Por Andrés Bermúdez Liévano · 13 de Julio de 2015

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La carrera por la Alcaldía de Manizales, en la que el uribismo se está jugando una de sus cartas más fuertes en todo el país, es mucho más que una pelea electoral. Es la continuación de una larga pelea visceral y económica entre las familias de los dos candidatos más opcionados.

 

Oficialmente es una pelea de primera entre una ficha muy fuerte del uribismo y otra del santismo, que fueron aliados políticos hasta hace apenas unos años: la ex senadora Adriana Gutiérrez -que viene del grupo político de Óscar Iván Zuluaga y Luis Alfonso Hoyos- por el Centro Democrático y el ex alcalde Luis Roberto Rivas por el lado de la Unidad Nacional.

Solo que entre ellos hay otra disputa personal de más hondo calado.

La pelea política

Hasta hace tres semanas, Adriana Gutiérrez era vista como imbatible en Caldas.

La ex senadora y heredera del poderoso grupo político de Hoyos y Zuluaga está de regreso a la política tras ver cerrada una investigación por parapolítica en su contra y haber sido la gerente de la campaña presidencial de su aliado en Caldas.

Su candidatura pinta muy fuerte dado que es bien conocida y que el Centro Democrático arrasó allí hace un año, doblando a Santos en las presidenciales. Para completar, se le unieron el grupo del ex senador conservador Ómar Yepes y el Mira.

A finales de junio, sin embargo, los tres grupos políticos más fuertes del santismo en Caldas le pusieron un gallo de pelea.

El escogido fue Luis Roberto Rivas, un conservador del grupo político del senador Luis Emilio Sierra que ya fue un alcalde popular entre 2005 y 2007.

“Hizo una alcaldía de obras”, es como lo describe una persona que conoce la movida política manizalita. Su obra más recordada es el Cablevía, el teleférico que une el céntrico Parque Caldas con el municipio de Villamaría.

Su escogencia puso fin a varios meses de búsqueda para los grupos santistas de Sierra, Mauricio Lizcano y Hernán Penagos, que ya se habían puesto de acuerdo en el nombre del ex gobernador Guido Echeverri para mantener la Gobernación pero no tenían ficha en la capital. Su carta más fuerte, la ex representante sierrista Juana Carolina Londoño, prefirió quedarse en Bogotá como gerente de Fiducoldex.

Con Rivas, sin embargo, emparejaron la carrera. Además, reabrieron viejas heridas.

Una amistad que se quebró

Curiosamente, los dos candidatos punteros vienen del mismo lado de la política caldense: la 'coalición B' que se enfrentó a la 'coalición yepobarquista' de los caciques Víctor Renán Barco y Luis Guillermo Giraldo (liberales) y Ómar Yepes (conservador), que controló durante 30 años al departamento.

Gutiérrez se enfrentó a ellos como candidata a la Gobernación en 1991, representante y senadora. Y Rivas como uno de los 'Quíntuples', el grupo de diputados que formó el primer grupo de oposición en la Asamblea (junto con el ex senador Jaime Alonso Zuluaga, primo de Óscar Iván).

”Hay mucha gente allegada a la familia. Aunque yo no sé el detalle de qué tenía cada uno”

Adriana Gutiérrez

Ambos son además muy cercanos al ex ministro Germán Cardona, muy querido en la ciudad desde que fue alcalde como líder de una coalición cívica en la que Gutiérrez fue un apoyo desde el empresariado y Rivas su gerente de Infimanizales.

De hecho, Gutiérrez -como senadora y líder de La U en Caldas- fue uno de los apoyos cruciales de la campaña a la alcaldía de Rivas. Y, a cambio, su grupo político recibió cuatro secretarías, la secretaría general, la gerencia de Aguas de Manizales, la del Invama y la de Infimanizales.

Pero esa alianza política y esa amistad se quebró en 2009 cuando estalló en Caldas el escándalo de Integramos S.A., un descalabro financiero que dejó 130 damnificados por unos 9.500 millones de pesos. Y que mojó mucha prensa porque entre ellos estaban figuras de la élite caldense como la ex Miss Universo Luz Marina Zuluaga, la ex gobernadora Pilar Villegas y su hijo el ex congresista Juan Martín Hoyos, o la ex gobernadora Dilia Estrada.

Y también cinco familiares de Adriana Gutiérrez: su esposo Héctor Jaramillo, sus hijastros Pablo y Simón Jaramillo y sus consuegros Beatriz Jaramillo y Julián Echeverri.

Como le reconoció la candidata a La Silla, “hay mucha gente allegada a la familia. Aunque yo no sé el detalle de qué tenía cada uno”.

El escándalo que los separó

El escándalo de Integramos S.A. es un caso tan complejo que el último Supersociedades -Luis Guillermo Vélez- lo describió en 2011 como “el proceso más complicado que hay (...), incluso por encima del grupo Nule y el de Frontino, y no lo digo por el tamaño, porque en cuestión de liquidaciones son mucho más grandes las otras”.

Los Rivas eran dueños de una comisionista llamada Integramos S.A., que buscaba personas que invirtieran en operaciones en la bolsa agropecuaria. El negocio consistía en que, a cambio de financiar negocios de exportación de café, los inversionistas ganaban hasta un 15 por ciento de rentabilidad anual y los Rivas un 3 por ciento de comisión.

En uno de esos negocios, con la empresa Frutales de Cosecha, Integramos consiguió que 130 inversionistas depositaran su plata en la empresa estatal Almagrario y recibieran certificados de depósito de mercancía a cambio. Recibieron ganancias en una ocasión, hasta que otro escándalo dañó el rentable negocio.

En ese momento, dos exportadoras de café locales -Ecocafé y Máximo, propiedad del polémico ex gobernador Mario Aristizábal- emitieron certificados de operaciones de café con Almagrario por más plata de la que tenían en inventario, otro escándalo que generó un duro debate en el Congreso.

Según Rivas, Almagrario agarró entonces la plata de la fiducia de Frutales para llenar ese hueco y luego se quedó sin cómo responderles a sus 130 inversionistas.

El escándalo estalló casi al tiempo que el de DMG y la Superfinanciera intervino la empresa como presunta cabeza de una pirámide que había captado recursos ilegalmente. Después de eso, la Supersociedades intervino a varios familiares de Rivas que estaban en la junta de la empresa y al propio ex alcalde.

Al final, bajo el monitoreo de la Supersociedades, desde el 2013 comenzó a devolverle a 110 personas que habían invertido menos de 60 millones de pesos. A los 20 que pusieron más plata, incluidos los tres familiares directos de Gutiérrez, se les pagó 60 millones. Y el excedente se les devolverá apenas la Supersociedades apruebe un plan de pagos que ya presentó el liquidador y que aprobaron los acreedores, que creará una fiducia con los antiguos bienes de los Rivas que no han sido vendidos.

Rivas argumenta que su familia terminó respondiendo por las deudas de una operación irregular de Almagrario y que nunca vieron un peso de esa plata. Dice que a él lo embargaron pese a que había salido de la junta antes de ser alcalde y que a todos los intervinieron sin siquiera una investigación previa.

En particular, culpa de lo que les pasó a Óscar Iván Zuluaga, que por ese entonces era Ministro de Hacienda y supervisaba tanto a la Superfinanciera como la Supersociedades.

“Movió un dedo para mal. Él apoyó que nos fregaran”, dice el ex alcalde. “Fuimos donde el Supersociedades Hernando Ruiz, quien nos dijo que no sabía por qué se había dado la intervención sino solo que él recibió un llamado de Palacio con la orden. Y que fue donde Óscar Iván a consultarle y que él les dijo que simplemente actuaran como decía Palacio”.

(La Silla intentó comunicarse con Zuluaga pero éste explicó que estaba en la dirección nacional del Centro Democrático y sólo podría hablar más tarde).

De hecho, los Rivas en pleno presentarán en agosto una demanda contra el Estado, liderada por los ex magistrados Jaime Arrubla y Augusto Ibáñez, por los presuntos errores judiciales en su caso.

“Lo fundamental es que se devuelve el 100 por ciento de los dineros a los acreedores”, dice Rivas. No es lo mismo que piensa Gutiérrez, quien insiste en que “hasta que no se venda eso, no se sabe cuánto les van a pagar.

Este escándalo y disputa económica, que había quedado entre la sociedad manizalita, se comienza a convertir en uno de los ejes de la campaña electoral y ya se ha convertido en una estrategia de campaña.

Varios de los familiares de Gutiérrez -incluidos algunos afectados directos- se están moviendo en medios y redes sociales para ligar la campaña de Rivas a ese escándalo.

Sergio Echeverri, el cuñado del hijastro de Gutiérrez, ha trinando que Rivas es un “estafador” y que “no contento con la estafa de Integramos ahora quiere lanzarse de nuevo a la alcaldía de Mazles”. Y su hijastra Lina Jaramillo ha movido en su Facebook el artículo de Semana de 2009 que describe a los Rivas como “los Madoff criollos”, comparándolos con el magnate gringo Bernard Madoff que estafó a cientos de personas.

Su hijastro Pablo Jaramillo apareció en CM& a comienzos de junio, cuando apenas Rivas comenzaba a sonar como candidato, explicando que “llegamos a esa empresa porque la había montado un ex alcalde de Manizales, Luis Roberto Rivas”. (Esa nota, sin embargo, omitió el nombre del entrevistado así como su filiación con la candidata rival).

Adriana Gutiérrez toma distancia de esas acciones y subraya que “tengo una propuesta clara para llegar a la Alcaldía y no necesito acudir a esas prácticas para lograrlo”.

“Eso no es una estrategia de mi campaña y yo les he dicho que no es la mejor manera. Pero es inevitable que los que fueron afectados por un problema tan serio sientan ira y vayan a las redes a divulgar lo que les ocurrió. Eso yo no lo puedo evitar”, le dijo a La Silla Adriana Gutiérrez, añadiendo que “más allá de que paguen, es un tema de conducta”.

Por eso, todo parece indicar que una de las disputas más cerradas entre el uribismo y el santismo la ayudará a dirimir un enconado conflicto familiar.

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