visto por el círculo que conoce al Coronel como uno de sus hombres de confianza.

Seis fuentes le dijeron a La Silla que fue clave para Hugo Aguilar mientras estuvo preso en la cárcel de San Gil condenado por aliarse con paramilitares para ser Gobernador de Santander de 2004 a 2007.

“Él era como un enlace. Si uno quería una cita con Aguilar él ayudaba. Entregaba razones, devolvía mensajes. Incluso mientras el Coronel estuvo preso, ayudó a mantener unido el grupo político”, le contó a La Silla una de esas fuentes.

Con la duda sembrada sobre el origen de los recursos de Ayala para hacer el supuesto préstamo, La Silla Santandereana revisó el registro de propiedades de Ayala y encontró 33 propiedades a su nombre en Instrumentos Públicos (hay lotes rurales y urbanos, casas estrato 3 y locales comerciales).  De esas, hay dos que le compró al Coronel cuando estaba en pleno juicio por parapolítica y privado de la libertad. 

La primera es la finca de infancia de Aguilar. 

El exgobernador de Santander nació en Chitaraque, Boyacá, y creció en ‘Sevilla’, un predio de 29 hectáreas en una vereda de ese municipio que su exesposa Aida Villa (la mamá de tres de sus ocho hijos) le compró a sus tíos en 1990.

Esa finca pasó a ser propiedad de Aguilar en 1995, tras su separación de Villa, pero en noviembre de 2011, mientras enfrentaba el juicio por parapolítica, se la vendió a Ayala por 22 millones de pesos, según consta en el registro de la tradición del predio.

El mismo día de la venta de la finca de infancia de Aguilar, Ayala también le compró a su concuñado un lote de 300 metros en la zona de expansión de uno de los barrios más ricos de San Gil, por otros $80 millones. 

Ayala  además, le vendió en 2011  ‘Las Gaviotas’ a Socorro Carreño Miranda, su suegra y la del Coronel. Los habitantes de la vereda y varios conocidos de Aguilar creían que esa finca de 40 hectáreas era propiedad del Coronel cuando preguntamos por ella.

La Silla la visitó y encontró que el cercado y el diseño de la entrada es el mismo que el del ‘El Triunfo’, otra finca de 54 hectáreas que también es conocida como ‘la Panachita’.

Socorro Carreño, quien antes de ser la suegra de Aguilar vivía de vender almuerzos en San Gil, también aparece como propietaria de esa hacienda, pero entre políticos y habitantes de los municipios aledaños (San Gil, el Páramo y Socorro) es vista como la casa de descanso del Coronel. En su entrada hay colgada una placa con el nombre de Hugo Aguilar y el logo de su movimiento político ‘Santander En Serio’. 

La Silla intentó obtener la versión de Ayala y de Aguilar pero ninguno se quiso pronunciar pese a que les informamos los temas que queríamos tratar.  

Comentarios (1)

927geo

20 de Mayo

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Qué novela! excelente la investigación de la Silla, pendiente a cómo termina este indignante caso lleno de triangulaciones.

Qué novela! excelente la investigación de la Silla, pendiente a cómo termina este indignante caso lleno de triangulaciones.

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