Por Juanita Vélez · 14 de Diciembre de 2016

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Faltan dos semanas para que, el 31 de diciembre, las Farc terminen de llegar a las zonas de concentración y sin embargo varias de las 20 zonas y 7 campamentos todavía no están ni cerca de estar listas para alojarlos en los próximos seis meses.

La demora se debe a problemas logísticos que no se solucionaron antes porque las Farc y el Gobierno se enredaron en la discusión sobre cómo debían ser las instalaciones en las que van a estar los guerrilleros mientras dejan las armas.

Es una discusión que suena de forma, pero es de fondo porque tiene que ver con el futuro de las Farc.

“Lo que más les preocupa es qué va pasar luego de los 180 días y para eso preferían casas prefabricadas cuasi permanentes”, dijo a La Silla una fuente del Gobierno, dando a entender que muchos guerrilleros preferirían poder quedarse en las zonas mientras les definen su reincorporación, ya completamente desarmados.

Las zonas a medias

El 6 de diciembre, cinco días después de que empezara a implementarse el Acuerdo (D+5, en los términos de éste) todos los guerrilleros de las Farc debían comenzar a pasar de los puntos de preagrupamiento temporal que reglamentó Santos mediante un decreto a finales de octubre, a las zonas de concentración. Y que debían llevar con ellos sus armas individuales, según el Acuerdo.

 

Pero eso no se ha podido hacer al pie de la letra ni dentro del cronograma, como lo han contado las patas regionales de La Silla.

En Caño Indio, una vereda de Tibú en el Catatumbo, La Silla Santandereana contó que la concentración se enredó porque no se han podido poner de acuerdo los delegados del Gobierno con las quince familias que viven en la zona veredal para que dejen de sembrar coca e iniciar la erradicación inmediatamente.

A los campesinos les preocupa que como en la vereda no hay agua en las casas para cultivar ni estudios de suelos que digan qué más sembrar, sin la coca se queden con qué vivir.

Por eso, y porque ayer la zona se inundó, es posible que toque buscar otro lugar para la concentración.

En Tumaco, fuera de la coca hay un problema grave de la seguridad. La Silla Pacífico contó que este año van 132 homicidios en el municipio, 27 más que hace un año, y hay paramilitares en la región.

Por eso el frente Daniel Aldana y su comandante, Yesid Buitrago, no se han querido ir al lote de un kilómetro y medio en la vereda La Playa donde en principio se van concentrar.

No solo porque ahí solo hay maleza, sino porque temen que concentrarse los pueda dejar a la merced de los paramilitares, a quienes señalan de ser responsables en buena parte  de la la ola de violencia.

En Antioquia se han presentado incidentes en dos de las cinco municipios donde hay zonas de concentración.

En Ituango, el alcalde Hernán Darío Álvarez denunció públicamente que cinco guerrilleros desertaron de las Farc, posiblemente para seguir delinquendo.

“Me llegaron reportes de que esos cinco se fueron armados y que hubo otro más que también se fue, pero sin armas”, dijo a La Silla el gobernador del departamento, Luis Pérez. “Los guerrilleros están aburridos. Aquí no han llegado ni las carpas, ni los alimentos y ellos están esperando a que les pongan comodidades”.

Dijo también que ya ha enviado cartas a Presidencia para contar lo que pasa en su departamento y que la respuesta es que a partir del 30 de diciembre van a llegar los materiales para armar las viviendas.

En Anorí la guerrilla inicialmente se iba a concentrar en la vereda El Carmín, pero la cambiaron por la vereda La Plancha por la llegada del ELN a la zona.

Pero según Pérez ahora no hay dónde ubicarlos: “el dueño de un lote les dijo que sí y el otro que no que porque lo mataban, entonces están contemplando un tercer lugar”.

No todo es malo

Mientras eso pasa en esos puntos, hay otros en los que las Farc están más tranquilas e instaladas.

Es el caso de La Paz, Cesar, como contó La Silla Caribe. Allí los frentes 41 y 19 del Bloque Martín Caballero ya han tenido reuniones sin armas con líderes de la vereda para debatir proyectos comunitarios y hacer pedagogía de los Acuerdos a los campesinos, aunque siguen esperando que les instalen el campamento y construyan o mejoren las vías de acceso.

Otro ejemplo es el de Caldono, Cauca, que es de las zonas más adelantadas. “Aquí ya contamos con la gente del mecanismo. Ya hay baños portátiles y los campamentos instalados. Todos ya están viviendo aquí”, le dijo a La Silla una persona cercana al mecanismo de monitoreo y verificación.

Esos logros se deben, según esa fuente, a que en esa zona del Cauca hay mejores carreteras que en otras zonas, y así han podido llevar más fácil lo que se necesita para montar los campamentos y demás.

La buena noticia, además de esos casos positivos, es que la discusión de fondo entre el Gobierno y las Farc que más afectó las otras ya se solucionó. La mala es que el tiempo que queda es muy poco.

¿Por qué la demora?

Que las zonas no estén listas a escasos quince días de que los guerrilleros terminen de llegar tiene varias explicaciones, según le contaron a La Silla dos fuentes del Gobierno por aparte.

La primera es que delimitarlas demorado, porque había que verificar que fueran habitables (es decir que tuvieran acceso a agua, luz y que pudieran llevar los containers para la entrega de armas); y que fueran seguras tanto para la guerrilla y la gente que vive cerca, como para los miembros del Mecanismo de Monitoreo y Verificación de la ONU.

Un mes antes del plebiscito, el Gobierno comenzó a hacer las visitas para verificar que las zonas escogidas en La Habana sí cumplían con esos mínimos y con líneas rojas que planteó el presidente Juan Manuel Santos como que en esas zonas no podía haber población civil, ni cultivos ilícitos

Esas visitas resolverion esa primera demora y llevaron a que las 22 zonas y 6 campamentos iniciales terminaran siendo 20 y 7, respectivamente. Pero ese cambio produjo otras demoras.

La segunda explicación para la demora ha sido la dificultad para conseguir los lotes en varias de las zonas.

Según Diego Bautista, director de Paz Territorial de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, los más fácil habría sido conseguir baldíos en todas partes para ahorrarse el problema de arrendar, pero fue muy complejo encontrarlos.

Aunque en casi todas las zonas ya encontraron los lotes para arrendar por 180 días, en más o menos una cuarta parte de ellos los dueños de los predios comenzaron a especular sobre los precios o a negarse a “arrendarle a las Farc”.

Eso pasó, por ejemplo, en Villarrica, donde el dueño del lote en el que se concentrarían las Farc dijo que no lo arrendaba para eso.

Por eso, ambas partes aceptaron cambiar Villarrica por Icononzo, dónde están negociando el arriendo de un predio y tienen, como plan B, otro sobre el que ya hay un acuerdo.

Ese problema no se ha resuelto porque en algunas zonas, según una fuente del Gobierno, todavía no se han logrado arrendar los predios o siguen negociando con los propietarios.

Una tercera explicación a la demora es lo difícil de instalar los campamentos donde hay cultivos ilícitos.

Llegar a un acuerdo para erradicar se logró, por ejemplo, en la vereda La Paloma en Policarpa, Nariño, pero ha sido todo un problema en otras regiones como el Catatumbo, por ejemplo.

Ahí la solución por ahora es cambiar las zonas donde sea imposible erradicar, al menos en el corto plazo. “Obviamente seguiríamos con el plan de sustitución, pero nos tocaría mirar otro lugar”, dijo Bautista a La Silla.

Eso significa que puede que haya zonas que no estén listas a finales de año, porque toca arrancar de ceros.

La otra opción sería concentrar a los guerrilleros de las zonas donde hay coca a otra ya constituida. Pero eso lo tendrían que concertar antes el Gobierno y las Farc.

Fuera de esas explicaciones, el problema más grave para la demora, más allá de los arriendos, las condiciones del terreno o la coca, eran las instalaciones.

“Las Farc querían que se les construyeran casas prefabricadas, cuasi permanentes. El Gobierno lo que quería era ponerles campamentos como los que ellos ya tienen en la selva”, dijo a La Silla una alta fuente del Gobierno.

La discusión estaba trancada ahí y por eso no se podía avanzar en montar todo lo que se necesitaba. Solo hace dos semanas, casi sobre el día D, acordaron lo que quería el Gobierno.

“Nos pusimos de acuerdo con las Farc en aprovechar su experiencia en construcción de campamentos temporales, cosa que demostraron en el Yarí en su X conferencia”, dijo a La Silla Bautista.

La idea ahora es que las construyan entre los guerrilleros y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, UNGR, la entidad del Estado que se encarga de prevenir desastres y por lo tanto tiene experiencia en ese tipo de alojamientos provisionales.

La UNGR ya comenzó a visitar las 27 zonas para ver qué se necesita en cada una, según su clima, con ayuda de los guerrilleros que ya están en cada sitio. La idea es tener los campamentos instalados y equipados antes de año nuevo, cuando las Farc deberían estar totalmente concentradas.

Aunque las Farc ya no tendrán casas prefabricadas, hasta donde pudo confirmar La Silla, ese pedido tiene que ver con la incertidumbre sobre lo que viene para ellas cuando pasen los 180 días en los que deben entregar las armas, porque lo que puede pasar es que pase más tiempo y prefieran quedarse a vivir ahí mientras tanto, para lo que el Gobierno tendría que renovar los contratos de arrendamiento de los predios.

Por ejemplo en La Paz, en la serranía del Perijá, algunos guerrilleros si han pensado en quedarse allí para mantener la vida colectiva que conocen y que no quieren dejar. Pero esa no es una posición oficial de los frentes que hacen presencia en ese territorio y no lo han pedido formalmente.

Para meterle el acelerador a las zonas y cumplir con el cronograma, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz va a nombrar un nuevo coordinador operativo.

Será Carlos Córdoba, que viene de manejar la RAPE (Región Administrativa y de Planeación Especial), fue gerente nacional de Contratos Plan en el Departamento Nacional de Planeación, coordinador del Programa Bogotá Cómo Vamos y es especialista en economía pública.

Córdoba le confirmó a La Silla su nombramiento, pero nos dijo que apenas se está instalando y prefiere, por ahora, no hablar.

Su tarea va ser coordinar la logística de las zonas, como asegurarse de que lleguen los materiales para construir los campamentos, que haya comida y, en general, que durante los 150 días que duren la concentración y el desarme, las zonas funcionen como toca.

Fuera de esa “dirección operativa”, también habrá otro equipo que se encargará del inicio de la reincorporación de los guerrilleros en las zonas. Es decir, de lo que comienza a pasar el día 181.

La idea, según nos dijo Bautista, es que en el día D+60, es decir el 31 de enero, la Universidad Nacional arranque a hacer un censo de todos los miembros de las Farc para ver qué habilidades laborales tienen y empezar a pensar en qué podrían trabajar.

Ante el problema de seguridad que hay en Tumaco y en Antioquia, por ahora el Gobierno no tiene una medida especial. Lo que sí aseguran es que si el punto de preagrupamiento cumple con las condiciones de seguridad, no habría problema en que se queden ahí, pero habría que concertarlo antes.

Con el tiempo en contra y problemas aún sin resolver en algunas de las 27 zonas, lo más probable es que algunos frentes de las Farc reciban el año nuevo sin concentrarse.

El problema es que entre más pase el tiempo, es más probable que haya problemas en el cese al fuego, como la muerte del disidente Don Y en Tumaco, o disidencias, como la de los cinco líderes que las Farc expulsaron de sus filas anoche.

 

 

 

 

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