Por Jerson Ortiz · 13 de Julio de 2017

Estudiantes de la Surcolombiana y la Amazonía en la zona veredal de La Montañita, Caquetá.

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Con las Farc ya sin armas y arrancando una vida colectiva sin ellas, las universidades públicas del sur del país están haciendo un trabajo por pensar el posconflicto desde la academia e incluirlos a ellos. Un esfuerzo que, como ha contado La Silla, ya vienen haciendo otras universidades, y que puede servir para que el proceso de transición de los cerca de 2900 guerrilleros que están en las zonas veredales de Caquetá y Putumayo sea más fácil.

La Surcolombiana de Neiva, Huila, y la Universidad de la Amazonía en Florencia, Caquetá, han llevado a grupos de estudiantes a las zonas veredales para que hablen con los exguerrilleros, van a reformar sus carreras para incluir cátedras, seminarios y talleres sobre construcción de paz y quieren que algunos de sus profesores les enseñen a planear  a los miembros de las Farc los proyectos productivos para los que se supone que cada uno recibirá ocho millones de pesos.

La Silla Sur supo que la Surcolombiana va a becar a los comandantes políticos de las Farc Ramiro Durán (de la zona veredal de la Carmelita en Putumayo), Federico Montes (de la zona veredal de la Montañita en Caquetá) y Daneiro Santamaría (de zona veredal de San Vicente del Caguán) para que hagan una maestría en Conflicto, Territorio y Cultura, un posgrado que lleva diez años y ha graduado a ocho promociones.

La Uniamazonía: una apuesta de arriba hacia abajo

La Universidad de la Amazonía creó a principios de este año la Oficina de Paz en la que trabajan de manera directa diez profesores de diferentes áreas a los que se les liberó de las clases para que se dedicaran de lleno a pensar estrategias de intervención.

La iniciativa fue del rector Gerardo Castrillón y se concretó en febrero con el apoyo de las universidades Nacional y Pedagógica. El rector puso a coordinar esta oficina a Jorge Pulecio, un economista caqueteño que fue secretario de  Desarrollo Económico de la alcaldía de Bogotá de Gustavo Petro.   

“Crear la Oficina fue un gran logro, como un gol olímpico”, dice el profesor Octavio Villa, que fue el que coordinó en las zonas veredales del sur  al grupo de encuestadores que apoyó a la Universidad Nacional para hacer el censo socioeconómico de las Farc, que se publicó la semana pasada.

La Oficina de Paz tiene cinco componentes: generar cultura de paz, proyectar carreras de pregrado y posgrado que aborden temas de paz, hacer pedagogía externa e interna de los acuerdos, crear un centro de pensamiento, y recuperar la memoria histórica del conflicto.

Lo de la cultura de paz lo coordina el profesor Oscar Florez y se hace con la emisora de la Universidad, que transmite en FM y tiene cobertura en Florencia. De lunes a viernes hay un programa que va desde las 8 hasta las 10 de la mañana y en el que se le explica a los caqueteños cómo va el proceso de paz. También se generan debates de opinión donde los oyentes entran a ser panelistas.

“Tenemos una comunidad con diferentes voces y por eso es importante generar un conocimiento serio alrededor de los procesos”, añade el profesor Villa.

Lo de estructurar talleres, diplomados, carreras y maestrías con temas de paz lo hacen de la mano de la universidades Nacional y Pedagógica, pensando en que las cursen exguerrilleros, exparamilitares y quienes hayan participado del conflicto.

Universidades de España, como la de La Experiencia, también han mostrado interés en asociarse con la Amazonía para crear observatorios que le hagan seguimiento a la implementación de los acuerdos.

“Curiosamente en el exterior sí creen lo que nosotros no, que el acuerdo sí fue posible”, añade el profesor Villa.

Como la Oficina de Paz está recién creada no tiene presupuesto ni estructura administrativa. Pero el rector Castrillón ya se comprometió a que en el 2018 le va a meter plata y más personal.

Mientras tanto la Oficina ha contado con el apoyo de los estudiantes que son los que han hecho la intervención en las zonas veredales con talleres de danza, pintura y jornadas de recreación.

“Se trata de vincular a los estudiantes y romper esas barreras que ha puesto el mismo conflicto. La Universidad no puede pensar en paz sino la implementa desde su interior”, dice Karina Valderrama, representante de los estudiantes en el Consejo Superior Universitario.

Ella dice que el choque cultural en los encuentros con los guerrilleros fue complejo para los estudiantes porque llegaban con predisposiciones. “Pero salían con la imagen de que en esas zonas hay unas personas con orígenes campesinos, que tienen una disciplina, y que ahora están pensando en cómo vivir en colectivo”, dice Karina.

“Allá lo que uno percibe de los guerrilleros es un sentido de pertenencia de una región que los había desconocido. Fue muy bonito ver cómo ellos están esperanzados en el inicio de  una vida civil legal, lo que ellos menos esperan es que regrese el conflicto”, añade Villa.

Precisamente como una estrategia para empezar a reconocer a los guerrilleros como parte de este territorio, la Oficina se inventó el ‘Correo de la Reconciliación’: estudiantes de la universidad intercambian cartas con los guerrilleros en las que invitan al acercamiento, el reconocimiento mutuo, al perdón y la reconciliación.

La Surcolombiana: una apuesta de abajo hacia arriba

A diferencia de la Uniamazonía, en la Universidad Surcolombiana no hay una oficina o programa que articule las iniciativas de paz pero hay esfuerzos de estudiantes y profesores.

Por ejemplo la Federación de Estudiantes Universitarios armó después de una convocatoria pública  en marzo un equipo de voluntarios con el que hizo una visita a la zona veredal de Montañita en Caquetá en semana santa.

Esa vez hicieron talleres de historia sobre los hitos del conflicto, les explicaron a los guerrilleros cómo hacer proyectos y les dieron cátedras sobre economía solidaria. Además les dieron a entender cómo funciona la institucionalidad que les espera en su vida civil.

Los 54 estudiantes que hicieron parte de esa expedición son de carreras como administración de empresas, derecho y ciencias políticas. Y como ya hicieron el ejercicio  están organizando una segunda brigada para finales de julio, esta vez con apoyo institucional.

“Con la primera salida demostramos que teníamos mucho por hacer y eso motivó a que docentes y administrativos mostraran el interés de ayudarnos para la segunda, esta vez vamos a ir con sociológos, licenciados, abogados para profundizar lo que se hizo en semana santa”, dice Juan Garay, coordinador de la FEU.

Con la firma de un convenio con la Universidad  también esperan que se puedan crear semilleros de investigación, pasantías y prácticas profesionales enfocadas a la implementación de los acuerdos.

Mientras estudiantes y directivas se ponen de acuerdo, la Surcolombiana abrió el espacio para que Ramiro Durán, Federico Montes y Daneiro Santamaría, comandantes políticos de las Farc, hagan parte de la maestría de Conflicto, Territorio y Cultura que dirige el profesor William Fernando Torres.

Esta Maestría forma investigadores para que establezcan los impactos de los conflictos político-militares en la región y en consecuencia propongan alternativas a los mismos.

“El compromiso es que ellos cuenten y ayuden a entender los problemas sociales de los territorios en donde están. La tesis de grado va a tener sus versiones sobre la guerra, lo cual nos va a permitir hacer un relato a varias voces sobre lo que pasó durante estos 50 años de conflicto”, señala el profesor Torres.

Para hacer parte de la Maestría, que es el fruto de más de 30 años de investigación que ha adelantado Torres sobre los procesos sociales de la región, Durán, Montes y Santamaría, hicieron una solicitud a la Agencia Nacional de Reincorporación.

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