Por Juan Pablo Pérez B. · 29 de Marzo de 2017

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En mayo se cumplirá un año desde que el Secretario de Salud, Luis Gonzalo Morales, decidió terminar los contratos que tenía con 44 empresas privadas que ayudaban a prestar el servicio de ambulancias en Bogotá, una decisión que trajo problemas en el cubrimiento de emergencias que solo se van a resolver el próximo semestre.

La Secretaría de Salud tiene pensado presentar un proyecto de acuerdo para que las ambulancias dejen de ser contratadas a privados y que, en vez, el servicio de ambulancias públicas del Distrito lo maneje una entidad de economía mixta sin ánimo de lucro y control público.

Es decir, la respuesta de la administración de Enrique Peñalosa muestra que no es enemiga de lo público, por más que vaya a privatizar la ETB.
Con ello aspiran organizar el sistema para mejorar el tiempo que se demoran las ambulancias en llegar y acabar con los problemas que hacen que hoy en día las ambulancias se demoren tanto en atender una emergencia.

El cambio y sus líos

Hasta el cambio de finales de mayo del año pasado, las empresas que contrataba el Distrito debían cubrir todas las emergencias que les dijera el Centro Regulador de Urgencias y Emergencias (Crue) que, a su vez, recibía las llamadas a través de la Línea 123. Pero eso no funcionaba.

Como contó El Espectador el año pasado, de las 800 mil llamadas que recibió el 123 en 2015, sólo 21 mil fueron de situaciones críticas y, de éstas, sólo el 3 por ciento, unas 600, eran problemas que le competían del Distrito porque habían ocurrido en el espacio público, como indundaciones o accidentes de tránsito.

Las otras más de 20 mil eran emergencias en lugares privados, que deben ser cubiertas por las EPS .

Pero las ambulancias en muchas ocasiones igual van y por eso, según la Secretaría de Salud, entre 2010 y 2016 el Distrito se gastó más de 250 mil millones de pesos en emergencias que debían haber atentido las EPS.

Eso fue lo que llevó a Morales a terminar los contratos y dejó a la ciudad en una transición que todavía no termina, pues 80 de sus 174 ambulancias dejaron de funcionar. De esta forma, las únicas ambulancias que quedaron funcionando fueron las del Distrito.

Esa reducción en el servicio fue la culpable, según los representantes verdes Ángela María Robledo e Inti Asprilla, de la muerte de Ramón Montaño, un hombre de 57 años, que murió en Kennedy tras esperar una ambulancia durante tres horas.

El hecho le costó al Secretario de Salud, Luis Gonzalo Morales, una denuncia de los dos congresistas ante la Fiscalía por la falta de un plan de contingencia.
Un plan que todavía no existe.

Los líos que continúan

Si una persona llama al 123 y dice que necesita una ambulancia, los operadores del 123 la remiten al Crue. Allí la recibe por un médico que la evalúa y decide si se trata de una emergencia que amerita el envío de una ambulancia.

Y es aquí donde empiezan los problemas.

Hoy hay 631 ambulancias operando en Bogotá, unas son 120 públicas y las más de 500 restantes son privadas.

Sin embargo, esto no significa que todos los días circulen 120 ambulancias para atender las emergencias que ocurren en espacios públicos.

Según Morales, circulan entre 90 y 100 ambulancias que se dividen en puntos estratégicos alrededor de las cuatro subredes en las que su secretaría dividió el sistema de salud de la ciudad: Norte, Sur, Centro-Oriente y Sur-Occidente.

Las restantes suelen estar fuera de servicio por mantenimiento o trámites administrativos varios.

Lo cual significa que si en Bogotá hay en promedio 8 millones de habitantes, hay 1 ambulancia por cada 80 mil personas. Esto está por debajo de los estándares de la OMS que establece que debe haber 1 ambulancia por cada 25 mil personas.

En teoría una ambulancia debe demorarse entre 7 y 12 minutos. Sin embargo, éstas suelen demorarse, de acuerdo a lo que nos dijo la Secretaría, 21 minutos en promedio.

Ésto si tienen la fortuna de llegar y no pasa lo que le pasó, hace una semana, al magistrado Eyder Patiño.

Como le explicó el concejal de Cambio Radical Julio César Acosta a La Silla, las ambulancias suelen demorarse por dos razones fundamentales. La primera es que hay muy pocos vehículos que atiendan las emergencias que llegan al Crue, y la segunda es lo que se conoce como ‘encamillaje’.

El encamillaje consiste en que cuando ambulancia llega, con un herido, a un centro de salud es muy común que en éste no haya camas disponibles para atenderlo. En efecto, de acuerdo a un Derecho de Petición que presentó el concejal Acosta, el año pasado se registró una tasa de encamillaje del 62,7% por la sobreocupación en los servicios de urgencias. Esto significa que, de las 111 ambulancias que recorrieron las calles de Bogotá en el 2016, 69 no pudieron atender una emergencia por estar parqueadas atendiendo a un paciente a las puertas de un centro de salud.

Una vez llega la ambulancia al lugar del accidente pueden aparecer otros problemas que crea la estructura misma del sistema.

Uno de estos problemas es que, como contó El Espectador, muchas veces llevan a los pacientes a las clínicas que les pagan por ellos, pues luego le cobran a las EPS por atenderlos.

Por eso, el año pasado, se reportó, en Bogotá, el caso de un conductor y una enfermera a los que la Clínica Medical Pro Info les pagaba en efectivo según del número de heridos que llevaban. Como cuenta El Espectador, el problema de esta práctica, que es comúnmente conocida como el Cartel de las Ambulancias, es que esta ambulancia, en vez de llevar al paciente a Medical Pro en un recorrido en el que se demoraron 25 minutos, hubiera podido llevarlo al Hospital de Kennedy que se encontraba a tan sólo 10 minutos del lugar del accidente.

A esos problemas se suma un riesgo grande.

Pese a que la Secretaría asegura que cuenta con carros suficientes, acepta que se quedarían cortos en caso de una emergencia de grandes escalas (como por ejemplo un terremoto), pues 100 ambulancias son muy pocas para los casi 8 millones de habitantes que tiene Bogotá.

Sin embargo, para este tipo de emergencias el Ministerio de Salud va a sacar un Decreto, conocido como el SEM (Sistema de Emergencias Médicas), con el que se piensa regular a las ambulancias públicas y privadas para que todas tengan las mismas condiciones.

Este Decreto también le permitirá al Estado, ya sea a nivel municipal o distrital, disponer de las ambulancias privadas en caso de una catástrofe a gran escala.

Los planes de la Secretaría para mejorar el servicio

Para mitigar esos problemas es que Morales ha planteado centralizar toda la operación en una sola empresa.

El proyecto, que tiene que aprobar el Concejo, consiste en montar una entidad sin ánimo de lucro de economía mixta de control público, que sea propiedad de las cuatro subredes, Capital Salud (la EPS del Distrito) y algunas entidades privadas que no busquen recuperar su inversión sino aprovecharla de otra manera. Por ejemplo, universidades que puedan ofrecer prácticas en ese servicio.

Su misión, según Morales, será la de manejar toda la atención prehospitalaria -es decir, la atención en terreno a los heridos en un lugar público-, la domiciliaria -atender a los pacientes que están hospitalizados en sus casas- y el transporte de pacientes a los servicios de salud del Distrito.

La idea es que, al centralizar el servicio de ambulancias, habrá también un servicio sistematizado y más eficiente, pues las ambulancias y los centros de atención tendrán una información unificada.

Éste fue uno de los puntos más criticados, en su momento, por el concejal Julio César Acosta que propuso que se proveyera a las ambulancias con sistemas georreferenciación y GPS para que les diera un informe en tiempo real de la situación de los hospitales. De esta forma, la propuesta del concejal -que fue incorporada dentro del proyecto que espera presentar la Secretaría- es que se cruce las bases de datos de la disponibilidad de camas en los hospitales con la distancia a la que se encuentra el herido de los diferentes centros de atención, para que, así, el conductor sepa a dónde debe llevar al paciente.

Esto es disminuiría los carteles de ambulancia y los pasos de la muerte porque los conductores tendrían claro desde el principio el hospital que va recibir al herido.

Además de centralizarlas, la idea del Distrito es comprar 30 nuevas ambulancias y entre 10 y 15 motos que puedan llegar más rápido a las emergencias para dar primeros auxilios.

Si el Concejo aprueba el proyecto y éste empieza a funcionar, los problemas que actualmente enfrenta el servicio podrían llegar a solucionarse. Y eso sería un alivio para los bogotanos y una victoria para Morales y el alcalde Enrique Peñalosa.

Pero, además, le podría servir al Alcalde para combatir el apelativo de neoliberal: va a reemplazar un servicio tercerizado a privados por uno de una entidad semipública de control público, algo que está en las antípodas del neoliberalismo.

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