Por Jineth Prieto · 19 de Febrero de 2017

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La decisión de un juez de enviar a la cárcel a la alcaldesa de Ocaña, Miriam Prado, mientras le adelantan un juicio por presunta corrupción, no solo generó un terremoto político en la segunda ciudad de Norte de Santander, sino que se convirtió en un doble golpe para el representante conservador y cacique electoral de esa provincia, Ciro Rodríguez, a quien le tocó arrancar el año preelectoral con una baja en su imagen por apoyar a una candidata que terminó cuestionada, y con su grupo político reventado en momentos en los que La U quiere metérsele al rancho.

La reventada de los ciristas que cavó la caída de la alcaldesa

Con solo un año en un cargo de poder, la figura de Miriam del Socorro Prado Carrascal, una administradora de empresas que antes de ser alcaldesa no había ocupado ningún cargo de elección popular, logró lo que por varios años políticos de Norte habían buscado sin éxito: desestabilizar por dentro el grupo político de Ciro Rodríguez en su natal Ocaña. 

 

Prado Carrascal es esposa y heredera política de Juan Carlos Arévalo Durán, un político conservador de Norte de Santander que fue dos veces diputado y que en 2007 perdió la investidura por inscribirse en 2003 como candidato a la Asamblea cuando estaba inhabilitado por un fallo del 99 que lo declaró culpable del delito de falsa denuncia.

Aunque después de que el Consejo de Estado le decretó a Arévalo muerte política su poder disminuyó,  nunca dejó de figurar y para hacerlo le entregó las banderas de su poder a Miriam Prado, quien desde entonces se convirtió en la cara de su grupo político, al que le costó despegar sin él a la cabeza.

Antes de montar a su esposa en la Alcaldía de Ocaña, Arévalo hizo dos intentos en los que falló. 

El primero fue en 2007 cuando también la lanzó por ese cargo ( se quemó con 9 mil votos y quedó con el segundo lugar en la carrera por la Alcaldía); y el segundo fue en 2011 cuando intentó que se quedara con una curul en la Asamblea (pese a que sumó 10 mil votos no le alcanzó).

En 2015 fue la vencida, y con el apoyo de Ciro Rodríguez, quien el año anterior había logrado por tercera vez consecutiva uno de los cinco renglones en la Cámara de Norte de Santander, Arévalo volvió a lanzar a su esposa en una campaña que en esta ocasión contó con el respaldo de buena parte de la estructura del política del congresista.

Así las cosas,  dos semanas después de las elecciones y luego de una carrera que terminó en voto finish -ganó por solo 153 votos-, la Registraduría declaró la victoria de Prado en las urnas.  

Aunque en gran parte la elección de la esposa de Arévalo obedeció a que en esta ocasión contó con una estructura política cohesionada que le permitió no solo tener más plata, sino la maquinaria suficiente para atraer votos en todo el municipio, la luna de miel con sus electores e incluso con los mismos que la respaldaron duró poco.  

La pelea pública fue con el Concejo, que no le aprobó ni el plan de desarrollo, ni varias de las facultades que solicitó en su primer año, ni el presupuesto para 2017.

“Aquí se ha gobernado por decreto porque los proyectos que ha entregado se han saltado la ley en todas las ocasiones y no podemos aprobar así porque después el problema es para nosotros”, le dijo a La Silla uno de los concejales de Ocaña.

Y mientras ese distanciamiento se llevó la atención de los medios, en privado otra pelea directamente relacionada con el mismo equipo que la ayudó a elegirse se cocinó. 

Cuatro políticos de Ocaña, tres de los cuales lo saben de primera mano, le dijeron a La Silla que la serie de denuncias contra Prado iniciaron porque incumplió compromisos de campaña. 

“Ella tenía que respetar unos acuerdos que se hicieron en ese entonces, pero cuando llegó acaparó todo con Arévalo y no respondió. Eso generó mucha molestia y como ya muchos conocían los pecados de Miriam armaron las denuncias”, le contó a La Silla una de esas fuentes. Las otras tres dieron una versión muy similar.

Esas mismas cuatro fuentes además nombraron a Javier Pérez Parada, un contratista de la provincia de Ocaña, que aunque no aparece en los registros del Consejo Nacional Electoral, es conocido en esa región por financiar a políticos locales y ser de la línea del representante Ciro Rodríguez.

“Había una contratación que debía ser para él pero no le cumplieron con todo, solo con una parte y ahí es cuando todos los que estaban molestos con la Alcaldesa, pero más con Arévalo que es el que manda, se unen para sacarlos. Como ya muchos conocían sus movimientos no fue difícil”, le relató a La Silla otra de esas fuentes.

La Silla encontró que Pérez Parada solo en 2016 recibió cuatro contratos por $681 millones en la administración de Prado, que sí hizo campaña con ella en 2015 y que ha hecho campaña a favor de Ciro Rodríguez; sin embargo, el contratista negó que fueran ciertas las versiones relacionadas con el incumplimiento de compromisos y con la financiación de la alcaldesa.

Contra la pared

Con una oposición tan marcada, dos fueron los fantasmas que empezaron a perseguir a Miriam Prado.

El primero fue la denuncia por haber violado el régimen de inhabilidades al haber suscrito siete contratos por $77 millones con Édgar Ataya, un hombre que le aportó $20 millones a su campaña. 

La Fiscalía encontró que además de haber suscrito contratos con alguien que no podía y que a la postre no tenía experiencia, Prado los disfrazó con cuantías muy bajas cuando realmente se trataban de concesiones de servicios de tránsito (en el caso de dos), y por eso ordenó su captura junto a dos de sus funcionarios, la imputó y la envió a la cárcel mientras le adelantan el juicio.

Esa seguidilla de hechos no solo le sirvió a la oposición para desestabilizar su administración, sino que de paso le dió impulso al segundo fantasma que la empezó a perseguir: la revocatoria

Así como en varios municipios del país, desde que arrancó el año en Ocaña se montaron al bus de las revocatorias e inscribieron un comité para sacar a Miriam Prado de la Alcaldía.

Aunque ella tiene a su favor el hecho de que en Colombia ningún intento similar ha prosperado (de los 166, 116 no completaron ni la recolección de firmas y de los 50 que han ido a votación solo 2 han superado el umbral y en ninguno de esos ganó el Sí), en esta ocasión el caso de Ocaña arrancó con fuerza. 

Solo en tres semanas el comité, que es liderado por el excandidato conservador a la Asamblea que hizo campaña con Prado Dinael Rodríguez, y que además es respaldado por el contratista Javier Pérez, recogió 8.673 firmas y duplicó las 4.069 que necesitaba radicar en la Registraduría para llamar a la revocatoria.

“La inseguridad ha aumentado, la percepción de corrupción es mucha, y todo eso ha hecho muy sencillo el trabajo. Los ciudadanos son los que sienten que las cosas van mal y por eso recoger firmas fue tan sencillo”, le dijo a La Silla Rodríguez, el líder del comité. 

En este momento la Registraduría está revisando si las firmas son válidas. Si el comité logra que las acepten, hará que los ocañeros acudan a las urnas a decidir sobre el futuro de la alcaldesa en momentos en los que está privada de la libertad, y ese empujón podría ayudarles aún más.

“Es muy probable que esta se convierta en la primera revocatoria que prospere en el país. Estamos hablando de que los votantes irían a las urnas a decidir sobre una alcaldesa con las esposas puestas”, le dijo a La Silla un político de Ocaña.

El revolcón

En medio de la captura, la imputación, la reclusión y la revocatoria a Miriam Prado, quedó el grupo político del representante conservador Ciro Rodríguez, quien terminó con varios de sus aliados en orillas diferentes en un año preelectoral que es clave para asegurar apoyos y afinar alianzas. 

La reventada es tal, que seis políticos de Norte le dijeron a La Silla que ningún partido ha intentado meterse porque la pelea interna es tan fuerte que creen que se van a acabar entre ellos solos. 

“Como a nadie más han tocado, estamos mirando cómo terminan ellos solos con su fortín. De como se mueva eso, es que los demás nos moveremos”, le dijo a La Silla un diputado de Norte. 

Aunque por ahora lo que va a pasar en Ocaña es que el Gobernador deberá designar alcalde encargado de una terna presentada por los conservadores -solo irán a elecciones atípicas si Prado renuncia o la vencen en juicio, o, en este caso, si prospera la revocatoria-, seguramente el ajedrez de poder empezará a moverse.

En Ocaña, además de Rodríguez, hay tres diputados que son originarios del municipio: Omar Angarita, quien también es de la línea de Ciro; Pedro Leyva, de Cambio Radical; y Wilmer Guerrero, de La U. 

De ellos, quien desde hace rato le está pisando terreno a Rodríguez es Guerrero, quien, como lo contó La Silla, junto al representante de su partido, Wilmer Carrillo, ha empezado a figurar haciendo reuniones con líderes y entregando regalos en sectores vulnerables.

Aunque Guerrero es de La U y ese es el Partido del gobernador de Norte, William Villamizar, tres políticos del departamento uno de los cuales es de adentro de esa colectividad, le dijeron a La Silla que ven poco probable que desde Cúcuta se metan en la puja por el manejo de Ocaña, que es la segunda ciudad más importante de Norte detrás de la capita. 

“William es muy amigo de Ciro y no creo que por una Alcaldía de solo dos años pelee con él”, dijo una de esas fuentes. 

En el lado de Guerrero, aún no es claro si va a entrar a la pelea, porque, según una fuente de su grupo que lo sabe de primera mano, no le llama la atención poner alcalde cuando vienen dos años seguidos de ley de garantías y parte de la ejecución se frenaría.

Sin embargo, si al final toma la decisión, tendría que entrar a la puja jugando con el hecho de que aunque Ciro tiene a su gente dividida, aún contaría con el eventual alcalde encargado y el Hospital de Ocaña bajo su ala, por lo que en teoría mantendría toda su fuerza electoral viva para una nueva elección.

Con el carcelazo de Miriam Prado, Ciro Rodríguez tendrá que reajustar los pesos y contrapesos en su propio grupo político y buscar la manera de alinearlo.  Si no logra un consenso, le tocará asumir posiciones y eso necesariamente le disminuirá la baraja de aliados para 2018. En las próximas semanas se conocerá hacia cuál lado se inclina.

CONTEXTO

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