Por Juanita Vélez · 12 de Julio de 2017

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Aunque los homicidios han bajado en casi todo el país, en Caquetá se han disparado desde que las Farc comenzaron a concentrarse en las zonas veredales. En el campo, porque aparte de las disidencias, las Farc ya no median ni para solucionar problemas entre vecinos, ni en el negocio de la coca. Y en Florencia, la capital, su salida de ese negocio ha desatado un enfrentamiento entre los grupos que quieren controlarlo ahora en las zonas periféricas de la ciudad, que era donde se movían sus milicianos.  

Es una situación que muchos pronosticaron que sucedería si el Gobierno no se apresuraba a garantizar el control del territorio que dejara la guerrilla, algo que más allá de sus anuncios, aún no ha hecho.

La nueva ola de homicidios

Contados por la Fiscalía (según cifras del último censo delictivo hasta el 21 de junio) este año en Caquetá han matado a 86 personas. Eso son 23 personas más de las que asesinaron entre enero y junio del año pasado en ese departamento, lo que representa un aumento del 35 por ciento.

 

De los 86, la Fiscalía ha analizado hasta ahora detalladamente 67. De esos, más de la mitad (40) fueron por sicarios ajustando cuentas. Los demás fueron por riñas callejeras, atracos o "crímenes pasionales", según nos dijo el secretario de Gobierno.  

Según el informe de la Fiscalía, la mayoría de homicidios tienen varias cosas en común: se hacen en motos negras que llevan parrillero y con pistolas nueve milímetros; son ajustes de cuentas “por la disputa de la territorialidad de la venta de estupefacientes” y algunas víctimas (nueve hasta ahora) tienen antecedentes judiciales (seis por microtráfico, uno por porte de armas, otro por hurto y otro por violencia intrafamiliar).

En Florencia el problema es muy grave porque ya casi se doblan los asesinatos frente a los mismos seis meses del año pasado. Hasta finales de junio de este año iban 27, cuando el año pasado, sobre la misma fecha, fueron 18.

“Aquí trístemente por la guerra estábamos acostumbrados a los muertos del campo, pero no a los de la ciudad”, dijo a La Silla Sur el concejal del Polo Fidel Prieto.

A pesar de que la alcaldía de Florencia ya sacó hace un mes un decreto prohibiendo el parrillero hombre las 24 horas en el centro y solo de 7 a 5 en el resto de la ciudad,  los homicidios siguen.

Solo este fin de semana mataron a tres personas más.

Sobre esos ajustes de cuentas por disputas por el territorio hay distintas explicaciones.

Una es que como los milicianos llegaron en la fase final del desarme a las zonas a registrarse  y los que tenían armas también fueron a dejarlas y están viviendo ahí, dejaron un vacío como intermediarios en el tráfico de drogas en la ciudad que están llenando otros.

“Esto puede tener que ver con que los milicianos ya no están en las periferias y otros asumen el control”, dijo a La Silla Sur Mauricio Cuellar, el personero de Florencia.

Eso pasa según él en barrios periféricos en los que vivían milicianos como Paloquemao, Palmeras o Idema, donde opera la banda ‘los Catervas’, dedicada a la compra y venta de droga y donde la Policía y la Fiscalía hicieron un operativo hace una semana y capturaron a 14 de sus integrantes.

La otra, según dijo a La Silla el secretario de gobierno de la alcaldía Andrés Álvarez, y que están investigando es que “tenemos información de que hay exguerrilleros que entran y salen de la zona veredal y se encuentran en la ciudad. Estamos viendo si eso tiene que ver con el aumento del sicariato, pero no es algo confirmado”, nos dijo.

En todo caso, es normal que de cualquier zona veredal (como la de Agua Bonita que queda a media hora de Florencia) entren y salgan guerrilleros porque algunos tienen permiso para hacer pedagogía o para ir  a una cita médica y aunque La Silla preguntó a la Policía sobre esa información del Secretario, no recibimos respuesta.

“Hace unas semanas les dimos 15 motocicletas a la Policía para que aumenten la presencia y estamos tratando de articularnos con ellos para hacer un plan de choque y aumentar los operativos”, dijo también a La Silla el secretario Álvarez.

En el campo la situación es más compleja todavía.

Los casos en el campo

En municipios como San Vicente del Caguán, donde hay registrados 14 homicidios, o Cartagena del Chairá, donde van 8, se combinan las disidencias con el vacío de poder de las Farc.

En la zona rural de San Vicente, por ejemplo, la disidencia del frente séptimo liderada por Gentil Duarte, mató a un soldado de una brigada móvil a finales de mayo.

A eso, se suma que “antes para poder cobrar venganza la gente necesitaba del visto bueno de un mando de las Farc y ahora no hay nadie”, dice el personero Cuellar.  

Este lunes, por ejemplo,  en Campo Hermoso, un caserío de San Vicente, mataron a disparos en un billar a Humberto Molina, un campesino conocido como ‘el Pato’. El sicario entró caminando al billar y lo mató en frente de la gente.

Según dijo a La Silla una fuente del Ejército, el sicario era el yerno del muerto y “fue una riña entre familiares”.

“Eso hace un año no pasaba y era porque aquí cualquier problema entre vecinos lo mediaban ellos”, agrega el personero Cuellar.

“Aquí yo veo que es como un tema de limpieza, de ajuste de cuentas porque no están matando a líderes sociales como los del año pasado, ni a campesinos, sino a gente que tiene antecedentes judiciales”, dijo a La Silla la concejal de ese municipio, Nini Johanna Collazos.

En Cartagena del Chairá, según el informe de la Fiscalía, también “hay un grupo delincuencial que al parecer forma parte de una disidencia de las Farc, que baja en altas horas de la noche con el fin de atemorizar a la población civil y traficar el paso de los estupefacientes”, dice el texto.

Casi todas las fuentes con las que hablamos dicen que esta nueva oleada de homicidios era algo que se veía venir luego de tantos años de presencia armada de las Farc. Como dice el personero Cuellar “sabíamos que eso se venía con el posconflicto”.

El Gobierno también lo sabía. De hecho, en septiembre de 2016, en un foro de la Universidad de los Andes sobre Seguridad en el Posconflicto, el Consejero del Posconflicto Rafael Pardo dijo que el primer reto era estabilizar la seguridad en las regiones que antes controlaban las Farc: “La guerrilla va a dejar de estar en 102 municipios en 15 días. En ese tiempo tienen que moverse en 22 municipios y seis zonas de campamentos. Ese es el primer reto, estabilizar esos municipios y es una tarea primordial de la Fuerza Pública que pondrá a disposición miles de hombres. Es evitar que esos territorios que antes eran del control de las Farc sean ocupados por otros grupos armados”, precisó Pardo hace un año.

Así pronosticó ésto que está sucediendo ahora, pero esa promesa de estabilización por ahora no se logra justamente en el sitio que el mismo Consejero presentó en ese foro como un caso de éxito de los Acuerdos de Paz, pues ese mes Caquetá se había presentado el menor índice de violencia en 40 años. 

“Esa es la base de los acuerdos", explicó. "La violencia es el principal enemigo”.  Mucha gente en Caquetá está de acuerdo. 

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