Por Juanita Vélez · 26 de Julio de 2016

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Este domingo las delegaciones de Gobierno y Farc presentaron el acuerdo de la subcomisión de género de La Habana. Un texto que, según le dijo una mujer víctima de violencia sexual a La Silla, “nos emociona mucho. Ahora el reto es que eso aterrice como se debe.”

Lo que se contó el domingo es que todo lo que se había acordado hasta ahora en la Mesa (los acuerdos de desarrollo rural, participación política, drogas ilícitas, víctimas y fin del conflicto) ,va incluir un enfoque de género. Eso significa reconocer los derechos de las mujeres viéndolas como un grupo particular.

 

“Lo que más me emociona es que aquí, además de contemplar a la mujer víctima de violencia sexual, se habla también de la mujer que raspa coca, la que no tiene cómo mantener su tierra. Mejor dicho, lo de este domingo quiere decir que todo lo que se acuerde tiene que pasar por la mujer”, explicó Adriana Benjumea, directora del centro de estudios para la defensa de los derechos humanos ‘Humanas Colombia’, y una de las participantes de las discusiones en La Habana.

Para la Red Nacional de Mujeres, la Corporación Humanas y la Red de Víctimas y Mujeres Profesionales, entre otras organizaciones, éste acuerdo es el resultado de una historia de pequeñas victorias que fueron construyendo un triunfo muy grande: este es el primer proceso de paz que ha incluido un enfoque diferencial.

Por lo menos eso creen Adriana Benjumea, de 'Humanas Colombia' y Beatriz Quintero de la Red Nacional de Mujeres.

El largo camino

“Poco a poco hemos conquistado grandes cambios en el discurso, en la forma como se ve la mujer guerrillera y la mujer víctima a sí misma”, dice Quintero.

La primera victoria fue darle participación a mujeres en la Mesa como plenipotenciarias.

La segunda fue lograr que se creara en septiembre de 2014, dos años después de que arrancaran los diálogos, una subcomisión de género que se encargara, con delegados del Gobierno y la guerrilla, de incluir las voces de las organizaciones de mujeres.

Desde allí, esas organizaciones jugaron un papel clave en presionar y las dejaron sentarse a discutir con los negociadores cara a cara, algo que no fue fácil porque cuando se creó esa subcomisión ya habían salido los puntos de desarrollo rural, participación política y drogas.

Como le contaba a La Silla Quintero, gracias al trabajo de mujeres de las Farc que no eran plenipotenciarias, al de María Paulina Riveros (delegada del Gobierno) y Victoria Sandino (delegada de las Farc), lograron que los puntos que faltaban en ese momento (víctimas, fin del conflicto e implementación) se abordaran pensando en la mujer.

Y que en los que ya estaban acordados, se empezara un trabajo para hacer recomendaciones y luego incluirlas en el texto, que es justamente lo anunciado el domingo.

Para lograr eso se hicieron tres reuniones entre representantes de más de 18 organizaciones de mujeres y comunidad Lgbti, con expertas de violencia sexual, representantes de ONU Mujeres y todos los miembros de la Mesa de La Habana, incluyendo a Humberto De La Calle y Sergio Jaramillo del lado del Gobierno y a Timochenko e Iván Márquez, del lado de las Farc.

Pero quizás la reunión más definitiva, según le dijeron a La Silla dos fuentes que participaron del proceso fue la que se hizo en abril de 2015 con mujeres de las Farc.

Esa fue una reunión especial para discutir sobre la violencia sexual, en la que participaron casi diez organizaciones de mujeres víctimas y exguerrilleras.

“Ahí entendimos el drama común de la guerra. Y fue muy importante porque ayudó a que ellas (las mujeres de las Farc) vieran que no estábamos poniéndole una talanquera al proceso y que estábamos ahí sentadas para hablar de todas esas huellas del conflicto en nosotras.”, explica Beatriz Quintero.

También porque, en esa reunión, la Red Nacional de Mujeres, Sisma Mujer y el centro ‘Humanas Colombia’ llevaron lo que ellas llaman “las cinco claves”.

Eran cinco lineamientos que para esas organizaciones eran necesarios en el Acuerdo FInal: justicia, reparación, comisión de verdad, desescalamiento y garantías de no repetición.

Luego de esa reunión, esas organizaciones mandaban documentos a la subcomisión y desde Colombia, como contó La Silla, organizaciones como la “Red de Víctimas y Mujeres profesionales” se dedicaron a hacer jornadas de denuncia en siete regiones del país y a recopilar la documentación de más de mil casos de violencia sexual en el conflicto, para presentarlos en la Jurisdicción Especial de Paz.

Ese camino fue el que dio como resultado el comunicado del domingo pasado y, como le dijo a La Silla la representante de ONU Mujeres en Colombia que participó en todas esas discusiones,  Belén Sanz, que “La Mesa hiciera un acto simbólico que le dió estatura al tema de género”.

“Las mujeres de las Farc llegaron vestidas el domingo como si fueran a una fiesta. Estaban celebrando algo a lo que tanto ellas como nosotras le pusimos todo el corazón”, agrega Beatriz Quintero.

Lo bueno y lo que falta

En lo anunciado el domingo hay tres avances que reconocen todas las mujeres con las que habló La Silla.

El primer objetivo alcanzado está en el punto de desarrollo rural.

“Se logró no solo que la mujer campesina tenga acceso a la tierra, sino que además pueda mantenerla con créditos especiales, porque lo que pasa muchas veces es que les restituyen su predio, pero como están endeudadas, lo pierden”, le explicó a La Silla Adriana Benjumea.

“La idea es hacer un censo en el que se priorice el acceso a tierras de las mujeres campesinas”, contaba también Beatriz Quintero.

El segundo avance es en el punto de justicia.

Aunque en él ya se había pactado que la violencia sexual es un delito no amnistiable, ahora la Comisión de Verdad tendrá una sala especial de género y la Jurisdicción Especial de Paz creará un grupo de investigación dedicado a analizar los casos en los que existan delitos contra mujeres, niños y la comunidad Lgbti.

Esa fue una propuesta de las organizaciones de mujeres que la Mesa terminó acogiendo. “Es clave porque se reconoce que hay una verdad de género”, dice Quintero.

“Para nosotras saber que vamos a ser oídas en una sala especial es algo indescriptible, porque es que el derecho más negado de las mujeres en esta guerra ha sido el de la justicia”, dice Maria Eugenia Cruz.

El tercer logro está en drogas ilícitas, donde habrá una atención diferenciada para hombres y mujeres.

“En el campo los que raspan no solo son los hombres y se reconoce que la mujer también ha hecho parte de esa cadena y tiene que tener una atención diferenciada”, dice Benjumea.

Sin embargo, ese avance empieza a mostrar los límites de lo alcanzado, pues en el acuerdo no se dice en qué consistiría esa atención diferenciada. De hecho, ese es un problema común a todo lo alcanzado en género.

Además de esa interrogante, en participación las organizaciones de mujeres sienten que el acuerdo se quedó corto.

Aunque el comunicado del domingo dice que se “promoverá la participación en espacios de representación y de toma de decisiones”, no se habla explícitamente de paridad.

“En eso el acuerdo es muy retórico y le faltan dientes. Está muy bien que diga que debe haber participación porque esa es una deuda. Pero no dice ni cómo, ni cuándo ni si esa participación será igualitaria o no”, dice Quintero.

“La Mesa tomó la decisión de no incluir medidas de cuotas paritarias y yo creo que no es un problema de voluntad política, pero sí es un hueco en el acuerdo”, agrega Belén Sanz de la ONU.

Para aterrizar eso, las mujeres tienen todavía esperanzas en los puntos pendientes.

Por ejemplo, como falta saber cuál será el mecanismo exacto para elegir los miembros de la Comisión de Verdad (el Gobierno y las Farc solo acordaron que se hará a través de un comité de escogencia que se elegirá antes del Acuerdo final) y cómo se elegirá a los miembros del comité de seguimiento y monitoreo de sus recomendaciones, esperan que por lo menos ahí sí se garantice una presencia paritaria de hombres y mujeres.

Aunque esos puntos siguen pendientes, las organizaciones de mujeres sienten que ya ganaron. Sin embargo, también tienen claro es que la lucha más difícil no fue la que libraron dentro de la Mesa, con esas pequeñas victorias sumadas. Para ellas, el gran reto es afuera, cuando la paz se firme

“Ahí es cuando vamos a tener que demostrar de qué estamos hechas las mujeres. Porque hemos resistido cincuenta años de guerra en nuestros cuerpos. Y resistimos para ver éste momento”, concluye María Eugenia Cruz.