Por Jineth Prieto · 18 de Abril de 2017

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Aunque el Concejo de Cúcuta arrancó el periodo con una coalición de 15 de 19, que el año pasado le sirvió al alcalde César Rojas para darle vía libre a los proyectos claves de su gobierno, las mayorías se dividieron y ahora están separadas en dos bloques que están peleando por figuración. 

Mientras esa pelea toma cada vez más forma, Rojas tiene al frente la elección del nuevo contralor y aunque ya tiene su ficha definida y la división no es contra él, la reventada interna de esa corporación le podría terminar jugando en contra si no la contiene. 

La reventada

La división empezó a tomar forma en octubre del año pasado cuando para definir quiénes serían los directivos del Concejo para el segundo año del periodo, dos sectores dentro del mismo bando se enfrentaron por la presidencia. 

Ese cargo, según los acuerdos, era para Nelson Ovalles, el concejal del exalcalde de Cúcuta condenado por participar en el asesinato de un abogado, Ramiro Suárez Corzo; pero en el camino se le atravesó un sector liderado por el liberal Bachir Mirep Corona.

 

Las razones para que eso sucediera fueron varias. Por un lado, había concejales con más trayectoria que querían figurar (ese fue el argumento oficial); por otro Ovalles no cohesionaba a todo el grupo y eso no los dejaba tranquilos a todos; y por último, estaba el hecho de que aún sin estar en la presidencia quería mandar dada su cercanía con Suárez Corzo. 

Aunque al final el pulso lo ganó Ramiro Suárez, quien desde La Picota (donde permanece recluido) terminó llamando por Skype -como se comunica normalmente con líderes y dirigentes políticos- a varios concejales para mantener la coalición y asegurar las mayorías para Ovalles, la fisura quedó y con el paso de los meses empezó a calar más hondo.

El segundo episodio no tardó. Apenas arrancó el año el Concejo recibió un proyecto de acuerdo cuyo trámite dejó en evidencia que del grupo de los 15 solo quedaba el recuerdo y se consolidaron dos bandos. 

Como lo contó La Silla, en la administración de Rojas se volvieron a colorear de rojo las cifras de Cúcuta, y la ciudad cerró el 2016 con un déficit de $29 mil millones, pese a que en 2015 tuvo un superávit de $35 mil millones.

Para tomar una decisión sobre el nuevo hueco financiero de la ciudad existieron dos posiciones y mientras que una defendió que la Alcaldía se apretara el cinturón y disminuyera la inversión (estaba secundada por Bachir Mirep, Nelly Santafe, Oliverio Castellanos, Jaime Marthey, Alexander Salazar y Cesar Torres), otra estuvo del lado de incorporar al presupuesto el saldo en rojo y plantear su pago con base en una proyección de mayor recaudo de impuestos (respaldada principalmente por Nelson Ovalles, Juan Felipe Corzo, Miguel Ángel Flórez, Guillermo León, Óscar Angarita y Nelson Parada). 

En el camino además cuajó una alianza entre el sector de Ovalles y el de los cuatro concejales de los partidos minoritarios que inicialmente se quedaron por fuera de los acuerdos. A esa línea entraron Carlos Capachos, Oswaldo Rincón, Carlos Camero y Yilmar Antonio Gerardino.  

Así las cosas Ovalles consolidó un bloque de 10 (que fue el que impulsó la aprobación del proyecto); y el otro sector un bloque de 6, con el que además tienen afinidades Víctor Suárez, Leonardo Jácome y César Abreo, quienes aunque no se mueven necesariamente en alianza con ellos, políticamente sí están de su lado porque no están de acuerdo con la presidencia de Ovalles.

Y es que además de esas diferencias, entre telones otro factor ha profundizado la división.  

Cuatro concejales le dijeron a La Silla que Ovalles usa su cercanía con el condenado Ramiro Suárez para hacer su voluntad en el Concejo, y que ese ha sido uno de los factores que tiene descontento a parte del Concejo. 

"Tan pronto pasa algún problema, sale a contar todo a donde Ramiro y se forma la pelea. Eso empezó a genera fricciones internas", dijo una de esas fuentes.

Ovalles no le respondió a La Silla ni las llamadas ni los mensajes, pero en respuesta a esa afirmación dos concejales que se mueven en su línea nos dijeron que el distanciamiento tiene su origen en que los del bloque que se separó no están satisfechos con la tajada burocrática que les correspondió. 

Cualquiera que sea la gasolina de la pelea, lo que sí quedó claro desde ese entonces es que el Concejo estaba reventado por dentro.  

Sin dientes

Con esa división clara, el tercer episodio que dejó en evidencia la ruptura política en el Concejo, envió además otro mensaje que le dio en el ego al bloque que se separó.  

Estalló a finales del mes pasado cuando pese a que estaban listos los cronogramas para que las secretarías pasaran a rendir control político al Concejo, por una solicitud del bloque de Ovalles se aplazaron las citaciones a los funcionarios para darles más tiempo de preparar los informes.

Esa decisión fue la más mediática porque no solo le puso dejó ver con más claridad los bandos y de hecho incluyó mensajes hasta en redes sociales que luego fueron rectificados, sino que puso en tela de juicio el papel que estaba desempeñando el Concejo en la administración de César Rojas.

Y es que Rojas tiene a su favor que en lo que respecta a los temas claves de su plan de desarrollo ya tiene todo aprobado (el Concejo le dio vía libre para créditos por más de $200 mil millones, cobrar valorización, plusvalía, y entregar concesiones), por lo que esa corporación se quedó sin dientes y se convirtió en la figura decorativa de su administración.

"Ahorita el concejal que pelee es un pendejo, este año ya para qué, si ya todo lo que César necesitaba quedó listo", le dijo a La Silla un concejal del la línea de César Rojas. 

Precisamente por eso fue que el tema de los controles políticos fue tan sensible. Sin eso, los concejales no tienen mucho que mostrar y eso les pega más duro teniendo en cuenta que, según la última medición de Cúcuta cómo vamos, tienen una imagen desfavorable del 65%. 

La cosa ha llegado hasta tal punto, que pese a que están a diez días de terminar el primer periodo de sesiones del año no han recibido ningún proyecto de la administración, solo empezaron a hacer control político hasta hace una semana (solo tienen cuatro programados de 18 secretarías), y se han gastado el tiempo en tramitar tres proyectos de acuerdo que están lejos de las prioridades de la ciudad.

"Tenemos un proyecto del día de las víctimas, uno del día del artesano y uno del día del perro, falta el del gato y vaya uno a saber cuál más. Ahora somos el convidado de piedra del municipio", le dijo a La Silla uno de los concejales del bloque que se separó.

La elección del contralor, ¿El siguiente episodio?

Si bien los siete concejales con los que hablamos para esta historia, nos dijeron que la pelea era netamente interna y no tocaba a César Rojas, en el camino el distanciamiento sí ha afectado a su administración. 

Además de que tambaleó uno de los proyectos claves para las finanzas de su gobierno, quedó en la mitad de la pelea de los debates de control político porque al final la sensación que dejó el episodio fue que las mayorías le estaban haciendo el favor de dilatar la entrega los informes sobre el estado del municipio para ahorrarle cuestionamientos.

Ahora que inició el proceso para definir al nuevo contralor luego de un fallo que ordenó reiniciar todo el proceso de selección por irregularidades en el concurso que llamó la mesa directiva el periodo anterior, el Concejo tiene una nueva oportunidad de figurar.

De los 16 nombres que se presentaron, hay uno en particular -el de Blanca Cruz González (de la línea de Ramiro Suárez)- que entra en la pelea como seguro ganador.

El problema con esa elección es que con el desgaste de las relaciones políticas, ya Rojas, aunque no tiene una pelea casada, sí perdió el comité de aplausos, y ya no es tan claro que le den todos los votos. 

La principal razón está en que el bloque de 10 de Ovalles no está alinedo con él para el trámite de todos los proyectos y sin tenerlo cohesionado en cualquier momento le pueden variar las cuentas. Eso le da margen de maniobra a los concejales del otro bloque para lograr protagonismo y eventualmente presionar por figuración. 

Rojas tiene cómo jugar esa partida debido a que los concejales lo necesitan para cumplir con sus compromisos políticos, pero de cualquier forma la divisíón podría empedrarle el camino y generar ruidos al rededor de esa elección, que es clave para él porque quien llegue le auditará su primer año de contratación y, como lo ha contado La Silla, ha estado envuelta en denuncias.

Esta semana, en medio del tire y afloje por la elección del nuevo contralor, Rojas bajará proyectos al Concejo y medirá el ambiente con los ánimos caldeados; cuando se acabe el periodo -el último día de abril- se sabrá si la pelea interna toca en algo al Alcalde, o si el Concejo se acomoda con el rol menos figurativo que desde que arrancó el año empezó a asumir. 

CONTEXTO

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