Por Ana Karietna León Quiroga · 05 de Marzo de 2017

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Aunque a Cúcuta le quedan cinco años del plan de saneamiento fiscal para curar sus finanzas, desde que llegó a la alcaldía, César Rojas volvió a endeudar el municipio. En 2016 infló el presupuesto y generó déficit de $29 mil millones,  y este año lo arrancó con la idea de endeudarse en $265 mil millones y cobrarles a los ciudadanos $235 mil millones más por valorización.

El inicio

Desde que arrancó su administración, César Rojas ha tratado de muchas formas de conseguir la plata para financiar los 29 megaproyectos que prometió en su plan de desarrollo (entre los que se encuentran miradores turísticos como el de la virgen de Fátima, un parque de atracciones mecánicas y una vía paralela al malecón) que suman cerca de $748 mil millones, cifra que equivale al presupuesto de todo un año de la ciudad.

 

Su primera jugada fue la venta del 19 por ciento del espacio público, con la que pensaba recaudar $300 mil millones, que se le quemó en la puerta del horno cuando la Procuraduría se metió, los concejales se asustaron y no le dieron facultades para concretarla.

Al tiempo, Rojas intentó cobrar la plusvalía, con la que los ciudadanos le reconocen al Estado lo que éste hizo para valorizar sus predios. Con ella esperaba recaudar otros $300 mil millones y aunque el Concejo le dio vía libre, la polémica no tardó.

La Opinión denunció que los avalúos, que son la base para cobrarla, eran presuntamente irregulares; en diciembre un juez ordenó suspenderlo porque la contribuación no estaba bien formulada; y la presión fue tanta que hace dos semanas Rojas se echó para atrás.  

Por eso a Rojas le quedó la valorización, una de las cartas que anunció desde que arrancó su administración y con la que espera recaudar $235 mil millones; y puso a jugar el comodín de un crédito por $265 mil millones para hacer las otras megaobras que prometió, que ya le avaló el Concejo.

Si bien las dos ventanas que abrió son el salvavidas para cumplir sus promesas, no tiene fácil materializarla.

 

Volvió a colorear de rojo los números

 

En el 2009 el Ministerio de Hacienda le puso la lupa a las finanzas de Cúcuta y la sometió a un plan de saneamiento fiscal porque entre 2006 y ese año los entonces alcaldes Ramiro Suárez, preso por el homicidio de un abogado, y María Eugenia Riascos, lo llevaran a un déficit que alcanzó a $173 mil millones.

Por eso en 2010 refinanciaron $60 mil millones de deuda y le dieron un plazo para pagarlo por cuotas que finalizarán en 2021.

Si bien ese plan sirvió para que las deudas no ahogaran al municipio, también lo obligó a apretarse el cinturón. Más porque el compromiso era no endeudarse y racionar el gasto para evitar que el déficit creciera.

Esa última condición se cumplió hasta 2015, y cuando el municipio tuvo un superávit de $32.851 millones, pero con César Rojas las finanzas nuevamente empezaron a irse a pique.

La curva descendente inició cuando Rojas le solicitó al Concejo en enero de 2016 que aumentara el presupuesto que le habían dejado aprobado en una tercera parte -$243 mil millones- , basado en plata que no tenía.

Según le dijo al Concejo el incremento, que le permitía gastar $925 mil millones más en 2016, estaba soportado en el recaudo de la cartera morosa de los últimos cuatro años ($175 mil millones) y que en 2016 más contribuyentes pagarían impuestos. Como históricamente el 69 por ciento de los cucuteños no pagan impuestos y el recaudo anual es de $154 mil millones, las dos cosas le daban para gastar más de $300 mil millones.  

“Pensamos que haciendo estrategias de recaudo íbamos a aumentar mucho. Era un sueño nuestro que teníamos de que sí se podía recoger la plata que era”, le dijo a La Silla Darwin Clavijo, exsecretario de Hacienda de Cúcuta.

Pero eso nunca pasó y, según cifras de la Secretaría de Hacienda, de los $118 mil millones que pretendían recaudar por el impuesto predial colgado, apenas recaudaron $13 mil millones.

Desde marzo la administración municipal vio que la meta era exagerada y congeló $167 mil millones del presupuesto “con el fin de mantener el equilibrio presupuestal, en cumplimiento del decreto 0692 de 2014 (saneamiento fiscal)”, y en septiembre decidió recortar $117 mil millones definitivamente porque “los recaudos que se esperan no son suficientes para financiar los gastos autorizados”. Pero no fue suficiente porque el municipio cerró el 2016 con un hueco de $29 mil millones.

Esa deuda principalmente nació por programas de educación ($5.300 millones), transporte ($1.100 millones), agua potable ($1.600 millones), población vulnerable ($3.900 millones), seguridad ($3.800 millones) y fortalecimiento institucional ($6.700 millones).

Según cuatro concejales que hablaron con La Silla el déficit solo se destapó en enero, cuando Rojas le pidió al Concejo que le aprobara una nueva adición al presupuesto por $45 mil millones.

Lo ideal hubiera sido que el cierre del hueco quedara en al presupuesto de 2017, que fue aprobado en diciembre y que también espera un recaudo de impuestos de $232 mil millones  -$80 mil más que el promedio anual-, recaudo nuevamente sustentado en recuperar la cartera del predial.

Si bien el proyecto fue aprobado, uno de los cinco concejales que no votaron a favor le dijo a La Silla que lo sensato hubiese sido apretarse el cinturón y disminuir los gastos; sin embargo, según el concejal Víctor Suárez, quien hace parte de la coalición de Rojas, este año hay mayores expectativas de alcanzar el recaudo.

Para lograrlo la Alcaldía dió un 60 por ciento de descuento a los intereses de los deudores morosos hasta mayo.

En todo caso, como Cúcuta sigue sometida al plan de saneamiento fiscal, si el Minhacienda se da cuenta del desfase, según dos concejales, podrían intervenirlo.

“Si llega el mes de junio, que es cuando el Ministerio de Hacienda le hace seguimiento al plan de saneamiento, y el déficit sigue ahí, corremos el riesgo de que intervenga el municipio”, dijo uno de ellos.

No obstante, en lo que va de año y según la Secretaría de Hacienda, el recaudo de la cartera del predial de 2016 va solo en $9.019 millones, y el de los años anteriores en solo $2.570 millones.

Lo que tiene en contra

Además del déficit que puede terminar frenando su inversión, Rojas la tiene cuesta arriba con los dos mecanismos que le quedan para conseguir plata: la valorización y el multimillonario crédito.

Por un lado, la valorización es una contribución adicional, y como a ningún ciudadano le gusta darle plata al Estado, los opositores de Rojas capitalizaron la movida y la sumaron a los argumentos con los que están promoviendo la revocatoria.

Aunque en la administración y su coalición en el Concejo han defendido el cobro diciendo que durante la administración Suárez, padrino político del hoy alcalde, se pudieron hacer obras gracias a la valorización, eso también les ha jugado en contra en la medida en que solo este año los cucuteños están terminando de pagar la valorización de Suárez.

Eso, sumado a la crisis de desempleo que atraviesa Cúcuta y el cierre de la frontera, ha aumentado el rechazo.

Si bien el crédito por hasta $265 mil millones no tiene ese desprestigio entre los ciudadanos de a pie porque no les pega directamente al bolsillo, se enredó con la frenada de la plusvalía, porque Rojas había planteado pagarlo con la mitad del recaudo de los impuestos predial y de industria y comercio durante los próximos quince años, más toda la plusvalía. Si ella se quedó sin respaldo para llegar a los bancos.

Además, hay críticas por las consecuencias que le traería al municipio un endeudamiento tan alto.

Con las cosas como están, Rojas sigue con el camino cuesta arriba para cumplir sus promesas de campaña y, si sigue por dónde va, si logra la liquidez para arrancar las obras también empezaría a jugar a una ruleta rusa financiera.

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