Por Laura Ardila Arrieta · 22 de Abril de 2016

En esta calle encontraron la cabeza de un joven en octubre del a?o pasado. Foto: tomada de El Heraldo.com

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Hoy desde las 7:30 de la mañana, el defensor del Pueblo Alfonso Cajiao recorrerá varios barrios del sur de Barranquilla en compañía de algunos de sus altos funcionarios y autoridades locales. El motivo de esa visita pone sobre la mesa una aterradora situación que ensombrece en la ciudad que, el año pasado, fue declarada por Planeación Nacional como el mejor “vividero” de la Costa, y que de unos años para acá es destacada en el país por su buen momento.

 

Se trata de los macabros casos de cuerpos desmembrados que vienen apareciendo esporádicamente desde 2013, y que este año ya suman cuatro.

Cabezas, troncos, brazos, piernas, que aparecen metidos en costales, enterrados o sumergidos en el río Magdalena, y que inevitablemente recuerdan la horripilante situación de las casas de pique en Buenaventura por cuenta de la guerra territorial de las bandas criminales. De hecho, justo ayer la prensa registró el hallazgo de un brazo y una pierna en un barrio llamado Villanueva.

El registro que de cada uno de estos homicidios ha hecho la prensa local da detalles tétricos de la situación que, por ahora, sólo se presenta en barriadas vulnerables y violentas y en contra de personas humildes: la cabeza de uno de los muertos (el mototaxista William Manotas, asesinado en abril de 2015) fue encontrada por unos niños en un sector conocido como ‘La bendición de Dios’.

El tronco de otra de las víctimas (marzo de este año), sin cabeza y con solo un brazo y una pierna, fue hallado en una alcantarilla del barrio San Roque, luego de que habitantes decidieran abrir el sistema tras varios días soportando un mal olor.

El asesinado más reciente (hace un mes) es un bicicochero cuya cabeza fue arrojada sobre la calle principal del barrio La Chinita. Según el periódico popular Al Día, el que podría ser su torso apareció días después en un saco a orillas del río Magdalena.

Desde 2013 hasta acá van en total 11 casos de cuerpos desmembrados en Barranquilla. En un primer informe de riesgo en julio de ese mismo año y en una nota de seguimiento, en diciembre pasado, la Defensoría del Pueblo advierte la presencia de “grupos posdesmovilizados” en los sectores en los que han ocurrido los homicidios.

Sin embargo, ni la Policía ni la Alcaldía han aclarado de qué se trata exactamente y, de hecho, niegan que en la ciudad haya casas de pique, como lo afirma la ONG Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos, que tiene un observatorio de seguridad y agrupa 266 organizaciones de Derechos Humanos del país.

Esas son “especulaciones”, dijo el alcalde Álex Char hace cinco días. Es por ello que, en un comunicado, la Defensoría pidió explicaciones a las autoridades locales y hoy hará un recorrido por las zonas del terror.

Por ahora es claro que, con las peores cifras de homicidio en los últimos cinco años al cerrar el 2015, la seguridad barranquillera será uno de los principales retos para el recién llegado mandatario. A él, el programa Barranquilla Cómo Vamos le criticó que en su Plan de Desarrollo no haya incluido compromisos sobre cuánto disminuirá la tasa de homicidios estos cuatro años.

Intentamos comunicarnos con el comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, el general Gonzalo Londoño; y con el secretario del Interior del Distrito, Roberto Pérez, para obtener respuestas sobre los casos de cuerpos desmembrados, pero eso no fue posible. La jefe de prensa del General nos dijo que estaba ocupado y el Secretario Pérez nos aclaró que el vocero para temas de seguridad desde la Alcaldía es el gerente del área metropolitana, Jaime Berdugo. A él le dejamos varios mensajes en el chat de su teléfono, que no habían sido respondidos a la hora de publicar esta historia.

En cambio, con otras tres fuentes conocedoras sí pudimos hablar por separado sobre lo que puede estar ocurriendo en Barranquilla.

Ellos son el abogado José Humberto Torres, reconocido defensor de Derechos Humanos, apoderado de víctimas del paramilitar alias Don Antonio y vocero de la ONG Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos, que hace investigación en terreno. El expersonero de Barranquilla Arturo García, quien desde hace tres años investiga el fenómeno de las pandillas y las bandas a nivel local y hoy estará en el recorrido de la Defensoría. Y el investigador Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y  Reconciliación de León Valencia.

“Dicen que no hay casas de pique, pero en alguna parte los están picando”

Torres, García y Ávila coincidieron en que los casos de cuerpos desmembrados con seguridad están relacionados con el fenómeno de las bandas posdesmovilización paramilitar, es decir, las bacrim.

Esa presencia en Barranquilla quedó clara cuando hacia 2012 se disparó la extorsión en zonas de comercio, como Granabastos, el Centro Histórico y Barranquillita, y el fenómeno fue atribuido por las propias autoridades a las bandas Los Rastrojos y Los Urabeños, hoy llamados Clan Úsuga.

El año pasado, en una entrevista a La Silla Caribe, la entonces alcaldesa Elsa Noguera contó: “Los Rastrojos, que ya se llaman Caribeños pero vienen de esa misma organización, hacen presencia en Barranquilla. El clan Úsuga hace presencia en Barranquilla. De pronto no hay una banda conformada de barranquilleros, pero finalmente estas organizaciones están llegando a Barranquilla y empiezan a competir entre ellas y por eso es que observamos situaciones de sicariato”.

Según encontró la Fundación Paz y Reconciliación, en 2014 los Urabeños o Úsuga habrían creado una suerte de federación criminal con organizaciones de la región, luego de dos reuniones ese año en La Arenosa. Algunas disidencias de ese colectivo se organizaron más tarde en otro denominado “La Oficina del Caribe”.

Los desmembramientos son una especie de “homicidios ejemplarizantes” en estas bandas, que asesinan de esa manera macabra para generar terror y mostrarse poderosos.

Sin embargo, en concepto de Ariel Ávila, ese tipo de casos no prueba necesariamente la existencia de las llamadas casas de pique.

En ese punto, se distancia de él el también investigador José Humberto Torres, quien cree que hay varias similitudes entre lo que ha ocurrido en Buenaventura y lo que pasa en Barranquilla. “Las casas de pique en Buenaventura son parte de una guerra entre Rastrojos y Úsuga por el territorio y aquí también vemos enfrentamientos por el control en el sur de la ciudad. Igual pasa con el modus operandi, en ambos lugares usan machetes para desmembrar los cuerpos y suelen dejar las partes regadas en distintos lugares”.

“Las autoridades han querido reducir el tema a un asunto semántico sobre las casas de pique. Dicen que no hay casas de pique, pero en alguna parte los están picando. Si no se llaman casas de pique, entonces se llaman inmuebles de pique”, agregó Torres.

Por último, el expersonero García dice que los desmembramientos son unos “actos de iniciación” que estos grupos imponen a jóvenes recién reclutados y que detrás de ellos podrían estar organizaciones criminales, relacionadas con los desmovilizados, pero no necesariamente Rastrojos y Urabeños.

Dicen que no hay casas de pique, pero en alguna parte los están picando

José Humberto Torres, investigador

García lleva sus tres años de investigación haciéndole seguimiento a una banda llamada ‘Los 40 negritos’, que nació como una pandilla y luego mutó a organización criminal (con estructura de ingresos que les llegan vía extorsiones, narcotráfico y control de los pagadiario), en la que algunos de sus miembros han tenido relaciones con paramilitares desmovilizados.

Hace unos días la Policía capturó a Luis Zafir Mosquera, conocido como ‘el Burro’, quien aparentemente está relacionado con los casos de cuerpos desmembrados. Según las autoridades citadas por la prensa local, ‘el Burro’ prestaba sus servicios a Los Rastrojos, pero no era exactamente uno de ellos.

Eso indica la complejidad de este aterrador problema, sobre el que seguramente habrá un pronunciamiento oficial hoy. Y que hace sombra a la ciudad que llaman la Puerta de Oro de Colombia.

Comentarios (2)

Jose Mario Aristizabal

22 de Abril

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El mayor problema de la ilusión de la paz es que se sigue sin comprender dond...+ ver más

El mayor problema de la ilusión de la paz es que se sigue sin comprender donde vivimos, este articulo, el que habla de limpieza social, recordando los desechables(lo que suena políticamente incorrecto, pero creo que es preferible si los llaman así, a que los sigan matando impunemente, por lo menos cuando se usa un lenguaje fuerte, los caracterizamos y se es consciente del problema real).

En Barranquilla en particular y la costa en general no sufrieron el azote guerrillero como por ejemplo en el Huila o Cauca, pero aun así la violencia permea todo y seguiremos viendo los mismos cadáveres, mientras la alianza intelectuales e ignorantes sigan pensando que esto es de palabras, no de acciones para defender a la población.

Kathy Porto

26 de Mayo

121 Seguidores

Sí. Y con tantos jefes paramilitares de ka costa que masacraron poblaciones e...+ ver más

Sí. Y con tantos jefes paramilitares de ka costa que masacraron poblaciones enteras y ahoravcon " toga" el fenómeno se incrementará. Masacradoresmerecen cadena perpetua.Estamos cercados por genocidas y asesinos compulsivos,  ya degradados totalmente, sin Alma , y sin posible regeneración. La Paz es algo que quieren adornar con semántica.

 

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