Por Juan Pablo Pérez B. · 29 de Mayo de 2017

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Hace un año la Policía y la Alcaldía intervinieron el Bronx y varias bandas se dispersaron a otras zonas de Bogotá, como Kennedy, San Cristóbal o Ciudad Bolívar.

Para combatir ese tipo de bandas y especialmente las que cometen asesinatos, la Sijin (el brazo de investigaciones de la Policía en Bogotá) tiene un equipo especial, cuyo nombre clave es ‘focalizados’, que la Policía decidió reforzar desde comienzos del año pasado, antes del operativo.

Ese grupo, que por esa decisión tiene ahora el triple de tamaño, es el que enfrenta esa diáspora y logró pasar de desarticular 7 bandas en 2015, a 14 en 2016 y 5 en lo que va del 2017 (hasta el jueves pasado), más de una por mes.

Eso, sumada a la exitosa intervención de los “puntos calientes”  ha ayudado a reducir los homicidios.

Por ejemplo, el pasado 23 de febrero  desmantelaron la Olla de Careloco, dirigida por la banda de ‘Los Profetas’, que controlaba casi todo el tráfico de San Cristóbal y tenían fosas comunes en el barrio Quindío. Con eso, la localidad ha tenido 50 por ciento menos homicidios en lo que llevamos de 2017 frente a lo que iba en 2016.

Las otras que han caído son los ‘Diablos del Cielo’ de San Cristóbal, en Usme los ‘Tiguaque’, en Ciudad Bolívar  la banda de Víctor -exiliado del Bronx tras los operativos del 28 de mayo- y, el lunes pasado, ‘Los reyes’, que operaba en Rafael Uribe Uribe.

Todo eso se ha logrado no solo porque tienen más gente sino por una estrategia muy clara para hacerlo.

La estrategia de la Sijin para combatirlas

La lucha contra las bandas arranca cuando hay una serie de homicidios que siguen un patrón.

Como contamos en La Silla Cachaca, la Sijin o el CTI, (dependiendo de quien esté de turno) son los primeros que llegan a atender un homicidio. Y parte de lo que hacen es subir toda la información del caso a la base de datos del Centro de Investigaciones Criminológicas (Cicri) de la Sijín.

Los miembros de la Sijin revisan todos los días esa base de datos y, cuando detectan un patrón en los asesinatos, remiten los casos a los ‘focalizados’. Éstos empiezan a investigar en terreno, entrevistando testigos y escuchando declaraciones de los habitantes del barrio, con el objetivo de esclarecer que, en efecto, se trata de un homicidio por ajuste de cuentas entre las bandas y no por una riña.

Luego, redactan un informe, en el que muestran el patrón de homicidios, para que lo examine un miembro de la Unidad de Vida de la Fiscalía.

Con el visto bueno de la Fiscalía, arranca oficialmente la investigación y ahí empiezan a recolectar evidencias como testimonios encubiertos de los miembros de las bandas o la ubicación de las caletas de armas o droga, que deben pasar un segundo filtro en la Fiscalía. Con lo que consigan en la investigación, podrán atar los cabos entre los homicidios y, así, descubrir el modus operandi de la banda y cómo está organizada (quién es el cabecilla, quiénes los taquilleros y quiénes los sicarios).

Estas investigaciones suelen ser más cortas o más largas dependiendo de la cantidad y la calidad de las pruebas que se encuentren. Por ejemplo, como nos contó una fuente de la Secretaría de Seguridad, mientras la investigación para desarticular a la banda de ‘Los profetas’ se demoró cerca de un año, la de los ladrones de la Iglesia de la Inmaculada Concepción, en el Chicó, tardó un poco más de 6 meses, pues en esta última la Sijin tenía unos videos de seguridad con los cuales pudo identificar más facilmente a los miembros de la banda.

En este punto los ‘focalizados’ deben cerciorarse de que tienen las pruebas suficientes para que a los capturados les den medida de aseguramiento en la cárcel, pues si no, como nos contó el Mayor Erwin Grijalba, director de la Unidad de Homicidios de la Sijin, podrían escapar o amenazar a los testigos y con eso se podría dañar toda la investigación.

Por ejemplo, necesitan saber que con certeza que los investigados cometieron homicidios, que venden droga, que la guardan en determinados sitios o que hay riesgo de que huya y evada su condena.

En ese punto un Fiscal de la Unidad de Vida examina el caso y decide si las pruebas son suficientemente contundentes como para llevarla ante un juez. Si no, les devuelve el caso y los investigadores deben seguir con la investigación.

Pero si Fiscalía las ve sólidas, lleva el caso ante un juez de control de garantías para pedirle que emita las órdenes de allanamiento y captura que se necesitan para desmantelar la banda. El juez, a su vez, puede concederlas o no; lo usual es que sí las conceda.

Con las órdenes listas, la Sijin planea cómo hacer el operativo; si necesitan ayuda del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía (el Goes, que es algo así como las fuerzas especiales de choque) y examinan los planos del barrio para evitar el escape de los investigados. Mejor dicho, hace una planeación como de serie de televisión.

Si la operación es demasiado grande y peligrosa, como lo fue la del Bronx, la Sijin puede pedir la ayuda del CTI para poder llevar a cabo las capturas con éxito sin que nadie se escape o salga herido.

Si el operativo sale bien, como ha pasado 5 veces este año, capturan a los integrantes de la banda y les aplican la medida de aseguramiento que concedió el juez. Por eso en la mayoría de los casos terminan encarcelados.

Los hombres van a La Modelo o a La Picota y las mujeres a El Buen Pastor. “A veces muchos de ellos solicitan por sí mismos la cárcel a la que quieren ser llevados, porque ahí conocen a alguien y saben que en la otra hay rivales que los podrían matar”.

En ese punto empieza el proceso penal ante un juez, que arranca con la imputación de la Fiscalía y que en Colombia termina con la condena de uno de cada dos imputados.

Allí, la Sijín ya no tiene una función tan importante, pues ya recogió las pruebas, encontró a los miembros de la banda y le entregó todo a la Fiscalía. Pero falta que la banda pase de estar temporalmente desmantelada a que se haga justicia.

Contexto

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