Por Juan Pablo Pérez B. · 01 de Junio de 2017

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Con el aniversario de la intervención del Bronx, el tema de la vida de los habitantes de calle está mojando prensa, pero enfocado en ese lugar y sus alrededores. Sin embargo, en Puente Aranda hay habitantes de calle desde hace años, tanto tiempo que los residentes de la localidad han aprendido a convivir con ellos. Sin embargo, es un fenómeno que ha ido creciendo y está produciendo problemas de convivencia.

En 2011, de acuerdo a un estudio de la Secretaría de Integración Social, Puente Aranda era la cuarta localidad, después de Los Mártires, Santa Fe y Teusaquillo, con más habitantes de calle y, tres años más tarde, la misma Secretaría  mostró que era la localidad en donde había más ‘cambuches’ y ‘parches’ (334 en total).

A pesar de eso la situación no ha tenido mucho cubrimiento.

¿Por qué Puente Aranda?

Para cinco habitantes de la localidad con los que hablamos, una de las causas para que en la localidad haya tantos habitantes de calle es la existencia del Centro de Atención Transitorio, de un hogar de paso y los dos centros Oasis del Idipron.

Y es que para atender a los habitantes de calle la Secretaría de Integración Social y el Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron) cuentan con 13 centros especializados en Bogotá, y cuatro de ellos quedan en Puente Aranda.

La rehabilitación comienza cuando es abordado por un miembro del equipo de ángeles azules de la Secretaría de Integración Social que conversan con el habitante de calle y le cuentan en qué consiste la rehabilitación y sus ventajas. Luego le preguntan si quiere ir a un hogar de paso y, si accede y es mayor de edad, lo llevan a uno de los cuatro que hay en Bogotá. En el hogar, participa en charlas y actividades encaminadas a que transforme su forma de vida y decida si quiere seguir con el tratamiento. Si acepta pasa 15 días en el hogar y luego pasa al centro de atención transitorio, ubicado en Puente Aranda, en donde pasará mínimo 5 meses, recibiendo el tratamiento adecuado para motivar a la persona a que deje de vivir en las calles. Por eso, les hacen tratamientos para controlar la adicción a sustancias psicoactivas, empiezan a buscar a sus familiares y les hacen capacitaciones sobre su alimentación y cuidado personal. Por último, cuando los profesionales encargados ven que han superado esta etapa, pasan a una de las dos comunidades de vida que hay en Bogotá, que son centros en donde continúan con los tratamientos anteriores y se les suman capacitaciones laborales para que aprendan a realizar algún oficio y puedan ejercerlo una vez abandonen el centro. En la comunidad de vida duran entre 9 y 10 meses, dependiento de su velocidad de recuperación. Si es menor la rehabilitación está a cargo del Idipron que la hace con la misma lógica. Cuando acepta seguir con el tratamiento es trasladado a los centros Oasis 1 (para hombres) u Oasis 2 (para mujeres y Lgbti), ubicados en Puente Aranda donde pasan 40 días en desintoxicación Una vez desintoxicados pasan al centro La Rioja, en Los Mártires, donde reciben una capacitación en procesos de emprendimiento. Una vez terminan el tratamiento, entran a trabajar en entidades del Distrito como el Dadep o Transmilenio, con las que el Idipron tiene convenios.

Como la Corte Constitucional dictaminó que los habitantes de calle no pueden ser recluidos y tratados en contra de su voluntad, los que decidan por no seguir con cualquier tratamiento pueden irse a donde quieran. Y por eso, los vecinos de los centros, en los barrios de San Francisco, Brasilia y La Francia se quejan de que por la mañana llegan buses llenos de habitantes de calle de otros lados de la ciudad y, una vez salen de los centros, terminan viviendo en la localidad.

Aunque los vecinos culpan de igual manera a todos los centros por dejar a esta población vulnerable a la deriva, la Secretaría y el Idipron lidian distinto con los habitantes de calle que no continúan con el proceso. Mientras el Idipron, como atiende a menores, los devuelve al sitio en donde fueron recogidos para evitar que les pase algo; en la Secretaría, si los habitantes de calle deciden no continuar con el proceso, no los devuelven en buses sino que los dejan salir a pie.

Otro motivo para que Puente Aranda sea un sitio llamativo para los habitantes de calle es que es una localidad en gran medida industrial, con pequeñas fábricas y negocios que pueden darles material reciclable (como cajas de cartón, plástico y latas de aluminio) que los habitantes de calle suelen recoger para vender a los recicladores. Y, por eso, les resulta cómodo vivir allí.

Uno más es la ubicación: Puente Aranda queda entre Los Mártires y Kennedy, dos de la localidades con más sitios de expendios de drogas en Bogotá, lo que la convierte en un corredor necesario para el tráfico de droga y, de acuerdo al censo del 2011, la mayoría de los habitantes de calle consumen drogas.

Así que en Puente Aranda consiguen de qué vivir y qué consumir.

Aun si esas solo son hipótesis y puede haber otros motivos para la cantidad de habitantes de calle, para los vecinos se trata de un problema que los afecta día a día.

El día a día con habitantes de calle

Según le contaron a La Silla Cachaca cuatro personas que viven en los barrios residenciales de estrato 3 de La Francia y San Francisco, es normal que en las mañanas encuentren habitantes de calle durmiendo en la entrada de sus casas, en los parques y alrededor de los salones comunales.

DIcen que se han acostumbrado a su presencia y llevan a cabo su rutina en medio de cambuches y parches de pocas personas y, a lo largo de la mañana, algunas señoras mayores de 50 años suelen ir a los salones comunales a hacen aeróbicos, aunque estén rodeados de excrementos humanos y colchones.

“A veces cuando los miembros de las juntas de acción comunal (que manejan los salones comunales) se la llevan mal con los habitantes encuentran, por las mañanas, la entrada al salón llena de basura y excrementos”, le dijo a La Silla Cachaca Mauricio Avellaneda, edil del Polo, que ha trabajado a lo largo de su primer periodo en este problema.

Tampoco es raro que mientras están en alguna panadería o restaurante se acerque un habitante de calle a pedirles un poco de comida.

Normalmente están solos o en pequeños grupos de 2 o 3 porque, cuando están en grupos más grandes, la Policía los separa para evitar que se formen cambuches más grandes por el temor, cierto o infundado, de que se conviertan en ollas.

Sin embargo, cuando los habitantes de calle encuentran un techo en donde pueden refugiarse de la lluvia, suelen establecerse allí en grandes grupos. Ese es el caso de una señora que vivía en La Francia y que tuvo que poner una cerca improvisada con palos de madera, cuerda verde y materas -hechas con llantas pintadas de blanco y verde- para evitar que hasta 8 habitantes de calle durmieran alrededor de su casa y que el humo de lo que fumaban dejara de entrar por las ventanas.

Aunque en la localidad todos se enfrentan con este problema, tienen diferentes formas de lidiar con él. Algunos prefieren darles comida pero otros no, pues piensan que con esto no los ayudan de verdad, sino que los motivan a continuar viviendo en la calle.

Los últimos concuerdan con la Secretaría de Integración Social que ha dicho, desde la época de Petro, que no se debe alimentar ni dar limosnas a los habitantes de calle, pues hay centros especializados que les dan comida, baño y, si quieren, los ayudan a rehabilitarse. Además, ha dicho que darles comida los mantiene en la calle, sin razón para ir a los centros de atención, que para la entidad es lo ideal.

“Ellos prefieren la sopa de la vecina a la comida que les dan en los centros”, nos dijo un presidente de una Junta de Acción Comunal que opina que no se les debe dar comida a los habitantes de calle.

En todo caso, según una habitante de San Francisco, hay vecinos que los alimentan pues “tienen miedo de que les vayan a hacer algo y piensan que con comida se los ganan”.

Otro problema que también ha habido en la localidad han sido las riñas que han tenido con los skaters en el Skate Park que queda en la Avenida 6a, al otro costado de la entrada de los centros Oasis. Las riñas han sido porque los habitantes de calle ocupan el parque y sus instalaciones evitando que los skaters patinen con comodidad. En una de esas peleas uno de los skaters fue apuñalado en la mano.

De esta forma, mientras en el 2014  había en Los Mártires 798 habitantes de calle, en Santa Fe 616, en Kennedy 586 y en Puente Aranda 550, sólo la primera localidad ha adquirido fama por este problema, mientras el resto permanecen en el olvido.


Esto muestra que más allá de que a raíz de la intervención del 28 de mayo del año pasado se hayan dispersado los habitantes del Bronx, el problema de habitante de calle lleva años cuajándose y no fue el resultado de acabar con la olla más grande del país.

Comentarios (2)

Silvio Rodríguez

01 de Junio

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Cariñoso jalón de orejas a LSV: es mejor tomarse más tiempo para profundizar en los temas y lograr una impecable redacción y edición, que so...+ ver más

Cariñoso jalón de orejas a LSV: es mejor tomarse más tiempo para profundizar en los temas y lograr una impecable redacción y edición, que solo cumplir la meta de publicar, por publicar. En este caso, a un seductor titular lo sigue un artículo que deja mucho que desear en estos dos aspectos. ¡Nunca olviden que su público objetivo no es la gente del común! A veces pasa...

Silvio Rodríguez

01 de Junio

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Cabe aclarar que Juan Pablo es un excelente periodista y de ahí mi sorpresa por este artículo en particular....No es ahora para cojerlo a sombrerazo...+ ver más

Cabe aclarar que Juan Pablo es un excelente periodista y de ahí mi sorpresa por este artículo en particular....No es ahora para cojerlo a sombrerazos porque como ya lo dije....esto a veces pasa! Estoy seguro que con un día o dos más de profundizar en el tema, J.P. habría logrado un sobresaliente artículo. ¡Ánimo!

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