Por Juanita Vélez · 14 de Febrero de 2017

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El jueves pasado, que era el día del periodista, se abrió la convocatoria de ‘Radios Comunitarias para la Paz y la Convivencia’ una iniciativa de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, el MinTic y el ministerio de Cultura, que busca que con 600 millones de pesos que donó la Unión Europea, 50 emisoras comunitarias escogidas por un jurado reciban plata para hacer historias sobre el aterrizaje de los acuerdos y su trabajo se difunda en otras 400 emisoras.

Aunque es una inversión enorme, es apenas un primer paso en un país donde la mayoría de sus regiones no están bien informadas y el panorama de los medios es complejo. 

Un país silenciado

En un estudio recién publicado Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, “Silencioff ¿las regiones tomarán la palabra?” una de las conclusiones de la Flip es que Colombia es un país con regiones silenciadas.

 

Luego de investigar cómo está el periodismo en 220 municipios de nueve departamentos golpeados por el conflicto (Guaviare, Putumayo, Chocó, Casanare, Cauca, Caquetá, Bajo Cauca, Catatumbo, Nariño, Amazonas y Vichada) encontraron que en 52 municipios no hay un solo medio.

Por cuenta de eso, más de dos millones de personas se quedan sin saber qué pasa en su región más allá del voz a voz.

Por eso el reto más grande fuera de empoderar a las emisoras comunitarias que ya existen, es lograr que se creen nuevos medios en lugares donde la guerra no ha dejado que haya ni televisión, ni periódicos, ni cabinas de radio.

Además, según el estudio, la mayoría de periodistas que entrevistaron no tenían un contrato y les pagaban menos del salario mínimo.

El acceso a internet también es preocupante. Aunque en esos departamentos hay más de cinco millones de habitantes, un poco más de 200 mil -sólo el ocho por ciento- tienen internet.

Y para los medios de esas regiones, la velocidad para subir algún contenido es a paso de tortuga. En Chocó y Amazonas, por ejemplo, se demora cien veces más tiempo cargar una página y publicar una historia que en Bogotá.

De los 447 medios que en total mapearon, 261-más de la mitad- son radios comunitarias que sobreviven con las uñas, sin plata y sin equipos.

En la Costa Pacífica, emisoras comunitarias como ‘Tumaco Stereo’ sobreviven con equipos viejos y cruzando los dedos para que sus programas no se interrumpan por los constantes apagones eléctricos.

Fuera de eso, de los 447, 41 son emisoras de la Fuerza Pública. El dato sería chiquito si no fuera porque en Guaviare, el Bajo Cauca, Vichada y Amazonas son más las emisoras del Ejército y la Policía que las comunitarias.

En total, contando las comunitarias que son de ellos, la Fuerza Pública tiene 86 emisoras (17 de la Marina, 33 del Ejército, 34 de la Policía y dos de la Fuerza Aérea) que tienen un alcance entre 300 y mil kilómetros. Diez veces más que el alcance de una emisora comunitaria, que a duras penas cubre un casco urbano completo.

Y peor aún: hay municipios donde el único medio es el de ellos como pasa en Caloto, Guapi y Miranda en el Cauca, Solano en Caquetá o Cumaribo en Vichada.

Esa militarización de la radio muestra, como dice el informe, que en las zonas de conflicto: “primero está la guerra que la información para los ciudadanos”.

“Si logramos que poco a poco esas emisoras que se usaron por años como instrumentos de guerra pasen a manos de civiles, eso sería un cambio enorme en la forma en la que el país se cuenta por radio”, dijo a La Silla Jonathan Bock, que hizo parte el estudio de la Flip.

Encima de todo, como la mayoría de los medios estudiados son chiquitos y no tienen como financiarse, se vuelven dependientes de la pauta de las alcaldías del municipio y les prestan los micrófonos por una o dos horas a los funcionarios o policías para que hablen de sus logros, perdiendo total autonomía.

Por eso una de las recomendaciones que hace el estudio es que aparte de la plata, tiene que haber apoyo técnico a largo plazo.

“El mayor reto es cómo hacer para que las radios comunitarias compitan con los medios comerciales a largo plazo”, agregó Bock.

De ahí que lo que se propone la Oficina del Comisionado de Paz y que arranca ahora con esta donación de la Unión Europea, sea una tarea difícil porque implica acabar con un silencio que por décadas de guerra ha tenido a muchas regiones del país mal informadas.

 

Comentarios (2)

José Saramago - 0

15 de Febrero

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Ojo: “Pirry” y sus investigaciones periodísticas fueron silenciadas, corrupción en Córdoba, en La Guajira, y el tema de tierras que vinculan al senador Lizcano hacia parte de su primer programa ya hecho, pero que ni si quiera lo dejaron estrenar. Eso es silenciar. Ojalá y esa investigación de “Pirry” se difunda por otro lado, para evaluar los hechos y opinar al respecto. 

Fernando Quintero Rivillas

17 de Febrero

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"Aunque es una inversión ENORME", dice La Silla en su segundo párrafo en referencia a los 600 millones de pesos donados por la Unión Europea. Pifia. La verdad es que se trata de una miseria a distribuir entre 50 emisoras para cubrir una investigación que debe arrojar no sé cuántas horas de programas al aire. El gobierno pretende hacer patria çon mendrugos que arroja a las radios comunitarias!

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