Por Carlos Hernández Osorio · 12 de Junio de 2017

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La Alianza Verde, que está celebrando 10 años, viene ganando fuerza en Bogotá y en 2018 espera aumentar sus tres curules en la Cámara. Dependiendo de quienes salgan elegidos se mantendrá o terminará la división de un partido en el que, en lo local, hay aliados del alcalde Enrique Peñalosa y de su antecesor y némesis, Gustavo Petro.

Esa fractura, que se cristalizó cuando la mayoría de la bancada en el Concejo anunció su apoyo a Peñalosa, tiene como trasfondo la intención de un sector de quitarle peso a la izquierda en el partido, lo que puede agrietar en la ciudad la estrategia de alianzas que los líderes nacionales piensan aplicar para las presidenciales.

La ruptura Cámara-Concejo

Bogotá es importante para el partido porque su fuerza viene de la Ola Verde, que nació en las campaña electoral de 2010 con el liderazgo de los exalcaldes Antanas Mockus, Lucho Garzón y Peñalosa.

Además, sus dos senadores más votados, Claudia López (81 mil votos) y Antonio Navarro (55 mil), hoy precandidatos presidenciales, fueron elegidos gracias a su importante votación en la ciudad. Y otro más de sus cinco, Iván Name, tiene su fortín en Bogotá.

 

Hoy la bancada en el Congreso, sobre todo la de la Cámara de Representantes, que se alinea más con la izquierda, choca con la mayoría de la del Concejo.

En 2010, cuando Mockus fue el candidato presidencial de los verdes, la lista a la Cámara por Bogotá obtuvo 158 mil votos y 2 curules, de políticos con arraigo en el centro: Ángela Robledo, que venía del mockusismo, y Alfonso Prada, del peñalosismo.

En 2014, tras recibir a los Progresistas de Gustavo Petro y cambiar el nombre por Alianza Verde en un acuerdo que ubicó al partido en la centro-izquierda, la votación para la lista de Cámara subió a 164 mil votos, a pesar de tener en Peñalosa un candidato presidencial menos fuerte que Mockus y más de derecha.

Obtuvo 3 curules: Angélica Lozano, que venía de ser concejal de Progresistas (aunque su agenda es más amplia y tiene que ver con reivindicaciones de corte liberal); Inti Asprilla, hijo del exsecretario de Gobierno de Petro Guillermo Asprilla; y Robledo, que había estrechado vínculos con el Polo y Progresistas.

En el Concejo, aunque el partido también se ha fortalecido, no ha sufrido un cambio ideológico tan marcado.

En 2011 la lista obtuvo 197 mil votos y logró cinco concejales; en 2015 y con los concejales Progresistas incluidos llegó a 255 mil votos y pasó a tener seis curules, pero solo uno de los elegidos, Antonio Sanguino, tiene orígenes de izquierda.

La bancada se metió en la coalición que respalda a Peñalosa y (a excepción de Antonio Sanguino) ha votado a favor los proyectos clave del alcalde.

Los que están con Peñalosa son María Clara Name (hija del senador Verde), Lucía Bastidas (muy cercana a Peñalosa, aunque militó en el Polo), Edward Arias (que tiene origen en el liberalismo), Hosman Martínez (heredero de la fuerza política del exsenador Samuel Arrieta en la Universidad Distrital) y Jorge Torres (mockusiano) que andan en una cruzada para que en el partido pierda peso la izquierda.

“Hemos pedido representación en los órganos directivos, donde hay gente que proviene de Progresistas”, dice Bastidas. Name agrega que, por eso mismo, “hace rato estamos pidiendo la reestructuración de los directorios”.

Y Torres concluye que su pretensión es que el partido “sea decente y de centro”.

Eso generó la fractura con la bancada de la Cámara, ya que los tres representantes han sido muy críticos de esta administración. “Uno entiende que haya diferencias internas, pero debe haber ciertos límites”, dice Asprilla, que, de hecho, está metido en la campaña por la revocatoria.

Lozano agrega: “no les pido oposición, sino independencia. El deber es hacer control político, así apoyen cosas válidas”.

La coexistencia de esas vertientes puede ayudar a atraer votos de distintos matices para la Cámara, donde la gente muchas veces vota por el candidato más que por el partido, pero puede costarle al partido en lo local en su movida para la Presidencia.

Una lista de centro-izquierda

Los tres representantes y cuatro concejales con los que habló La Silla Cachaca coinciden en que la marca verde goza de buena salud porque, a su juicio, ha logrado que la identifiquen con los discursos anticorrupción, de apoyo al proceso de paz, defensa del medio ambiente y transparencia en el manejo de lo público.

Como dice el concejal Torres, “en eso no hay división porque cada uno lo trabaja desde donde esté, sea Congreso o Concejo”.

Lo que se espera de la lista a la Cámara es que sus integrantes defiendan esos puntos, que son de corte nacional, pero hay una disparidad muy grande frente a lo local, empezando por Peñalosa

De los más inclinados a la izquierda y críticos del actual alcalde estará Asprilla, el único de los tres representantes que aspirará a la reelección.

Angélica Lozano saltará al Senado y está en busca de una fórmula que cubra su espacio, mientras que Ángela Robledo se va del Congreso.

En esa línea podría lanzarse (nos dijo que aún no toma la decisión) Julián Moreno, hijo del fallecido exconcejal petrista William Moreno, de la corriente que lidera en el partido el gobernador de Nariño, Camilo Romero.

Y podría estar Sanguino, que está definiendo si se lanza a Cámara o a Senado.

De los concejales peñalosistas estaría Edward Arias, sobrino y tocayo del concejal, que estudia la posibilidad de lanzarse con el apoyo de su tío.

Katherine Miranda, politóloga mockusiana que lideró el campamento por la paz en la Plaza de Bolívar el año pasado y coordinó las juventudes de la ola verde en 2010, nos confirmó que pedirá espacio en la lista. Es esposa del concejal Torres, y Bastidas le dijo a La Silla Cachaca que estaría dispuesta a respaldarla.

Hosman Martínez quiere saltar al Senado, pero en el sonajero aún no se escucha nadie que pudiera ser su candidato a la Cámara.

También se espera que el grupo de los Name defina si lanza un candidato para que sea fórmula del senador Iván Name.

Con esas opciones en el mapa, la meta hacia afuera es conseguir una cuarta curul en esa corporación y hacia adentro es definir hacia qué lado se mueve el partido.

Depende del Ni-Ni

Los verdes anunciaron la semana pasada que Claudia López y Antonio Navarro se disputarán la candidatura presidencial del partido en la convención de septiembre.

Después, si cuajan las conversaciones para una alianza con el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo y el senador del Polo Jorge Enrique Robledo, en las elecciones al Congreso de marzo de 2018 harían una consulta para definir el candidato que le pelee a Germán Vargas Lleras y al que ponga Uribe.

Los cinco concejales que están con Peñalosa (que suman 67 mil votos) ya definieron que apoyarán a Fajardo, y así confirman su distanciamiento de la bancada en el Congreso.

Su eventual apoyo a López o a Navarro si alguno de los dos ganan en marzo dependerá de qué tanta cabida les den a quienes piden más espacio para el centro en el partido.

Pero si el ganador de la consulta es Robledo, sería muy difícil que contara con el respaldo de los cinco concejales. “A mí no me gusta esa alianza electorera con el Moír (el sector del Polo que lidera Robledo)”, reclama Bastidas.

Posiciones como esa muestran, como lo contó La Silla, que aunque la alianza de los Ni-Ni tiene cómo ganar espacio con su apuesta por un candidato presidencial alejado de los partidos tradicionales, se arriesga a perder votos en sus propias bases.

Sanguino, presidente del partido, cree sin embargo que las movidas de los concejales en esta elección presidencial no serán determinantes, debido a que ofrecer un candidato alternativo al uribismo, al santismo y al vargasllerismo atrae un voto de gente cansada de esas opciones “que no necesariamente estará gravitando alrededor de si se está o no con Peñalosa”.

Lo que queda claro es que los resultados de las elecciones nacionales de 2018 definirán si la fractura verde entre Congreso y Concejo se mantiene o toma otro rumbo, y que en campaña harán frente unido sobre temas nacionales pero no sobre los locales.

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