Por Jineth Prieto | Ana Karietna León Quiroga · 30 de Septiembre de 2016

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Hasta ahora el peso de la campaña por el No en el plebiscito del domingo ha recaído sobre el uribismo. Pero hay otra fuerza que ha ido ganando terreno, está cada vez más organizada y puede darle un empujón fundamental a esa opción: un movimiento conservador de base que aglutina a un sector de cristianos y católicos, que inició con las marchas por la reforma de los manuales de convivencia escolares de hace dos meses y que puede empezar a gestarse como fuerza política para el futuro.

El nuevo actor

La polvareda que levantó en todo el país la inclusión de los derechos de la comunidad Lgbti en los manuales de convivencia de los colegios no se quedó en la movilización que, según medios de comunicación, reunió entre 40 mil y 100 mil personas en siete ciudades del país el 10 de agosto.

Esa marcha puso sobre la agenda de los medios la discusión de la “ideología de género”, un concepto que como explicó Julieta Lemaitre en su blog de La Silla Vacía parte de la idea que la identidad sexual de las personas y los roles de género, "son socialmente construidos y no eternos, esenciales y asignados por Dios".

 

De forma menos visible, también se materializó en el germen de una organización para abanderar esa lucha, con la creación del Movimiento Nacional por la Familia.

El movimiento, que ya tiene página web oficial, se describe como la unión de “padres de familia y ciudadanos en general dispuestos a luchar a favor del diseño original de Dios para la familia y por ende las bases morales que permitieron construir nuestra sociedad”.

Sus cabezas visibles son Oswaldo Ortiz, un youtuber que en los últimos meses empezó a publicar videos en contra de lo que el denominó el ‘lobby gay’ en las esferas de poder del país y que ha logrado que estos sean vistos en ocasiones por dos millones de personas; y Ángela Hernández, la diputada de Santander que se hizo famosa por asegurar que el Ministerio de Educación estaba promoviendo una “colonización” de la comunidad Lgbti en los colegios y por proponer que se crearan colegios para homosexuales.

La bandera del movimiento es la defensa de la familia que, según su promotores, está en peligro porque el “Gobierno está tratando de implantar en las normas del país el hecho de que la identidad sexual no es inherente al género, sino que se construye”.Como lo contó La Silla, eso choca con postulados cristianos y le pega de frente a uno de los preceptos de la iglesia católica que fue promovido por el Papa Juan Pablo II, y que dice que ser hombre o mujer importa en términos salvacionales.

Desde el 10 de agosto la popularidad de ese movimiento ha subido como espuma pese a que las declaraciones de sus líderes han sido abiertamente homofóbicas y se ha ido convirtiendo en un referente para algunas comunidades cristianas y el sector más conservador del catolicismo que, independientemente de su color político u origen social, no se han sentido representados por las decisiones de la Corte Constitucional que le han abierto espacio a los derechos de la comunidad Lgbti con decisiones como la aprobación del matrimonio igualitario y el derecho de las parejas del mismo sexo para postularse en procesos de adopción.

“Esta es una base conservadora que está agotada de los mismos con las mismas, la gente ya no come ese cuento porque siempre es la misma historia. Aquí hay gente que es de los verdes y de otros partidos”, le dijo Ortíz a La Silla.

Su acogida ha sido tanta que Hernández pasó de ser una diputada con poco reconocimiento en su departamento a hacer giras por varias regiones promoviendo las ideas del sector más conservador del país y Ortiz disparó su contador de visitas en su canal de YouTube y casi todos los videos que publica se vuelven virales.

Ortiz le contó a La Silla que a partir del impacto que tienen en redes sociales calculan tener una base de 1,7 millones de colombianos, algo que refuerza la comunicación constante que tienen con líderes en todas las regiones del país.

“En mi celular tengo 70 grupos cada uno con cerca de 100 personas de todas partes del país. Con ellos estamos hablando todo el tiempo”, explicó.

Más allá del número exacto de seguidores, el naciente movimiento ha demostrado su poder de convocatoria.

Solo con la marcha por las cartillas, y sin tener una organización consolidada, pusieron en jaque a la ministra de Educación, Gina Parody; lograron que el Presidente Santos saliera a dar declaraciones públicas sobre la ideología de género; y pudieron haber llevado a que la Ministra hoy esté en licencia en el Ministerio y desaparecida de los medios, a pesar de su papel como la coordinadora de la campaña del Sí al plebiscito.

El Movimiento por la Defensa de la Familia no está casado políticamente con ningún partido, pero puede coincidir con políticos de varios de ellos. El caso más claro, por fuera de la campaña del plebiscito, es el de la senadora liberal Viviane Morales, quien recogió 2,4 millones de firmas para que el Congreso le tramitara un proyecto de ley con el que pretende abolir la adopción de parejas del mismo sexo, algo que encaja totalmente con las motivaciones del movimiento.

A pesar de que esa iniciativa, como contó La Silla, tiene todas la probabilidades de caerse en la revisión que tiene que hacer la Corte Constitucional antes de que se convoque a la votación, pasó su primer debate en el Senado.

Eso refuerza la idea de que en el Congreso, que no ha tramitado leyes que impulsen los derechos de la comunidad Lgbti (incluso no hizo nada cuando la Corte Constitucional le dio un plazo de dos años para regular el matrimonio igualitario), la ideología conservadora es poderosa, y lo que le quiere decir que el Movimiento por la Defensa de la Familia puede tener aliados entre los parlamentarios.

Ortiz le contó a La Silla que además de trabajar en la consolidación de su movimiento en Colombia, también están asesorando varios del mismo estilo en Latinoamérica, y que en concreto se ha acercado al Frente Nacional por la Familia mexicano, que le está haciendo contrapeso a un proyecto que presentó el Presidente Enrique Peña Nieto para permitir el matrimonio igualitario.

Ese fortalecimiento de movimientos conservadores de base en la región, y que el mismo fenómeno se esté presentando en Estados Unidos como muestra el impulso de la candidatura presidencial de Donald Trump por grupos de derecha, es algo que podría darle más fuerza al movimiento si se disparan y se posicionan dentro de los respectivos gobiernos.

Y, en Colombia, sería uno de los grandes ganadores en caso de una victoria del No el domingo.

El plebiscito

Como la línea ideológica del Centro Democrático, que es el partido que ondea más alto la bandera del No, tiene coincidencias con la del Movimiento de la Defensa por la Familia, en medio de la campaña del plebiscito éste les ha servido como trampolín.

De hecho, ese partido se sumó a la marcha del 10 de agosto, y desde entonces incluyó dentro de su discurso la oposición a la ideología de género.

Aunque al principio dentro del Movimiento leyeron esa movida como una estrategia para captar apoyo por el No, la confluencia entre el partido uribista y el movimiento de base se hizo más fuerte cuando Ortiz terció en el debate por el plebiscito con fuertes críticas al texto del Acuerdo Final.

La salida oficial de Ortiz fue a través de un video del 5 de septiembre, en el que aseguró que tras leerse las 297 páginas del acuerdo había concluído que la ideología de género también estaba presente en lo que se había acordado en La Habana.

“...nos metieron en un tremendo lío. Estamos atrapados. Yo soy de la generación de los atrapados en este 2 de octubre. Queremos la paz, pero no queremos representantes como Humberto que no nos representan, ni ideologías en las que no creemos...”, dijo en su intervención.

Ese video, que a hoy ha alcanzado 747.492 visitas, le sacó otra pata al debate y enfocó parte de la discusión de los acuerdos en algo diferente al tema de la justicia, hasta entonces el principal caballito de batalla del uribismo en su defensa por el No.

Los reparos que tienen desde el Movimiento liderado por Ortiz son varios: dicen que la subcomisión de género se instaló sin que estuviera pactada en la hoja de ruta inicial; que la población Lgbti “no es víctima del conflicto como sí lo han sido pastores que se convirtieron en objetivo militar de guerrilleros porque con la evangelización ser se convirtieron en una de las principales fuentes de deserción”; y que, aunque respetan y respaldan la inclusión de la mujer en el acuerdo, creen que está siendo utilizado para introducir por debajo de cuerda el de la inclusión de la comunidad Lgbti.

Si bien esas son sus prevenciones, en los acuerdos de La Habana, tal y como lo ha contado La Silla, el enfoque de género está dado primero sobre la base del reconocimiento de la mujer y segundo sobre el reconocimiento de la diversidad en el país y a las minorías, y eso no tiene nada que ver con el concepto de la ideología de género de la que el movimiento de Ortiz habla.

Dos días después, la Procuraduría, a través de la delegada para la familia Ilva Myriam Hoyos, publicó un análisis sobre el enfoque de género en los acuerdos con tesis muy similares a las del Movimiento.

Aunque en ese momento Alejandro Ordóñez aún Procurador y no se pronunció, el texto de Hoyos anticipaba su postura, pues la delegada fue su punta de lanza en todas las peleas por temas morales similares, como la despenalización del aborto en tres casos o el matrimonio igualitario.

Además, una vez el Consejo de Estado anuló su reelección, creó un canal de YouTube y en voz propia salió a decir que el acuerdo entre el Gobierno y las Farc promovía la ideología de género. Es decir, se montó en el mismo bus.

Ya con esa posición clara, que Ordóñez haya compartido tarima con Uribe en Cartagena, promoviendo el No en el simbólico día que se firmó oficialmente el Acuerdo muestra hasta donde la ideología conservadora de base, que Ordóñez enarbola en su vertiente católica, está asociada con el uribismo. Más porque buena parte de los asistentes a esa ceremonia eran feligreses de la iglesia cristiana del pastor Miguel Arrázola, como contó La Silla.

Sin embargo, mientras Ordóñez y Uribe están impulsando de frente el voto por el No, el Movimiento por la Defensa de la Familia no ha hecho una alusión explícita a esa opción, pese a que en la práctica está con el No.

En su lugar se han movido rechazando el texto de los acuerdos.

Aún así, dentro del Movimiento el No es el que se mueve con fuerza y hashtags.

Hoy el Movimiento por la Defensa de la Familia convocó a una ‘jornada de oración en familia’ que ya está confirmada en 60 ciudades del país. El objetivo, según le dio Ortiz a La Silla, “es orar para que independientemente de lo que gane, Dios tenga el control el tres de octubre. Nuestro objetivo es seguir moviéndonos a través de vías de hecho como las marchas, acciones jurídicas, demandas derechos de petición, manifestaciones”.

Esas oraciones, a menos de 48 horas de que se abran las votaciones, muestran que el Movimiento está activo y organizado. Y aunque no será fácil saber cuánto le contribuye finalmente a la votación por el No, sí queda el germen de una organización conservadora de base, estructurada, motivada y con posibilidades de mover la balanza electoral.