Por LaSillaVacia.com · 17 de Febrero de 2017

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Gustavo Petro, Rafael Pardo, Clara López y Enrique Peñalosa, fichas clave de la política en Bogotá en los últimos años, son protagonistas de un nuevo capítulo que se abre en la discusión sobre el futuro del servicio de aseo en la ciudad, y que podría darle vuelo a la revocatoria contra Peñalosa o a alguna de las candidaturas presidenciales de izquierda.

En los próximos días, la Comisión de Regulación de Agua (CRA) debe decidir si el esquema de aseo que propone el Alcalde Peñalosa se acoge a la ley y es viable.

De ese concepto, que todo indica que será positivo, depende que se abra la licitación que escogerá las empresas que recogerán las basuras por los próximos ocho años. Así, además, Peñalosa podrá revertir el cambio al modelo que lideró Petro en su alcaldía.

El problema es que hacerlo justo cuando avanza una revocatoria en su contra puede crear una razón más para movilizar a sectores proclives a estar lejos de él.

El dilema

Petro lideró la reforma al esquema de recolección de basuras hasta convertirlo en una de sus principales peleas políticas, pues era muestra de sus banderas de lucha contra las mafias (a su juicio había una entre los operadores privados de basuras) y de defensa de lo público (porque no había operador público).

De hecho, le apostó tanto a volver público el servicio de aseo (aunque al final solo logró meter en un sector de la ciudad a Aguas de Bogotá, mientras que en el resto siguieron los privados), que fue por eso que lo destituyó el anulado ex procuador Alejandro Ordóñez.

De ahí que la licitación que viene haya generado mucha expectativa entre los trabajadores de Aguas de Bogotá, empresa que le pertenece al Acueducto y que recoge basuras en el 52 por ciento de la ciudad desde el ‘revolcón’ de Petro, en diciembre de 2012.

La inquietud de ellos es que el Acueducto aún no define si Aguas participará en la licitación para tratar de quedarse de nuevo con un sector de la ciudad, o si se saldrá del todo del negocio.

Y temen que lo haga, pues Peñalosa nunca ha estado de acuerdo con que la Alcaldía se meta directamente a prestar ese servicio, ya que considera que lo hace de manera ineficiente.

Además, apenas llegó, se encontró con que esa empresa tiene una situación financiera muy difícil, al punto que no ha sido posible aprobar sus estados financieros.

Y ahora que debe decidir sobre el futuro de Aguas de Bogotá, la única pista que ha dado su gerente del Acueducto, Germán González, es que buscaría un socio estratégico en caso de meterse a competir en la licitación.

La decisión que tome la Administración es sensible por donde se le mire, y por eso el dilema de Peñalosa.

Por un lado, sacar a Aguas de Bogotá del negocio puede significar un respiro para el Acueducto, que ha cargado con las pérdidas de esa empresa por al menos $32 mil millones. Además, encaja en su visión de un Distrito más pequeño y dedicado a proveer bienes como el espacio público, pero a dejar en manos de terceros la prestación de servicios, como Transmilenio.

Pero, por el otro, implicaría atizar los ánimos de los trabajadores justo en el año en el que se cocina la revocatoria.

El caso es que si Aguas no participa en la licitación, o si compite y no gana, sus empleados ven en peligro sus puestos, y por eso seguramente se movilizarán.

Encima, aún en ese caso creen que tienen una salida.

El arma de los trabajadores

Los sindicatos tienen como “arma principal” para quedarse, así Peñalosa saque a Aguas del negocio de las basuras, unos documentos que firmaron en diciembre de 2013 el entonces Alcalde, Gustavo Petro, y el entonces Ministro de Trabajo, Rafael Pardo.

Se trata de unos acuerdos de formalización laboral, figura legal que les permite a las empresas hacer compromisos ante el Ministerio de Trabajo para mejorar las condiciones a sus trabajadores con el fin de no ser objeto de sanciones.

Acuerdo de Formalizacion Laboral entre Acueducto, Aguas de Bogotá y Mintrabajo by lasillavacia on Scribd

Cuando Petro metió a Aguas de Bogotá a recoger basuras, en diciembre de 2012, vinculó por contratos a término fijo a trabajadores que provenían de sectores vulnerables, con la idea de mejorarles sus condiciones de vida.

Un año después, cuando fueron firmados los acuerdos, eran 2.742 personas. "El 10 por ciento son desplazados internos por razones socio-políticas. El 4 por ciento son reinsertados. El 16 por ciento son madres cabeza de familia. El 8 por ciento son afrodescendientes, y el 15 por ciento forman parte de los denominados ciudadanos recuperados (exhabitantes de calle)”, dice el documento.

Dos fragmentos de lo firmado les sirven hoy a los sindicatos para exigirle al Acueducto que no los saque.

Un aparte dice que el Acueducto “garantizará la estabilidad laboral de los trabajadores señalados en el listado anexo, considerando que para el desarrollo de su objeto social contratará las actividades operativas derivadas del mismo, o bien con Aguas de Bogotá, o bien con otro operador, garantizando la continuidad de los contratos laborales de los trabajadores”.

Y otro fragmento agrega que el “Acueducto se compromete a exigir al nuevo contratista, si es del caso, y en virtud de las especiales condiciones de vulnerabilidad de estos trabajadores, a que su vínculo laboral se mantenga, y se continúe con la relación laboral a través del nuevo contratista o con la persona jurídica que el Acueducto designe”.

En Aguas de Bogotá hay 13 sindicatos, de los cuales UTÉN (Unión Trabajadores del Sector Energético y los Servicios Públicos) es el más grande, pues agrupa 1.200 trabajadores. Recientemente se sentó a negociar un pliego de peticiones en el que incluye la exigencia de que se cumplan al pie de la letra esos acuerdos.

La UTÉN, cuyos líderes niegan cualquier cercanía con algún movimiento o líder político, hace parte de la la Confederación General del Trabajo (CGT), que preside Julio Roberto Gómez, un líder que ha tenido cercanía tanto con movimientos de izquierda como de derecha.

El sindicato comenzó la semana pasada acercamientos con el Ministerio de Trabajo, y hablaron con delegados de la Ministra Clara López a los que les expusieron sus inquietudes y les propusieron abrir una mesa en la que se sienten con representantes del gobierno de Peñalosa.

Una de las propuestas, según el directivo de UTÉN, César Augusto Prieto, es extender la aplicación de los acuerdos a todos los 6 mil trabajadores del aseo en Bogotá, incluyendo los empleados de los operadores privados, con el fin de evitar que se inquieten por la continuidad de sus trabajos cada que haya licitación.

Con la posible intervención de la Ministra Clara López puede presentarse otro pulso, pues en la pasada campaña a la Alcaldía, ella se comprometió a defender a Aguas de Bogotá como parte de su acuerdo con los Progresistas de Petro. Y en todo caso, es propio de la izquierda proteger la estabilidad de los trabajadores.

Una mesa entre Peñalosa y Clara tendría pronóstico reservado, si es que para ese momento ella sigue siendo Ministra (pues para ser candidata presidencial debe renunciar en el próximo mes y medio) o si el Polo mantiene ese cargo.

Pero aún si no sigue en el Mintrabajo, una puja de ese tipo entre trabajadores sindicalizados y Peñalosa, se daría justo cuando esté avanzando la revocatoria y en medio de una campaña presidencial en la que la izquierda tiene en los sindicatos uno de sus principales baluartes.

Aunque 3 mil empleados son relativamente pocos para una ciudad como Bogotá, su eventual salida contra argumentos de que tienen derechos adquiridos en esos acuerdos puede ser una carta poderosa para los enemigos del alcalde que buscan revocarlo, porque refuerza argumentos como que es un alcalde enemigo de los trabajadores, o que quiere borrar los avances (reales o no) que obtuvo la izquierda en sus 12 años de Gobierno.

Por eso es un dilema: porque ese combustible para los revocantes se puede dar incluso si los empleados de Aguas de Bogotá logran mantener sus puestos y le siguen costando 45 mil millones de pesos anuales al Acueducto, solo que ahora directamente, y por eso parte del ahorro proyectado por Peñalosa podría ser significativamente menor.

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