Por Jineth Prieto · 11 de Abril de 2017

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La terciada del alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, en la decisión de liquidar a Acualago, uno de los dos proyectos turísticos más importantes del área metropolitana, no solo le dio un segundo aire el parque, sino que además se convirtió en una jugada a tres bandas.

Si bien aún no es claro qué va a pasar con las finanzas del parque, cómo va a renegociar las deudas con los bancos, si los proveedores darán un nuevo compás de espera, o cómo va a lograr el cierre financiero, la movida -por ahora- lo deja como el salvador de un proyecto en el que se  han metido $30 mil millones, y de paso envía varios mensajes políticos.

Con estas tres bandas Hernández hizo carámbola

Le dio una mano a los cacaos

Como lo contó La Silla, si había un sector al que le pegaba duro el cierre de Acualago ese era al de los cacaos de Santander, que en los últimos seis años no solo fue el que le metió la ficha al acuaparque sino el que se convirtió en su cara visible en toda la región.

 

Ellos fueron los que se movieron con los bancos, los que negociaron con los proveedores, los que presionaron a contratistas y los que en términos generales se echaron al hombro al proyecto, y por eso  una de las sensaciones que quedó cuando se anunció el cierre del proyecto fue que parte del fracaso radicaba en la falta de apoyo público al parque.

Las principal razón para que esa lectura tomara fuerza estuvo en que el de los los cacaos y los políticos son dos círculos que rara vez se juntan en Santander y que de hecho mantienen sus relaciones al mínimo de simpatía, por lo que en el sector público no tenían mucho incentivo para lanzarle un salvavidas a un proyecto que además de que no era suyo, no les generaba muchos réditos. 

Así que para que Acualago reviviera fueron dos los astros que se alinearon: el primero que Hernández es uno de los cacaos de Bucaramanga y eso de entrada cambió los términos de la ayuda porque además de que el rescate quitaba las prevenciones de antaño entre públicos y privados, ponía a hablar a dos sectores del mismo bando; y segundo, fue que el Alcalde vio su propia oportunidad de figurar y de cobrar una victoria política, cuando aún no es común que se mueva con esa destreza en ese terreno.    

El salvavidas lo lanzó Hernández el viernes en la reunión que citaron para definir los detalles de la liquidación. 

Según dos fuentes que lo supieron de primera mano y que se lo contaron a La Silla, los delegados de Hernández (su jefe de gobernanza, Manolo Azuero, y el subsecretario de Desarrollo Social, Jorge Nieto) llegaron con la intención de preguntar por el procedimiento que se había seguido para la liquidación de la corporación que administra el parque, porque según los estatutos esa figura solo procede cuando la totalidad de los fundadores están de acuerdo, y ese no era el caso. 

Aunque para esa fecha ya la secretaria de Planeación de Santander, Martha Osorio, había anunciado en medios que la decisión era liquidar el parque, según esas mismas fuentes, tanto ella como los delegados de la Gobernación cambiaron su posición y dijeron que esa no había sido una determinación oficial.

Con el viraje no hubo mayor discusión sobre lo que iba a pasar con Acualago, y lo que la Alcaldía planteó fue mirar la manera de renegociar las deudas con los públicos como garantes teniendo en cuenta que la crisis está dada en una coyuntura financiera y no en la inviabilidad de la operación del parque (recibió 220 mil el primer año y a noviembre del año pasado la cuenta iba en 196 mil). 

Además, los delegados de Hernández le pidieron permiso a la Gobernación para presidir la Junta Directiva y con ello empoderaron a la Alcaldía del proceso de salvamento en momentos en los que el parque ya se estaba convirtiendo en un problema de salud pública por falta de mantenimiento en las piscinas.

Así que con con esa terciada, Hernández le pegó a la primera banda de la jugada y le dio una mano a los cacaos, a quienes les puso colchón y les evitó el golpe de imagen que recibían con la caída de Acualago. 

Le abrió espacio a sus propios programas

Al haberse puesto la camiseta del salvamento a Acualago, el principal reto que Rodolfo Hernández asumió fue con la capacidad de generar un flujo financiero que le permita al parque andar aún con las deudas con los bancos y proveedores pisándole los talones al proyecto. 

Como lo ha contado La Silla, el saldo en rojo de Acualago redondea los $19 mil millones, y si bien de esa partida solo hay que pagar $4 mil millones inmediatamente (proveedores), las cifras lo tienen sin cierre financiero. 

Por ahora el principal anuncio que ha hecho Hernández está en la entrega de los $1.000 millones a los que se comprometió el municipio desde hace dos gobiernos para generar flujo de caja; y aunque la medida es práctica y puede implementarse en corto tiempo, aún no es tan claro que sea suficiente para que Acualago empiece a respirar sin dificultad.

La razón está en que las cuentas del parque están embargadas por las deudas con los proveedores y cualquier peso que entra lo retienen los bancos; eso sumado a que hay intereses que se deben de los créditos, y a que se necesita plata inmediata para el mantenimiento, sigue coloreando de gris el panorama del parque.

El reto estará en que sepan inyectarle la plata al parque para darle el aire suficiente que le permita mantenerse con vida hasta acogerse a una ley de reestructuración de pasivos, que es lo que estaban intentando sus directivos antes de los embargos. 

En lo que va desde el anuncio, el principal acierto de Hernández ha estado en su capacidad de maniobrar. 

Ya logró que la Essa (a la que también le debían) restituyera la energía; que la Lotería, que inicialmente estaba pidiendo que le retornaran el predio donde está construido el parque, anunciara que prestará la vigilancia; y planteó que la Corporación Parques Recrear (que es la que maneja centros recreacionales de los barrios de Bucaramanga) asuma la operación de Acualago transitoriamente.

Aunque con eso se expone a que la oposición lo critique por mediar a favor de un proyecto que no está en su jurisdicción y al que la Alcaldía al final no le metió plata, Hernández también reunió argumentos para defenderse. 

Como una de las principales banderas de su campaña estuvo en la construcción de espacios de recreación como herramienta para mejorar la calidad de vida de los bumangueses, al terciar a favor de Acualago como un proyecto metropolitano que le apunta a esa idea, lo pone en línea con su plan de desarrollo y justifica el desgaste.

Precisamente, una de las ideas con las que se concibió el parque fue la de tener el apoyo de los públicos a través de convenios para llevar a la población más vulnerable a visitarlo; así que podrá utilizar esa herramienta para apalancar las visitas no solo como programa social de su administración, sino también como estrategia para fortalecer las finanzas del proyecto.

Eso sumado a que anunció que en los festivos de Semana Santa el parque funcionará gratuitamente, le dio un baño de popularidad a Hernández, que seguramente será recordado por quienes visiten Acualago esta semana.
 

Si le funciona la estrategia, reclama la camiseta del salvador del proyecto

La última banda es la que tiene los efectos más políticos y está relacionada con que con el salvavidas que lanzó, Hernández midió en público la capacidad de reacción de la Gobernación de Santander y de la Alcaldía de Floridablanca cuando se trata de atender proyectos en los que no tienen intereses directos.

Si bien es poco común que los políticos se metan la mano al bolsillo para salvar obras que no son propias; con el viraje de la Junta Directiva quedó la sensación que desde el principio se hubiera podido hacer algo para salvar el proyecto, pero que lo que faltó fue voluntad política.

Inicialmente la Gobernación fue la que se puso al frente del problema e hizo dos anuncios, uno relacionado con que la Lotería le daría liquidez al parque (jamás se concretó), y otro con el hecho de que el Instituto de Desarrollo de Santander, Idesan, estaba intentando renegociar la deuda con la banca, pero que jamás funcionó. 

Como lo contó La Silla, si el parque se iba a liquidación las posibilidades de vestir la camiseta del salvador del proyecto aumentaban para el gobernador Didier Tavera, debido a que los activos de Acualago (toboganes, motobombas, filtros) son poco atractivos para los bancos, y eso abría la capacidad de negociar, algo que solo podía hacer el departamento porque era el único que tenía el músculo financiero. 

Por eso al final y con el cambio de decisión de la Junta -teniendo en cuenta que Hernández no propuso nada extraordinario-,  las alternativas que ofreció la administración de Tavera se vieron más como formalidades que como intentos de fondo para salvar el parque.

A eso se suma, que el gran ausente fue el alcalde de Floridablanca, Héctor Mantilla, quien aunque tiene el proyecto en su municipio y es el que más siente la cadena productiva, solo se pronunció en medios para pedirle a Acualago que le hiciera mantenimiento a las piscinas o las desocupara con el fin de evitar un problema de salud pública.

Con esa última banda, Hernández hace carambola, porque si Acualago se salva podrá cobrar la victoria como suya.

Ahora habrá que ver si la movida le funciona a largo plazo, y si efectivamente le da el margen suficiente al parque para salir de la crisis que lo ha mantenido cerrado durante dos semanas.

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