Por Tatiana Duque · 13 de Julio de 2017

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A raíz de la captura de Gustavo Villegas, el secretario de Seguridad de Medellín, el abogado Michel Pineda, dijo que los contactos de Villegas con seis de sus clientes de la ‘Oficina de Envigado’ para su desmovilización se hicieron bajo el marco del acuerdo de paz con las Farc y contaron con ‘la bendición’ de un cura y un monseñor.

El cura es Juan Carlos Velásquez, párroco de la iglesia María Madre de Itagüi, quien confirmó que estuvo en algunas de las desmovilizaciones en el despacho del doctor Villegas. “Pero no le he pedido permiso al arzobispo para hablar al respecto”, dijo a El Tiempo.

Y el arzobispo es Ricardo Tobón, un superpoderoso de Antioquia que ha tenido gran impacto en el pasado cuando se ha referido a temas políticos. Y que por eso ahora, que ha decidido guardar silencio, hay voces que le piden que se pronuncie porque su perspectiva podría darle legitimidad a la negociación para el sometimiento de las bandas criminales que es el contexto en el que fue capturado Villegas.

“La Iglesia lleva años intentando la paz urbana. La iglesia sabe de los pormenores. ¿Por qué no hablan?”, nos dijo Fernando Quijano, director de la ONG Corpades, que lleva 18 años trabajando temas de paz y reincorporación en Antioquia.

El influyente Arzobispo

Quienes conocen al arzobispo Ricardo Tobón y hablaron para esta historia (cinco congresistas, dos concejales, dos políticos de la región, y dos ex funcionarios de las alcaldías), dicen que el monseñor, de 66 años, es un hombre serio, metódico, que escucha las posturas de todas las partes antes de hablar y con un amplio recorrido académico. Y que lleva siete años como arzobispo ejerciendo gran influencia sobre la sociedad y la política local.

Es licenciado y doctor en Filosofía de la universidad gregoriana de Roma, y formador de curas en el Seminario de Santa Rosa de Osos, de Antioquia.

Oriundo de Ituango, Antioquia, llegó a ser obispo a los 52 años, y trabajó en la diócesis de Rionegro hasta 2010 cuando fue nombrado por Benedicto XVI como arzobispo de Medellín, en reemplazo del monseñor Alberto Giraldo, quien es arzobispo emérito de la ciudad desde que renunció al cargo.

Tobón es un hombre reservado. Poco habla en medios de comunicación y prefiere emitir sus opiniones en columnas de la Conferencia Episcopal. Sin embargo, sus comunicados públicos han puesto a toda la ciudad a hablar.

La primera vez que habló fuerte a la administración y a la sociedad antioqueña fue en marzo de 2013, cuando el Monseñor le aguó la fiesta a Medellín tras ser elegida como la ciudad más innovadora del mundo por The Wall Street Journal.

 

Tobón criticó que los medios no informaran la verdad de la situación de violencia en el área metropolitana, la falta de compromiso con la niñez para que no fuera involucrada en el conflicto, la situación de las cárceles, el microtráfico de drogas, entre otros temas.

“Eso fue un campanazo para todos, nadie había hablado tan duro como en ese momento”, recuerda el hoy concejal Carlos Zuluaga, quien para la época era representante conservador y había sido presidente de la Cámara.

“En 2013 Ricardo Tobón dio puntadas interesantes con sus preguntas, que nadie al final respondió”, nos dijo Fernando Quijano.

Al siguiente año, en 2014, el Monseñor comenzó a hablar públicamente de política electoral.

A solo dos semanas de las elecciones a la Presidencia, Tobón envió otra carta, esta vez a los feligreses, en donde pedía que no votaran “por el candidato de la compra de votos”.

Luego, en agosto de 2016, invitó a marchar contra las cartillas de la entonces ministra de Educación Gina Parody para “defender los principios de la familia”, tal y como decía un volante que distribuyó la Arquidiócesis en los días previos a la multitudinaria marcha. Un mes después, fue condecorado por el alcalde Federico Gutiérrez con la medalla al mérito educativo y cultural.

Para el plebiscito, se declaró “neutral” e invitó a conocer bien los acuerdos. Pero cuando ganó el No escribió otra carta en la que concluía que “todos hemos ganado”.

“Si lo que se propone como paz le causa miedo al pueblo es inútil insistir en ese camino”, escribió. “Tenemos que entender que la paz es mucho más que ausencia de guerra, que no se puede reducir a un acuerdo con un grupo alzado en armas. Nos ha quedado claro que politizar la paz tiene nefastas consecuencias; que la verdad y la recta intención no se pueden fingir; que el diálogo es con todos o los excluidos no marchan en el proyecto.”

Más recientemente, en mayo de este año, con motivo del día de la familia, hizo nuevamente, duras críticas a la llamada ‘ideología de género’, y pidió no dejarle “la suerte de la familia a las pasiones, a la sociedad de consumo”. Lo que volvió a poner el tema sobre la mesa.

Parte de su influencia proviene de la fuerza que tiene la Iglesia en Antioquia, uno de los departamentos más católicos del país. Y parte de sus nexos con los políticos locales, con los que se reúne el primer lunes de cada mes.

Con políticos

Desde que llegó procedente de Rionegro a la jefatura de la iglesia en la capital antioqueña hace siete años continuó con una tradición de más de 30 años que ninguna otra parte del país tiene: reuniones mensuales de los obispos con todos los congresistas del departamento, sin importar el partido político.  

Con Tobón, las reuniones se realizan en la rectoría de la Universidad Pontificia Bolivariana, de la cual el monseñor es Gran Canciller, es decir, el máximo jefe de la universidad, quien elige al rector de la entidad (además, la Arquidiócesis tiene 30 colegios en la capital).

Están invitados los 10 senadores y 17 representantes antioqueños, además de los obispos del departamento.

Sin falta, acude la bancada antioqueña del Centro Democrático y la del partido Conservador; de La U no falta el representante León Darío Ramírez; de los liberales siempre está el representante Óscar Hurtado; y del Polo va Víctor Correa, mientras que esporádicamente se ven a los congresistas de La U Germán Hoyos y Juan Felipe Lemos.

También asisten, sin ser congresistas, otros políticos conservadores paisas.

Tobón sugiere los puntos de discusión del siguiente encuentro y los congresistas escogen. Aunque se muestran como encuentros de corte académico (llevan un invitado que es ponente, como por ejemplo, para la reunión de los acuerdos llevaron al hoy precandidato uribista Rafael Nieto Loaiza), allí el Monseñor tira línea.

“Él siempre da línea, por ejemplo, si decía ‘no estoy de acuerdo con el matrimonio gay’ uno sabía que esa era la línea de la iglesia”, nos dijo un excongresista antioqueño.

Otros creen que por el carácter de Tobón, la línea no es necesaria.

“Todos sabemos cómo piensa la Iglesia Católica antes de ir a las reuniones. No es necesario que nos tiren línea”, nos dijo el congresista azul Germán Blanco. “Las conclusiones y lo que hablamos lo transmiten los obispos con la gente, hacen homilías. Él sí recopila lo que le decimos y hace observaciones”, nos dijo la representante uribista Regina Zuluaga.

Aunque esa congresista nos dijo que Tobón “es de centro”, otro ex congresista paisa nos dijo que es “cercano al partido conservador”, en parte porque muchos políticos azules asisten a sus reuniones.

Dentro de la iglesia, Tobón es conocido como de la línea más conservadora del catolicismo colombiano y es muy cercano al candidato presidencial Alejandro Ordóñez, como contamos.

La Arquidiócesis nos reiteró que el Monseñor no tiene tintes ni candidatos políticos.

Hoy, según la Arquidiócesis, Tobón está dedicado a la preparación de la visita del papa Francisco a Medellín el próximo 9 de septiembre en el marco de su visita a Colombia y es de eso a lo que se ha referido (el viernes previo a que estallara el escándalo de Villegas, dio una rueda de prensa anunciando la beatificación de dos curas).

Por ahora lo más probable es que el monseñor se centre en ese tema y no se pronuncie sobre la participación de su arquidiócesis en el sometimiento de las bandas. Un tema que desde que llegó al Arzobispado, dejó claro que sería “un trabajo silencioso”.

Con las bandas

“A través de las parroquias de Medellín, nosotros estamos en contacto directo y permanente con todos estos grupos violentos y se hace un trabajo discreto como tiene que hacerse en todos estos casos”, dijo Tobón en una de sus pocas declaraciones mediáticas en 2010.

Durante años, la Iglesia Católica ha sido parte de los diálogos con bandas criminales en Medellín para bajar los índices de homicidios a través de pactos de no agresión entre los grupos o combos.

Así ocurrió en 2010 cuando el entonces saliente arzobispo de Medellín, monseñor Alberto Giraldo medió en una ‘tregua’ entre 140 bandas que delinquían allá para que no se mataran entre sí, y más recientemente el trabajo barrial del cura Velásquez y cientos más en las comunas.

Como los curas, a través de sus parroquias, tienen acceso a los barrios donde el Estado no entra, como nos dijo un edil de la comuna 13, se convierten en líderes de la comunidad, no tanto por la religión sino por los nexos que construyen día a día con los vecinos, entre los cuales están pandilleros de las bandas, que controlan todos los negocios de las zonas.

“Para robar hay que pedir permiso al jefe de la banda, ponen los precios de los huevos, dicen qué cerveza entra. Hasta para matar a alguien le piden permiso al jefe de la banda”, nos dijo ese edil, para evidenciar cómo en la comuna 13 San Javier el orden lo imponen los ilegales.

Es en este marco que la iglesia ha ayudado al trabajo bajo perfil que Monseñor destacó de su labor y que en las administraciones de Medellín le reconocen.

“La iglesia nos ayudó mucho a sostener la ciudad”, nos dijo un ex alto funcionario del gobierno de Medellín, quien no quiso hablar en micrófonos.

Falta por ver si el silencio del Monseñor en torno a la crisis que vive la ciudad hace parte de su trabajo de bajo perfil y si eso servirá para desenredar el lío judicial que tiene tras las rejas a Villegas y en vilo el sometimiento a las bandas criminales.

Comentarios (1)

chjarami

14 de Julio

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Hay gente en Colombia que se enfoca en que nos matemos menos. Gente de izquierda, derecha, centro, arriba, abajo y a través. Religiosos y no religiosos, socialmente conservadores y liberales. Para eso hay que hablar con los que matan. La ética es gris y difícil, nunca blanca y negra. 
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