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Martes Octubre 21, 2014
Martha Nubia Bello coordinó el equipo de investigadores que preparó el informe general sobre el conflicto del Grupo de Memoria Histórica, que se suma a los 21 informes de casos emblemáticos que han publicado ya. Fotos: Juan Pablo Pino

Hoy el Centro de Memoria Histórica entrega al país el resultado final de seis años de trabajo, un esfuerzo por documentar y recuperar la memoria del horror ocurrido durante 54 años de guerra, entre 1958 y 2012.

Martha Nubia Bello, profesora de trabajo social de la facultad de Ciencias Humanas de las Universidad Nacional, ha estado en el equipo de trabajo de Memoria Histórica desde el principio, coordinando los informes sobre la masacre de Bojayá, la del Tigre y la de San Carlos y ahora formando parte del equipo que elaboró el informe general sobre el conflicto.

El libro tiene cinco partes. El primero da cuenta de la magnitud del sufrimiento durante el conflicto medido en cifras. El segundo busca explicar por qué nos hemos matado. El tercero reflexiona sobre la guerra y la justicia (o la ausencia de ella). El cuarto, sobre el daño y los impactos del conflicto, desde los más físicos hasta los más invisibles. Y el quinto, sobre la memoria de las víctimas, sobre lo que recuerdan y sobre las explicaciones que ellas tienen sobre por qué ocurrió lo que ocurrió. Hay un capítulo más sobre experiencias de resistencia y dignidad por parte de las víctimas y uno último con recomendaciones para que no se vuelva a repetir.

La Silla Vacía la entrevistó sobre este documento histórico, que más allá de lo aterrador, busca sembrar unas lecciones para que este país deje de repetir su trágica historia. (Haga clic en las palabras azules para leer fragmentos o ver gráficos del informe y testimonios de las víctimas.)

Un documento histórico

Después de todo este trabajo, ¿qué ideas que existen sobre la guerra dejan de ser ciertas? ¿Se puede afirmar que es un conflicto de baja intensidad? ¿Que los muertos del país no son por la guerra?

Nos sorprendió que ciertas modalidades de crímenes que son poco visibles, tuvieran cifras tan contundentes. Los asesinatos selectivos, que tienen poco impacto público, dan un dato aproximado de 220 mil desde el 58 hasta 2012. Es un dato que rebasa los estimativos que habían planteado algunas Ong y los datos oficiales.

Hay también un enorme subregistro porque parte de la tragedia de la guerra es que no vamos a saber cuántos muertos hubo. Cruzando las víctimas de Memoria Histórica con el registro de la Unidad de víctimas, las cifras no empatan. El subregistro podría ser del 70 por ciento.

El 81,5 por ciento de las víctimas son civiles y el restante son combatientes. Esta guerra es costosa para los combatientes, han muerto 40 mil, pero no es una guerra entre combatientes. Los muertos son civiles. Nos permitió confrontar esa idea de que los muertos del conflicto armado eran marginales frente a los otros. Con los datos que tenemos, tres de cada 10 muertos son del conflicto. Hace que el conflicto no sea marginal.

Comparado con otros conflictos, ¿cuáles son las particularidades del nuestro?

En Guatemala, fueron sobre todo masacres. En las dictaduras del Cono Sur, fundamentalmente desapariciones y torturas. En Colombia, en cambio, han pasado todas las modalidades de violencia.

¿Cuál es la explicación para que nos hayamos matado de esta manera?

Es un conflicto muy difícil de explicar. No hay una tesis que se lleve toda la carga explicativa por la larga duración. Hay que situar las causas en la historia y la geografía.

Las tierras y la política tras el conflicto


“Es el costo de la paz, que muchas violaciones se tengan que juzgar mas ética y políticamente que penalmente”.”– MNB

¿Pero hay elementos que persisten a lo largo de los 50 años?

Un fenómeno ha sido el tema de tierras. Atraviesa el origen de los grupos armados ilegales en 1964 y sigue atravesando el momento actual. El tema de las tierras siempre ha sido diagnosticado y nunca resuelto. Comisiones internacionales venían a decir lo que pasa en Colombia y cuando se ha intentado resolver, se ha hecho mal con medidas como ampliar la frontera agrícola, decir 'mandémoslos a los baldíos a colonizar tierra sin presencia estatal'.

Cuando se han tratado de hacer reformas con una pretensión más democratizadora, cuando se ha intentado repensar esas estructuras de tenencia, como los intentos de Lleras Camargo, éstos han sido saboteados por quienes detentan el poder con base en la tenencia de la tierra. Han usado desde artilugios jurídicos hasta dotarse de sus propios ejércitos para evitar que cumplan sus objetivos.

Eso explica mucho de nuestro conflicto. Aunque hoy no tenemos el mismo conflicto, le agregamos más ingredientes.

¿Cuáles?

El narcotráfico que agudizó la propiedad y el uso de la tierra, el tema minero, el tema energético, el monocultivo. Son nuevos temas de la tierra que en lugar de permitir que se democratice, lo que hace es fortalecer las viejas estructuras de la tierra, latifundistas e improductivas.

Desde esta perspectiva, ¿cómo analiza la ley de tierras actual?

Es importante. La ley de restitución de tierras plantea por lo menos una deuda con la reparación de las víctimas directamente afectadas. Pero tropieza con dificultades similares a las de gobiernos anteriores.

¿Cómo cuáles?

Tropieza con la oposición de sectores legales e ilegales que se oponen, con el asesinato de líderes de tierras, con usar la justicia para dilatar esos procesos de adjudicación de tierras, que se pueden llevar 10 o 15 años. Cuando ya llevan 10 años desplazados y tienen que esperar otros 15, es otra generación más perdida.

Por otro lado, no le corresponde a una ley de tierras responder a ese problema estructural de tierras que requiere medidas agrarias más comprensivas.

¿Cuál es el segundo elemento que permanece a lo largo del conflicto?

Es lo que llamamos el déficit democrático, el miedo a la democracia de este país. Si uno escudriña históricamente qué hay en el discurso de los que acogen las armas, siempre aparece la idea de un régimen excluyente que impide la participación de sectores distintos a los tradicionales en la política. Lo encuentras en los 60, en los 70 y los 80. Si no es posible hacer política por la vía legal se apela a lo ilegal.

Ese déficit democrático lo planteamos también como una instrumentalización de los mecanismos de participación para legislar a favor de los grupos de poder. Si no me favorece, me salgo de las reglas democráticas.

¿Por qué después de la Constitución del 91 no se acabó la violencia cuando hubo un pacto político incluyente?

Es el ejemplo perfecto. La Constitución del 91 creó nuevas formas de ejercicio de poder al que se opusieron poderes muy violentos que no acataron ese juego democrático y de ahí el exterminio de la UP. Es un país muy centralista, donde lo que se decide en el centro ni se entiende ni se acata en las regiones. En las regiones siguen los poderes tal cual, así haya transformaciones constitucionales.

 Si el Estado repara y ofrece garantías de no repetición se transforma políticamente este país"

Ustedes no le atribuyen al narcotráfico las causas de todos nuestros males.

No puedes explicar lo de tierras desligado del modelo de desarrollo económico, sería perverso decir que solo tiene racionalidades políticas. El narcotráfico explica también por qué no paró la violencia en el 91. El narcotráfico permeó todo, transformó los grupos armados en Colombia, los legales y los ilegales. Transformó la justicia.

¿En qué sentido?

Un ejemplo revelador: intentando someter el fenómeno del narcotráfico, la justicia se transformó, pero esos mecanismos para someter a los narcos se usaron para combatir la subversión.

¿Qué efecto tuvo eso?

El haber confundido y restringido una categoría tan útil como el delito político y la rebelión. Hay ejemplos de que acciones eminentemente subversivas fueron juzgadas como terrorismo.

El conflicto armado, entonces, se asume desde una mirada exclusivamente represiva-militar y no se puede reducir a eso, tiene muchas variables sociales, políticas, militares. Si asumes que la estrategia es solo la salida militar, le das un tratamiento muy equívoco al conflicto.

Precisamente ese enfoque de verlos exclusivamente como un amenaza terrorista fue el que asumió Álvaro Uribe y todos los índices de violencia bajaron. ¿Por qué es equivocado?

Uribe asestó golpes militares pero no logró someter a las guerrillas. Este enfoque, además, tiene un costo: parte de la debilidad del Eln no fue por la acción exclusivamente represiva de las Fuerzas Militares sino también por la arremetida paramilitar.

¿Qué lección dejas si combates a los ilegales aliándote con los ilegales? Si necesitas alianzas con ilegales, lo estás minando desde dentro. Es un costo grandísimo, si la gente no cree en las instituciones.

¿Por qué en algunos períodos han bajado las cifras de violencia?

Las guerras tienen sus tiempos. Cuando dos actores armados se están disputando un poder es cuando la guerra se agudiza, fue lo que pasó entre 1995 y el 2005, cuando los paramilitares le disputaron el territorio a las Farc.

Una vez se posesiona un actor armado, bajan los homicidios. No es que el Estado se haya consolidado.

¿Está de acuerdo con los que piensan que los paras ganaron la guerra?

Sí, lograron ganar la guerra, posicionarse en zonas que históricamente habían sido de otros grupos. Esa afirmación vino muy asociada a su capacidad de permear espacios políticos.

No solo poner alcaldes, concejales, controlar la salud y educación y no solo en lo local. El fenómeno de la parapolítica, de lograr poner al 30 por ciento de congresistas. Yo sí creo que lograron ganar la guerra en su momento.

Si los dos fenómenos que permanecen a lo largo del conflicto son el de tierras y el de la participación política, ¿entonces se puede decir que el proceso de paz actual está bien planteado?

Uno ve con beneplácito por lo menos los puntos de la agenda. El tema de tierras está planteado. Claro, está acotado. El tema de tierras implica esa discusión que está en este momento y que es si podemos fundar las bases de desarrollo en un país minero o le podemos apostar a otro modelo como Costa Rica, un modelo más ecológico. Es una discusión que no está en La Habana y compete a todos los sectores. Una paz sostenible pasará por ahí.

El de participación política indudablemente es un tema. ¿Cómo vamos a hacer para que los que decidan hacer oposición no solo se les garantice la vida, sino para que ese sueño de una participación activa y deliberante se pueda hacer realidad?

El tema de víctimas, indudablemente, está en la agenda. Reparar a las víctimas no es solo un tema ético, de deuda con las víctimas. Si el Estado repara y ofrece garantías de no repetición se transforma políticamente este país.

Una guerra invisible

¿Por qué cree que tantas aristas de esta guerra han permanecido invisibles para la mayoría del país?

Esta guerra ha sido librada fundamentalmente en lo rural. Las masacres más terribles han ocurrido en la vereda, en el corregimiento más apartado. El escenario de batalla está en el campo. Este conflicto armado se ha librado en el margen. Hay pueblos que desaparecieron y el país no lo supo. Una parte tiene que ver con eso.

La invisibilidad también tiene que ver con que la baja intensidad hace que los eventos no sean espectaculares. En San Carlos (Antioquia) ocurrieron 32 masacres en un pueblo de 20 o 25 mil habitantes. En un momento alcanzó a tener 5 mil pobladores. Era tan sistemática la violencia que la gente huyó. ¿Qué característica tiene esa violencia en San Carlos? Las pequeñas masacres, cuatro aquí, cuatro allá, sistemáticas pero poco visibles y muchos asesinatos selectivos, desapariciones forzadas. Esa sumatoria de muchos hechos, poco espectaculares, hace que esta guerra haya sido larga pero poco visible.

Muchos dicen que esa estrategia gota a gota, esa modalidad de violencia poco visible pero duradera, explica -en parte para algunos- que siga. La violencia se naturaliza de tal manera que no hay una reacción social que diga 'paren ya'. Las noticias registran hoy dos muertos, mañana uno, y eso no logra sacudir la conciencia social, invitar a la movilización social, a hacer juicios éticos políticos radicales.

¿Usted cree que esta guerra se puede terminar?

Cuando pusimos el título del libro, que es ¡Basta ya!, es porque vimos que hay un hastío con la guerra, lo sientes por donde transitas. Hay un hastío entre quienes lo han padecido de manera más directa. La gente dice no le apostamos más a las opciones armadas.

Eso de alguna manera va a incidir en que ojalá el conflicto no tenga asidero en algunas regiones. Es una guerra costosa para todo el mundo, incluso para quienes se lucraron.


No tenemos el derecho de vivir en un país democrático si esa democracia no es para todos.”– MNB

¿Es posible que la guerra se haya hecho para “desarrollar” al país, para hacer los grandes macroproyectos?

Viendo la guerra uno no puede tener una lectura confabulatoria, pensar que hubo unos actores que se sentaron para sacar beneficio.

¿Por qué no?

Porqué está alimentada desde muchos frentes y por muchos motivos. No la puedes entender desde el cálculo estratégico o premeditado exclusivamente de quienes tenían el poder.

También se explica por sectores radicalizados de izquierda que han creído que las armas eran el único método. Las guerrillas también se excluyeron del pacto del 91. Hay sectores de izquierda radicalizados cuyo proyecto no pasa por la democracia, no creen en la democracia. Hay un juego que alimenta la guerra, en momentos en que uno ve que había otras opciones.

Le pregunto porque no deja de impresionarme que en muchos sitios donde se cometieron masacres hoy uno ve exploraciones sísmicas para megaproyectos mineros, para hidroeléctricas, encontraron gas…

Es cierto que donde hay riqueza hay guerra. La guerra en San Carlos tuvo que ver con las hidroeléctricas y también con su ubicación estratégica. Los recursos del país no han sido utilizados en función de resolver nuestras inequidades, sino en función de poderes muy particulares de izquierda y de derecha.

Viendo la magnitud de las violaciones por parte del Estado, ¿le daría la razón a quienes piensan que hemos tenido un Estado criminal?

La responsabilidad del Estado y de las Fuerzas Militares es muy grande. Es mayor que la de las guerrillas y los paras porque eran quienes tenían la responsabilidad de proteger. Si miras los datos, que la Fuerza Pública haya cometido 158 masacres documentadas entre 1980 y 2012, a uno lo hace cuestionarse. ¿Las Fuerzas Militares masacrando? Muchas otras no las hicieron ellos, pero facilitaron todo el escenario.

En El Tigre (Putumayo), las Fuerzas Militares hicieron un retén militar para facilitar que ingresaran los que iban a cometer la masacre. Si vas a los asesinatos selectivos, a desapariciones forzadas, en todas hay responsabilidad de las Fuerzas Militares.

Si atenta contra mí quien está encargado de protegerme, se me destruye toda la confianza en el Estado. Es un costo que la gente no pueda confiar en quien está encargado de protegerla. Se aliaron con poderes ilegales y eso es inconcebible en un Estado de derecho. En La Rochela, encontramos una alianza entre Fuerzas Militares con narcotraficantes. En Trujillo, está documentada una alianza entre militares y narcotraficantes. Encuentras alianzas en otras regiones en donde las Fuerzas Militares se usaron para defender intereses de particulares. Pero si uno quisiera establecer responsabilidades, las de la guerrilla no son menores.

La guerra y La Habana

Eso le iba a preguntar. ¿Qué opina de que las Farc se vean a sí mismas como víctimas y no como victimarios?

En los casos que documentamos, encontramos responsabilidad de la guerrilla en homicidios, en secuestros, en violencia sexual. Hicieron de todo. La responsabilidad es enorme también en términos de bajo qué discurso se hace lo que se hace. Defendiendo la justicia social, defendiendo “causas del pueblo”, se cometieron crímenes atroces. Eso es éticamente inaceptable.

En San Carlos documentamos una masacre espantosa que incluyó menores de edad, una mujer embarazada, una mujer con un bebé. ¿Quién la hizo? Las Farc. La guerrilla utiliza los métodos más ruines, incluso contra ese mismo pueblo que invoca en su defensa.

Viendo lo que hicieron, ¿qué opina de que las Farc puedan participar en política sin pagar un día de cárcel?

Es muy claro que los delitos de lesa humanidad no se pueden negociar. Pero yo creo que no se puede judicializar todo. Es materialmente imposible. Lo demuestran los balances de Justicia y Paz. Para que esta justicia juzgue todo, ni el aparato judicial está preparado, ni es posible hacerlo.

¿Pero sería deseable?

No creo. Es el costo de la paz, que mucho se tenga que juzgar mas ética y políticamente que penalmente. Ese juicio ético y político es muy importante.

De ahí que moleste tanto el que las Farc digan ‘soy víctima’.  Ellos tienen que asumir su responsabilidad. Tienen que pedir un perdón dignificante, que reconozca que causaron el mal y que deje “satisfechas” a las víctimas. Eso no se puede desestimar. Tiene que haber una condena ética y política.

¿Cuál es su conclusión sobre los paras?

No tienen un rostro que uno pueda interpelar como con las guerrillas. Cuando te hablan de los paras, no es solo una guerra que le compete a los combatientes. ¿Cuál es la responsabilidad de esos sectores económicos y políticos que incentivaron y financiaron esos grupos paramilitares? No son homogéneos. Hay desde afines a los esmeralderos hasta terratenientes.

Fueron los más capaces de horror y sevicia. Lo que más hicieron fue masacres y lo hicieron con una carga de sevicia brutal.

Hablemos de la resistencia de las víctimas. ¿Cuál es el ejemplo que más le impresionó?

El que las mujeres del Putumayo sacaran los cadáveres del río, los colocaran en la plaza donde vendían la carne, los limpiaran y los cosieran. Ese cuerpo que los paramilitares rasgaban. Es lo que llamábamos actos extraordinarios.

Lo que hizo Minelia, una mujer en Bojayá. Cuando explota el cilindro bomba en la Iglesia, ella se queda, prepara agua con sal, les da de beber a los que están agonizando. Es un acto de un valor extraordinario.

No quisimos emplear solo el término resistencia, sino actos de dignidad. La gente intenta darle dignidad a un cadáver, cambiar el destino que el victimario quiso imponer a esa víctima. La guerra tiene una capacidad para sacar lo peor, pero también en muchas regiones saca lo mejor de lo que somos capaces los seres humanos.

La gente también hace unos ejercicios de memoria absolutamente admirables, en ese esfuerzo, la gente pinta piedras, borda, compone versos, hace tantas cosas tan desconocidas por el país, acondiciona la cocina para que no se olvide. Para que la guerra no pase así no más.

Después de hablar con muchas de ellas, ¿cree que las víctimas necesitan verdad?

En primer lugar necesitan reconocimiento. Reconocimiento estatal pero también un reconocimiento de la sociedad colombiana.

Una cosa es que la gente no solo sufre por el hecho violento, sino que sufre muchísimo por la indolencia social. No hay una condena radical de que no les debió haber pasado, así fueran simpatizantes o no. Las víctimas sí están esperando esa condena radical, de que lo que les pasó no les debió haber pasado.

En casos de desaparición forzada es indiscutible que la urgencia de las víctimas es la verdad, porque esa verdad quita un sufrimiento indiscutible que es el de no saber. Estamos hablando de 25 mil víctimas de desaparición forzada, en Chile y Argentina se escandalizaron con 9 mil. El desaparecido se invisibiliza en los medios, en los procesos judiciales. Es como una nueva desaparición: le desaparezco su desaparecido.

En el informe ustedes también tienen un capítulo sobre la memoria de las víctimas. ¿Por qué?

Hay tres cosas que nos llamaron mucho la atención de la memoria de las víctimas frente a por qué ocurrió lo que ocurrió. Decían ocurrió porque se aliaron y tienen claro quiénes se aliaron. Las alianzas son algo que las víctimas denuncian; reparar pasa por recuperar esas confianzas.

Lo otro es el tema de los estigmas. Documentamos casos de cómo organismos de investigación judicial y las fuerzas militares hacían bajar a la gente sus blusas y camisas para ver si tenían señas de un morral, si las manos eran de una manera u otra. Los actores armados marcaron los territorios y marcaron a la población, son un marcador que despliega violencia.

Lo tercero, como reclamo, es la impunidad. La gente se duele de lo que pasó y de la impunidad. No es solo la impunidad judicial, sino la impunidad moral, el desconocimiento total: dicen 'nadie ha venido a preguntarnos qué pasó, nadie se ha pronunciado sobre lo que nos pasó'.

¿Cuáles son las dos recomendaciones más importantes?

Hay varias recomendaciones. Las dos que a mí me parecen más importantes: Nunca mas este Estado debe legislar de forma tal que permita delegar el monopolio de la fuerza. La historia está cargada de eso. Siempre se permitió y se legalizó que los particulares acudieran a su forma de justicia.

Tenemos una recomendación que está más orientada a cómo hacer de nuestra historia y de nuestra memoria una fuente de currículum en la formación de nuestros jóvenes. Creo que mientras los jóvenes de Colombia, los niños y las niñas, puedan vivir con la ilusión de que están viviendo en un país próspero y democrático porque desconocen que ese otro país -el de los márgenes- existe, esa existencia les amenaza su propia vida. No tenemos el derecho de vivir en un país democrático si esa democracia no es para todos.

Tengo fe en la educación como motor de transformación social. Tenemos que transformar la forma en que contamos nuestra historia.

¿Como la cambió estar durante seis años pensando y escuchando sobre esta historia tan triste nuestra?

Es un trabajo muy doloroso, lo agobia a uno muchísimo, sentir que estás transcribiendo ese horror, te atraviesa.

Pero lo paradójico es que cuando cuentas, también hay una recarga que te mantiene. Meterse en esto no lo curte a uno, a mí me vuelve más sensible. Cada vez tengo menor capacidad para escuchar el horror.

“Entre 1981 y 2012, el GMH pudo identificar 16.340 acciones de asesinatos selectivos que produjeron 23.154 víctimas. De este total, 8.903 personas fueron asesinadas selectivamente por grupos paramilitares, lo que corresponde al 38,4%; 6.406, es decir el 27,7% de las víctimas fueron asesinadas por grupos armados no identificados; 3.899 o el 16,8% fueron víctimas de las guerrillas; 2.339, correspondientes al 10,1% del total de asesinatos selectivos, los causaron miembros de la Fuerza Pública; 1.511, es decir el 6,5% de las víctimas fueron asesinados por desconocidos, 83 asesinatos, o el 0,4% del total, fueron el resultado de acciones conjuntas de grupos paramilitares y miembros de la Fuerza Pública; y finalmente 13 asesinatos fueron perpetrados por otros grupos.”

“Al 31 de marzo del 2013 el Registro Único de Víctimas de la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas reportó que 166.069 civiles fueron víctimas fatales del conflicto armado desde 1985 hasta esa fecha. Sin embargo, este balance es parcial debido a que el marco legal solo reconoce a las víctimas a partir del 1 de enero de 1985, lo que excluye a 11.238 víctimas documentadas en la base de datos del Grupo de Memoria Histórica entre 1958 y 1984.
Estas dimensiones del conflicto armado ponen de manifiesto la brecha entre lo conocido y lo ocurrido. Estudios de notable esfuerzo estiman que tres de cada cuatro homicidios han quedado por fuera de las estadísticas”.

“Íbamos por la mitad del río, íbamos bogando con las manos y unos pedazos de palo, y recuerdo que apenas veíamos que cruzaban las balas por encima nosotros, y nosotros les gritábamos: “¡Ay, de por Dios! Nosotros somos civiles, tengan com- pasión...!” Y yo recuerdo que del lado de allá nos gritó uno: “¡Qué civiles, sino paracos es que serán!” ¡Imagínese dudando de uno en medio de toda la balacera y de todo el sufrimiento...! Y ahí íbamos cuando tiraron la pipeta [cilindro de gas], ¡uy!, y yo no sé si cayó en la iglesia o ahí cerca, ¡pero de allá era que salía el humo! Y ahí yo dije: “Acabaron con mi pueblo...! Ay mamá, acabaron con el pueblo...!”
Víctima de la masacre de Bojayá (Chocó)

“Salir sin nada y dejar todas mis cositas, el comedor donde mis hijos se sentaban, que tenían una habitación para cada quién porque ya tenía una casa, ya no tenía el rancho de madera, sino una casa ya hecha con tanto sacrificio y que ya mis hijos se sentían felices, entonces eso lo extraño mucho”
Víctima desplazada de San Carlos (Antioquia)

“Ellos llegaban, se tomaban las casas y la gente se teniía que ir. Quién iba a llegar a decirles nada, ellos armados, quién iba a decir qué”. Si la casa era del gusto de los combatientes, estos desalojaban a dueños y moradores: “Casas que les gustaban, lo iban sacando. A lo que les gustaban, a ellos lo iban sacando”
Víctima de masacre de El Placer (Putumayo)

“Si, por otra parte, la población desplazada fuese concentrada en un asentamiento urbano, este se convertiría en la segunda ciudad más poblada del país después de Bogotá. Para entender la dimensión del desplazamiento forzado bastaría con imaginar el éxodo de todos los habitantes de capitales como Medellín y Cali.

De hecho, las proyecciones de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), para el periodo 1985-1995 estiman que 819.510 personas fueron desplazadas como consecuencia del conflicto armado. Esto sugiere que la cifra de desplazados podría acercarse a las 5.700.000 personas, lo que equivaldría a un 15% del total de la población colombiana.”

“En cuanto a los roles de participación social y política de las víctimas, el GMH pudo documentar el asesinato selectivo de 1.227 líderes comunitarios, 1.495 militantes políticos, 685 sindicalistas y 74 defensores de Derechos Humanos. También se cuentan 1.287 asesinatos de funcionarios públicos y/o autoridades políticas. Entre los militantes políticos asesinados, cinco de cada diez participaban en partidos o movimientos políticos de izquierda. Entre los movimientos y partidos políticos, la Unión Patriótica registró 503 víctimas de asesinato selectivo, seguida del Partido Liberal con 329; el Partido Comunista con 158; el Partido Conservador con 151; y Esperanza, Paz y Libertad con 110.”

“Yo me acuerdo que yo recé por ahí 500 Padre Nuestros y mil Rosarios porque si salían los paramilitares de pronto me mataban, si salía la guerrilla también, y si salía el Ejército también. Entonces me vine, llegué a mi casa, no tenía nada que comer porque la guerrilla no dejaba, los paras no dejaban entrar comida. Me fui para mi finca, me quedé allá, cuando me levanté yo sin saber dónde comer porque yo tenía como catorce o quince años cuando eso. Entonces me levanté, cuando vi que venían yo estaba solo, yo estaba en una selva solo en una selva, ¿cierto?, porque ya toda la gente se había ido ya, prácticamente quedábamos dos o tres personas allá.”
Víctima desplazada de San Carlos (Antioquia)

“Si bien las grandes masacres, los atentados terroristas o los magnicidios fueron los hechos más visibles durante la investigación del GMH, distaron de ser los más frecuentes y los más letales contra la población civil. Los asesinatos selectivos, las desapariciones forzadas, los secuestros y las masacres pequeñas son los hechos que han prevalecido en la violencia del conflicto armado.

 

Estas modalidades configuran una violencia de alta frecuencia y baja intensidad, y hacen parte de las estrategias de invisibilización, ocultamiento o silenciamiento empleadas por los actores armados. De hecho, fueron precisamente estas modalidades que poco trascendieron en el plano nacional, pero que tuvieron un alto impacto en el ámbito local, las que invadieron de manera duradera la cotidianidad de las víctimas.”

“Las masacres pequeñas son más comunes que las grandes masacres, y por lo tanto más representativas de la modalidad. Dichas masacres, junto con prácticas como los asesinatos selectivos, fueron la modalidad más recurrente entre los paramilitares para mantener o construir un orden territorial. En efecto, la mayor parte de las masacres paramilitares documentadas por el GMH registran entre 4 y 6 víctimas (es decir, 880 masacres, que equivalen a un 75,5% del total acopiado para el periodo 1980-2012). Esta manera de operar refuerza la tendencia antes descrita de invisibilización de la violencia.”

“La desaparición forzada entró a conformar los repertorios de violencia de los actores del conflicto armado en la década de 1970. Su hito fundacional es la desaparición de la militante de izquierda Omaira Montoya ocurrida el 9 de septiembre de 1977 en Barranquilla. Este fue el primer caso denunciado formalmente, y el primero por el cual la Procuraduría General de la Nación sancionaría a funcionarios por desaparición forzada.

Con respecto a las desapariciones forzadas existe una notoria precariedad de información sobre los perpetradores. Sin embargo, de acuerdo con las denuncias de las organizaciones de Derechos Humanos y de familiares de desaparecidos, la presunta autoría de estas acciones estaría concentrada en la Fuerza Pública y en los paramilitares.

De los 5.016 casos documentados por las organizaciones mencionadas, se logró establecer al presunto autor en solo 689 casos. De este total, 290 fueron desaparecidos por miembros de la Fuerza Pública, lo que corresponde al 42,1%; 246, lo fueron por grupos paramilitares, lo que equivale al 41,8%; 137 desapariciones, es decir el 19,9%, fueron atribuidas a otros grupos armados; y finalmente 16 o el 2,3% del total fue atribuido a las guerrillas.”

“El siete me madrugué, en el carro que sale a las cinco y media de la mañana, a buscarla y encontré todo revolcado, no había nadie. Esta gente me dijo que no indagara tanto porque o si no me raspaban. Lo único que quería era que me entregaran los huesitos, que me dijeran dónde la habían tirado... Yo me tuve que devolver con las manos vacías porque aquí, en San Carlos, quedaba el resto de la familia.

Adonde me dijeron que había algún pedacito de información, allí fui”

Pastora Mira, líder de víctimas de San Carlos (Antioquia)

“Desde la desaparición de mi hijo mi vida cambió totalmente, porque día tras día lo añoro, todos los días lo espero y con la zozobra de que mi hijo todavía esté vivo y de que en cualquier momento aparezca. A veces me levanto tarde en la noche al baño y me asomo por la ventana con la ilusión de verlo venir. Es muy difícil aceptar la realidad, pero aún más difícil aceptar la incertidumbre de querer saber dónde está mi hijo y saber realmente qué fue lo que hicieron con él, si está vivo o está muerto.

Me pongo a pensar si mi hijo murió qué me le hicieron, cómo me lo mataron o me lo masacraron, cómo serán los sufrimientos de mi hijo. Si lo hubiera encontrado al menos sabría que de verdad lo vi muerto. Pero de esta manera es imposible la tranquilidad, mi corazón se desangra cada vez que lo traigo a la memoria diariamente. Porque todos los días se lo encomiendo a Dios. Sufro la agonía y la tristeza de saber que lo arrebataron injustamente sin tener culpa de nada solo porque iba con el padre como acompañante ese día.”

Víctima de la masacre de Trujillo (Valle)

“Es importante recordar, para que nuestros hijos, nuestros veci- nos y todos los que nos rodeen algún día puedan decir que lo que se vivió aquí no fue algo tan fácil, fue algo muy difícil. Que días nos tocaba salir de nuestras casas, que teniendo propiedad teníamos que abandonar nuestras casas. Pero aquí estamos, fui- mos valientes y resistimos a esos altibajos que hubieron”

Víctima de la masacre de El Tigre (Putumayo)

“De cada diez masacres seis fueron perpetradas por los grupos paramilitares, dos por las guerrillas y una por miembros de la Fuerza Pública.”

“Estás tranquilo en tu casa, llegan y te matan a tus familiares, se los llevan y los torturan, no sabes y no vuelves a saber de nada. ¿A dónde vas? Te vas donde la Policía, que supuestamente es la gestora de mantener el orden público. Llegas allá y te dicen: “vea cállese la boca, porque si no usted también se la pueden llevar”. Una decepción completa.”

Víctima de la masacre de Trujillo (Valle)

“De los 27.023 secuestros reportados entre 1970 y 2010,19 las guerrillas son autoras de 24.482, lo que equivale al 90,6%. Los paramilitares han realizado 2.541 secuestros, correspondientes al 9,4%, mientras que otros grupos armados han secuestrado a 578 personas, con un total del 2,6%. Lo anterior significa que de cada diez secuestros, aproximadamente, las guerrillas son responsables de nueve y los grupos paramilitares de uno.”

“Digamos que estos son los costales donde los empacaban [a las víctimas]. Después de amarrados les llenaban la boca de agua y ahí comenzaban con una motosierra a cortarles todos los miembros del cuerpo. También llegaban y los cogían con unas navajas y les cortaban el cuerpo, los miembros, les echaban ácido y de ahí con uno de fuego [un soplete] les quemaban las heridas.”

Víctima de la masacre de Trujillo (Valle)

“Mataban gente, la enterraban en fosas y a los seis meses la desenterraban y de una iba para la candela. Otras veces abrían los cadáveres, sacaban lo que tenían adentro y cuando estaban secos los picaban y bien picados iban al horno. Con decirle que a esto por acá le decían ‘el matadero’. Nadie abría la boca, nadie decía nada. Imperaba la ley del silencio y del terror.”

Víctima de los paras en Norte de Santander

“Para el periodo comprendido entre 1981 y el 2012, el GMH ha documentado 588 eventos de violencia en los cuales hubo huellas o marcas de sevicia en los cuerpos de 1.530 personas. De la totalidad de los casos de sevicia, 51 433 fueron asesinatos selectivos y 154 masacres.

Entre los casos documentados de sevicia, el GMH ha podido identificar como mecanismos de violencia el degollamiento, el descuartizamiento, la decapitación, la evisceración, la incineración, la castración, el empa- lamiento y las quemaduras con ácidos o sopletes. A la utilización de armas cortopunzantes que han acompañado estas prácticas de crueldad extrema, se sumó el uso de herramientas agrícolas que se erigieron como símbolos del terror: la motosierra y el machete.”

“Sobre el puente del río [Guamuez], nosotros logramos recuperar siete cuerpos. Esos cuerpos estaban abiertos por el tórax. Otros estaban degollados. Lo que nos contaba un muchacho que logró salvarse, era que los paramilitares empezaban a bajar a cada persona de las camionetas y con hachas y cuchillos abrían el estómago. Les enterraban el cuchillo en el estómago, al filo del ombligo, y recorrían con él hasta el cuello, luego los lanzaban al río. Así estaban todos los cadáveres que encontra- mos en el río. No sabemos cuántas personas más echaron al río, por eso decimos “los que viven en el río”. Es incontable saber cuántas personas viven en este río.”

Víctima de la masacre de El Tigre (Putumayo)

“La verdad es que estoy muy triste y desilusionada, como no había estado en años, ni si quiera cuando vi correr la sangre por los canales de la que era mi casa, esta tristeza sumada a cansancio y rabia me lastiman profundamente. La guerra se ha propuesto joderme la vida y no se cansa de hacerlo, estoy harta, ya no tengo 35 años como cuando me desplacé, a veces me pregunto ¿cuál ha sido mi pecado?, ¿cuál ha sido mi error?

Yo me he tenido que enfrentar a un Estado y una sociedad podridos, a un sistema macabro en donde sobrevive el que tiene los medios para someter al resto. [...] no le estamos quitando la tierra a nadie, tenemos derechos, solo queremos que se nos garantice el acceso a esos Derechos”

Testimonio de una mujer en la Costa Caribe

“El Registro Nacional de Desaparecidos reportó, hasta noviembre del 2011, 50.891 casos, de los cuales se presume que 16.907 corresponden a desapariciones forzadas, mientras que el RUV [Unidad de Víctimas] registra 25.007 personas desaparecidas forzosamente como producto del conflicto armado.

Esta elevada magnitud solo puede comprenderse cuando se constata que tal delito rebasa lo ocurrido en las dictaduras militares del cono sur de América Latina: 485 desapariciones forzadas en Paraguay entre 1958 y 1988; 979 en Chile entre 1973 y 1990; 63 y cerca de 9.000 en Argentina durante la dictadura militar entre 1976 y 1983.”

“A los hombres les miraban las manos a ver si eran trabajadores, porque los guerreros tenían que tener las manos ampolladas y todo eso, reventadas. Revisaban los hombros a ver si tenían bien marcados los hombros de cargar los maletines. O si tenían alguna cicatriz les ponían problema porque decían que la guerrilla tenía cicatrices.79

Ahora, a los hombres, ellos cargaban la bomba de fumigar que les hace una seña aquí [señala el hombro] y como a los guerrilleros se les hace una seña por el morral, si lo miraban le quitaban la camisa y miraban, “tiene la seña”, entonces era guerrillero que porque ahí cargaba el fusil y, mentira, había sido la bomba de fumigar.”

Víctimas de la masacre de El Placer (Putumayo)

“Desconfiábamos de toda persona extraña, de cualquier vendedor que llegara allá [al pueblo]. Era una desconfianza tremenda porque quedamos con ese recuerdo, esa memoria de escuchar las ráfagas de metralletas, las granadas, todo eso. Cuarenta y siete personas asesinadas, gente que uno conoció, que compartió con ellos. Entonces, uno pensaba que todo el que llegara allá iba a hacer daño

Y qué tristeza, porque a uno le daba miedo el amigo. Porque uno no sabía si estaba torcido o no. Eso se jodió... Yo todavía le tengo mucho miedo a la gente.”

Víctima de Remedios y Segovia (Antioquia)

“Ella se entregó a ese dolor, ella no hablaba, se quedaba callada o lloraba, tardó mucho tiempo llorando, no salía casi de la casa, a pesar de que yo le insistía que lo hiciera. Mantuvo la ropa de mi papá por mucho tiempo y guardó el luto hasta el día de su muerte.

Se volvió muy taciturna y comenzó a manifestar los achaques del paso del tiempo pero con mayor rapidez e intensidad, se enfermaba más frecuentemente, tuvo úlceras, se volvió algo adicta al tabaco, y esto la llevó a que se manifestara mucho más rápido un cáncer que le generó la muerte”.

Víctima de la masacre de La Rochela (Magdalena)

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Gonzalo Sánchez Gómez
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Mié, 2013-07-31 11:17

Qué buena y oportuna entrevista. Descorazona ver a ciertos sectores (Rangel et al) jugando al negacionismo desprestigiando el informe. ¿Es iluso pensar en una especie de consenso sobre el horror de la guerra en Colombia?

Mié, 2013-07-31 11:45

El consenso sobre el horror de la violencia en Colombia es posible. Inclusive me atrevería a decir que es un hecho el reconocimiento de su existencia.

Otro asunto es que algunos lo encuentren justificado o que disientan en la "contabilidad inacabada" de los muertos, o que aseguren que las balas no vinieron de donde dice el informe, o que defiendan que la maldad de los unos se sustente en la de los otros, o que los muertos de una lado sean más o menos valiosos que los del otro, así como las motivaciones y métodos de sus victimarios. En estos temas nunca habrá consenso.

Tampoco habrá unanimidad sobre la metodología para cesar esta horrible noche.

Mar, 2013-07-30 20:54

Es cierto: la alianza estatal-militar con lo ilegal (que heredamos, entre otras, de la "guerra contra Pablo Escobar") no sólo renueva el círculo de la guerra, sino que apuntala el clientelismo y termina cercando a las víctimas, las condena a la oscuridad. En Colombia se requiere de una democracia hecha desde las víctimas y no desde los victimarios. Ese es el reto de la presente generación.

Vie, 2013-07-26 12:23

Un párrafo tomado del informe, página 20:

"El informe permite confirmar que entre 1958 y 2012 el conflicto armado ha ocasionado la muerte de por lo menos 220.000 personas, cifra que sobrepasa los cálculos hasta ahora sugeridos. A pesar de su escalofriante magnitud, estos datos son aproximaciones que no dan plena cuenta de lo que realmente pasó, en la medida en que parte de la dinámica y del legado de la guerra es el anonimato, la invisibilización y la imposibilidad de reconocer a todas sus víctimas."

El informe tiene 434 páginas (en PDF), de texto tipográficamente bastante denso. Contadas por un software, tiene 222.914 palabras (contando las separaciones entre cadenas de caracteres).

Ahora, pensemos en lo siguiente:

Por cada palabra contenida en este informe, por cada conjunción, preposición, cifra; desde la carátula hasta el último punto final, ¡HAY UN MUERTO DEL CONFLICTO ARMADO!

Jue, 2013-07-25 15:34

Hoy sí pude descargar el documento. Sin duda, no es un documento más sobre la violencia en Colombia. En poco tiempo será "el documento" de referencia obligado para construir sobre él nuestro futuro (ya será el de nuestros hijos).

Empiezo su lectura, con temor y esperanza, animado por el último párrafo de su prólogo:

"El informe es un momento, una voz, en la concurrida audiencia de los diálogos de memoria que se han venido realizando en las últimas décadas. Es el “¡Basta Ya!” de una sociedad agobiada por su pasado, pero esperanzada en su porvenir."

Por este esfuerzo monumental, gracias.

Mié, 2013-07-24 18:54

Que investigación tan excelente y muy buena entrevista. De resaltar aquello de que no somos conscientes del conflicto armado existente en Colombia, de ahí la necesidad de terminar con la actitud de eludirla. De al menos desde nuestra posición exigir su terminación. Claro, también creo que debe conocerse toda la verdad de victimarios y víctimas, donde los primeros pidan perdón proveniente de un verdadero arrepentimiento y promesa de no repetición. El hecho de que la gran mayoría de colombianos no suframos la violencia, es lo que ha permitido su permanencia, de ahí esas noticias de ser el país más feliz del mundo, y escuchar al gobierno tantas sandeces acerca de nuestros avances y lo peor que la mayoría se lo crean.En verdad que no tenemos ningún derecho de envanecernos, sobre tanta tragedia e impunidad.

Jue, 2013-07-25 12:01

Vea Marleny, este articulo-entrevista es de verdad valioso, lástima que los usuarios de LSV no se percataron de la verdadera importancia de este informe y no fue debatido a fondo; muy de acuerdo con Ud., pero fíjese acá presumimos de replicar todo bochinche, y esto que de verdad es significativo, paso casi que desapercibido.
Hay que ser conscientes que las historias que se publican la verdad no tienen recordación más haya de 2 o 3 días, a diferencia de una de los Blog-economistas: ‘‘de pobres a pobrecitos'' que se replicó, en todas las formas y sabores por asumir una posición bastante descabellada, para más de uno,.. Inclusive. Porfa léalo y me cuenta.

Mié, 2013-07-24 17:10

Todo honor y toda gloria,para las victimas de miles de miles de asesinatos cobardes , y millones de campesinos desalojados de su terruno..Como me duele mi Patria,y lo peor es que no hago nada,absolutamente nada,para aliviar el sufrimiento de tanta sangre derramada..de tanta familia destrozada, de tanta vileza auspiciada...

Mié, 2013-07-24 16:10

Perdón que les interrumpa la charla. FELICITACIONES! y Gracias por la entrevista con la maestra Martha Nubia Bello.Con años y años vividos en esta herida y al parecer insensible Colombia,el trabajo presentado es sin duda un fundamental aporte al momento que vive el país y un llamado para que quienes tienen el poder de hacerlo, reconozcan que la historia no puede menospreciarse del conocimiento y del acervo necesario de la preparación y formación educativa de los compatriotas desde la edad primera. Creo que en alta proporción la decadencia moral y ética que padecemos en todos los órdenes se debe al olvido deliberado de nuestra historia. Gracias!

Mié, 2013-07-24 14:52

De anotar las recomendaciones sobre todo lo que tiene que ver con la educación sobre el conflicto armado. Se que puede ser muy ladrilludo pedirle a los jóvenes de bachillerato que se peguen un repaso semi-obligatorio, sin editorializar, sobre la historia de las victimas y el conflicto armado. Pero sin duda el esfuerzo puede sembrar la semilla para generar conciencia y una garantía mas certera para la no repetición.
Para muchos jóvenes el oír del fenómeno paramilitar, las convivir, la parapolitica etc. es simplemente un barullo de las noticias, que se pierde entre realities y las banalidades del momento, casi que se confunde con la historia de los próceres, pero no hay una visibilizacion de que son eventos contemporáneos que les pueden afectar la vida si no le ponen atención.
Las leyes sin duda son importantes, pero una sanción moral de la sociedad es mucho mas contundente.

Mié, 2013-07-24 19:18

Eso se llama sentido de pertenencia que en este país no tenemos, muy triste, eso sí las mejores novelas de latinoamérica.

Mié, 2013-07-24 11:48

El pie de foto de la profe Martha, habla de Luis Jorge Garay... creo que se les fue!

Mié, 2013-07-24 12:31

Toda la razón, ¡muchas gracias! Ya lo corregimos.

Mié, 2013-07-24 10:40

Lo peor de todo es que esa violencia no ha cesado, todos los días siguen habiendo desplazamientos, asesinatos, masacres, y los que siempre sufren más son los que nacieron sin el pan debajo del brazo, es decir el documento deberá decir, continuará...

Colombia se ha convertido desde principios de los 90 en una Sociedad Anónima, donde no hay lugar para el bienestar de los pobres, solo para las empresas y los grandes negocios. Las víctimas son todos aquellos que no dejen "progresar" el país y estorban en sitios donde es necesario crear industria e invertir.

Bienvenidos a Colombia S.A.

Mié, 2013-07-24 10:13

Excelente entrevista y excelente trabajo, felicitaciones a LSV. Sin embargo, parece que estuviésemos hablando del pasado.
Esto que se describe es el presente en vastas zonas de Arauca, Nariño, Chocó, Antioquia, Caquetá, Putumayo, Meta, Guaviare, Putumayo, Nariño, entre otros.
No debemos olvidar que esta violencia aún no termina y que los crímenes por parte de actores legales e ilegales que actúan en la guerra continúan. Por ello es necesario el fin del conflicto.

Mié, 2013-07-24 10:07

El enlace de descarga contenido en la siguiente página no funciona:

http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/micrositios/informeGeneral/de...

Y no funciona porque autoreferencia la misma página que lo contiene.

Aún antes de leer el documento, esta entrevista permite vislumbrar que es un trabajo serio, basado en realidades, por lo cual será muy difícil de soslayar. Presiento que a partir de ahora será un material de referencia obligado, para los simpatizantes de cualquier orilla.

Mié, 2013-07-24 10:32

JorgeAlberto, es por ello que normalmente no estoy de acuerdo con estos links como referencia, además de volver dispendiosa y eterna la lectura, nos llevan a referencias en otros idiomas, y la verdad sea dicha, esta entrevista poco necesita de apoyo de algún link, habla por si sola, hubo ´preguntas puntuales, precisas, con respuestas igualmente puntuales y precisas.

Mié, 2013-07-24 10:38

DIDUNDI, en este caso, la entrevista es sobre un documento que, me parece, es de obligada lectura. La entrevista es solo una presentación, tal vez muuy resumida, del documento referenciado.

Mié, 2013-07-24 12:58

es innegable el valor de éste informe, pero ayúdame a presionar a LSV sobre mi pregunta puntual: que ha hecho el estado con tantos informes de este tipo a través de la hsitoria?.

Repito innegable la importancia del documento, para leerlo a profundidad, pero el resumen que nos dio LSV en su cuestionario, habla por si solo, lo suficiente, como para darme tiempo a dejar un poco la pereza,( Jejeje, ya tengo fama y bien ganada con el ''sudor'' de mi frente).

Mié, 2013-07-24 06:54

Tristeza que tantos Colombianos se hayan asesinado entre sí durante tanto tiempo, varias generaciones en lo mismo... y mientras tanto algunos tratan con pañitos de agua tibia como matarse despacito el conflicto, la guerra.

Deshumanizada esta hace rato la guerra, lo que debemos es avanzar en lograr la paz.

Mié, 2013-07-24 06:06

Me imagino que a Marc Hofstetter, de blogoeconomía, le debe parece que esto es "regodearse contando víctimas" y que gente como Martha Nubia Bello "nos hace agachar la cabeza como sociedad". porque este es un país dónde todo el mundo posa de víctima: http://www.lasillavacia.com/elblogueo/blog/de-pobres-pobrecitos

Sí, hay que seguir reconociendo a las víctimas.

Mié, 2013-07-24 10:04

Juliana ,el sr de Marc, tiene una forma particular de regodearse con las victimas con sus :''VERANIEGOS RELATOS''.

Mié, 2013-07-24 09:27

Yo le sugiero a Juliana y a todo su combo que se metan a un cursito de comprensión de lectura. Solamente lee lo que quiere leer.

Mié, 2013-07-24 12:36

¿Por qué el insulto? Pues sí, acá está el conteo, que sí es importante --aunque a Hofstetter y a "todo su combo" les parezca que lleva al país a "agachar la cabeza" y a "regodearse" en una "actitud de víctimas." "Problemas de prosa" y de "comprensión de lectura" mis polainas.

Mié, 2013-07-24 16:20

¿En dónde está el insulto?

Jue, 2013-07-25 00:42

En que en lugar de confrontar un argumento se pretende sugerir que su autor necesita aprender a leer. Más que un insulto es una evasiva tonta --de primaria. Pero sí le quita altura a la conversación. ¿No cree?

Mié, 2013-07-24 09:58

Y es que para entender el HORROR narrado de nuestra Guerra, la de TODOS. hay que hacer algún curso especial?,:la referencia a los Blogeconomistas esta justificada, entrra y léelos en el blog de ''ricos a plobres' para que seas tu quien entienda de que habla JUliana.

Mié, 2013-07-24 01:11

Q cosas, todas las grandes entrevistas de LSV, desafortunadamente refieren al mismo tema: NUESTRA VIOLENCIA,.. NUESTRA GUERRA,…LA DE TODOS. La experiencia externa solo nos ha servido para implementar más formas de ‘’AUTOELIMINACIÓN’’. Un ETERNO y CRÓNICO problema de tenencia de tierras, sin resolver atravesado por factores políticos militares narcotráfico guerrillas paras, URRUTIAS, en fin un SAMBUMBE de malos olores y sabores.
Interesante la desviación de acciones ‘’netamente subversivas’’ en terrorismo cuando se legislo para juzgar a unos, mezclando las causales de delitos, y la responsabilidad en la forma q Furibe asumió ‘’defender ‘’el País de ilegales uniéndose a mas ilegales, reconociendo una frase para mi estremecedora q circula hace mucho tiempo: ‘los paras ganaron la guerra’’, concluyendo q en efecto hemos tenido un estado criminal.

Mié, 2013-07-24 01:14

Q tanta importancia le da el estado a este tipo de informes?, teniendo en cuenta q no es el primero, desafortunadamente así se llame ‘ BASTA YA’, creo no será el último, la HABANA es nuestra esperanza cercana, esa q es la última que se pierde, afortunadamente hemos tenido muchas en remojo, ojala no la malgastemos, quien quita que sea la última.

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