Por Juan Pablo Pérez B. · 07 de Marzo de 2017

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El aire todavía pesaba y los rayos del sol no habían terminado de diluir el frío que acompañaba a los que, ayer y desde antes de las siete de la mañana, hacían fila en la entrada del Instituto Distrital de Recreación y Deporte. Poco a poco esa fila iba creciendo y ya era posible advertir que, pese a que sería la continuación del Cabildo Abierto celebrado ocho días antes, éste transcurriría de forma diferente.

Mientras en el primero abundaban las camisetas y pancartas a favor de la revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa, en el de ayer escaseaban y, por el contrario, abundaban unos carnets blancos que ostentaban el escudo de Bogotá. Así, el que iba llegando podía darse cuenta cómo en esta segunda parte del Cabildo el número de funcionarios y de partidarios de la alcaldía iba a ser mayor.

Aunque, en teoría, era la continuación del primero, lo que se vivió fue un giro de 180 grados: de los gritos y cantos de revocatoria del de febrero, en el de marzo primaron los aplausos y elogios a la gestión del Alcalde.

Lejos de cerrar el tema de la venta de la ETB, lo que el Cabildo Abierto hizo es mostrar que los partidarios de Peñalosa ya se metieron de frente en la pelea política, en una confrontación que puede agudizar la polarización que se vive en la ciudad.

La venta, una decisión tomada

Pasadas las 7:30 de la mañana, el auditorio empezó a llenarse y cerca de las 8:30 era casi imposible encontrar un puesto disponible. Aunque era evidente que los opositores de Peñalosa eran minoría, por el flanco izquierdo del auditorio pasaba un señor, cuyo pelo -una gris mezcla entre negro y canas- llegaba hasta el hombro, repartiendo un formulario con 18 razones para revocar a Peñalosa.

El alcalde entró a las nueve de la mañana acompañado de una multitud de aplausos que, pronto, fueron confrontados por abucheos. Éste fue el primer round entre las barras pro y anti- Peñalosa. Los de un lado gritaban “¡Sindicalistas!” y los otros respondían “¡Contratistas!”. Los cantos duraron cerca de diez minutos en los que cada bando, con sus respectivas pancartas, atacaba al otro con gritos.

Una vez se hubo calmado el auditorio, el presidente del Concejo, el liberal Horacio José Serpa, leyó el orden en que se llevaría a cabo la sesión y se pasó, primero, al himno de Colombia y, luego, al de Bogotá.

Todos se pusieron de pie y, al unísono, sin importar si apoyaban o no la venta, cantaron o callaron los himnos que fueron acompañados, al final, por otra discusión entre los partidarios de Peñalosa y sus opositores. Unos gritaron “¡Que viva la ETB!” y los otros “¡Se vive, se siente, Peñalosa está presente!”.

Luego de que el concejal uribista Diego Molano repitiera, ocho días después, las normas del Cabildo Abierto, el Alcalde subió al atril que esta vez estaba ubicado a la derecha de la tarima; lo que lo dejaba más lejos del puesto destinado a los sindicalistas de Sintrateléfonos, donde arrancaron las peleas de la sesión anterior.

En su discurso, recibido por un ir y venir de aplausos, chiflidos y abucheos, reiteró que la venta no es para financiar Transmilenio. “Ni un sólo peso de la venta se destinará a este propósito. Los recursos se destinarán a la construcción de colegios, hospitales, jardines infantiles, hogares para adultos mayores y parques, entre otros”, dijo.

Aunque los opositores eran menos, como estaban detrás de los concejales, mirando de frente a la tarima, el Alcalde se dirigía a ellos. Así, les anunció que, pese a los reclamos e inquietudes que manifestaron la semana anterior, la ETB se vendería y que, antes de invertir en “una empresa dentro de un mercado competitivo y de alto riesgo”, prefería “darle prioridad a las necesidades de los niños de menores recursos”.

Su intervención cerró con la contundente sentencia de que, al vender la Empresa de Telecomunicaciones, estaba siguiendo el mandato democrático de aquellos que votaron por él y por los concejales que lo respaldaron. Afirmó que no se dejará intimidar por las presiones de otros grupos y que no emprenderá un camino sencillo, sino que hará lo que le exigieron más de 900 mil bogotanos que votaron por él: “darle prioridad a la inversión social sobre la inversión empresarial”.

Así, a las seis horas de críticas que recibió la venta hace una semana respondió reiterando que la va a vender, digan lo que digan. Y reforzó la polarización.

Los concejales discuten por la venta de la ETB

Pasadas las diez de la mañana, llegó el turno de los concejales.

El primero en hablar fue Manuel Sarmiento, del Polo, que rechazó la posición de Peñalosa y mostró en una tabla cómo, contrario a lo dicho por el alcalde, el dinero sí irá a Transmilenio. Luego, citó un artículo de La Silla en el que varios expertos concluyeron que los estudios hechos que presenta el Distrito para justificar la venta no demuestran que esa sea la mejor solución.

A Sarmiento le siguieron las 28 intervenciones de los demás concejales inscritos para hablar en el Cabildo. Sus discursos, a favor y en contra de la venta de la ETB, siguieron un movimiento pendular; fueron de un lado para otro, cada uno con sus respectivos aplausos y chiflidos.

Unas de las intervenciones más memorables fueron:

la de la concejal más cercana a Peñalosa

la de su copartidario verde

la de uno de los concejales con más trayectoria

la de uno de los copartidarios de Sarmiento

la de uno de los más mockusianos

la de uno de los más uribistas

la del más antiguo

la del más petrista

la de otro uribista que se fue con toda contra el ex alcalde Gustavo Petro

Y las de varios, de diversos partidos y de la colación de gobierno, que apoyaron la venta

De las palabras a los hechos

Las 29 intervenciones de los concejales transcurrieron en medio de un creciente calor y una constante tensión que hizo que el Presidente del Concejo tuviera que intervenir continuamente.

El punto más tensionante más fue el escupitajo que recibió la concejal verde Lucía Bastidas, que causó que su agresor, un hombre canoso vestido de blanco, fuera expulsado por la policía, y que es prueba de hasta dónde la tensión pasó de los discursos encendidos a los hechos.

Sin embargo, no fue el único momento difícil: antes de que esto pasara, en la parte de atrás del auditorio, debajo de las cámaras que registraban el Cabildo, se armó una pelea entre los sindicalistas y los peñalosistas.

Un señor de camisa de cuadros rosados, mientras discutía fuertemente con los sindicalistas, recibió un puño en el pecho.

-¿A usted qué le pasa? ¿Por qué me pega?- respondió el hombre cuya edad bordeaba los 50 años.

Varios de los que estaban alrededor los separaron y un hombre vestido con uniforme de la ETB dijo:

-Vengan, vengan. No calentemos las cosas.

Además, del bando opositor continuamente se hacían denuncias de que la administración había llenado el auditorio con contratistas obligados a apoyar al actual mandatario.

Con el objetivo de saber si esto era verdad, hicimos contacto con una persona que denunció el hecho. Esta fuente, que por temor a perder su puesto decidió permanecer en el anonimato, nos contó que él y otros funcionarios fueron citados a llegar temprano al Cabildo “para hacer barra a favor de Peñalosa”.

Fuera por obligación o porque los funcionarios que creen en el proyecto de Peñalosa se pellizcaron frente al Cabildo anterior, esta vez el Alcalde tuvo más apoyo y la sesión no fue un abucheo constante contra él y quienes defienden la venta.

Las denuncias de que había contratistas obligados apoyando al Distrito causaron un gran malestar entre los miembros de Sintrateléfonos que decían que no tenían garantías y pedían, constantemente, la palabra.

El Presidente del Concejo decidió no dárselas, recordando que el artículo 28 de la Ley 1757  establece que la segunda sesión del Cabildo sirve para que “el mandatario y la corporación respectiva den respuestas razonadas a los planteamientos presentados por los ciudadanos” en la sesión anterior.

Con esa decisión los sindicalistas sintieron que Serpa violaba lo que previamente habían acordado, y encima argumentaron que ni el Alcalde ni los concejales habían respondido a sus solicitudes.

Por eso, tras casi dos horas de cabildo, decidieron abandonar el auditorio.

La molestia de los sindicalistas y sus simpatizantes no terminó ahí, pues afuera del Idrd siguieron protestando y bloquearon la calle 63. Adentro, Serpa afirmó que el Esmad estaba en camino para desbloquear la Avenida.

Sin los de Sintrateléfonos los opositores quedaron claramente disminuidos.

Leonardo Puentes, líder del comité Revoquemos a Peñalosa, criticó esta actitud de los sindicalistas acusándolos de regalar el Cabildo.

Esto demuestra que, como contamos en La Silla Cachaca, los comités que quieren revocar al Alcalde no están unificados, sino que tienen profundas divisiones que los han enfrentado en varias ocasiones.

Los opositores que quedaron en el auditorio no eran más de quince personas -dentro de un auditorio que ocho días antes había albergado a casi 800- que, con camisetas azules que invitaban a firmar la revocatoria, seguían protestando y pedían que se le diera a uno de sus voceros la oportunidad para hablar.


Serpa se opuso de nuevo, con los mismos argumentos de antes, pero los de las camisetas azules siguieron protestando hasta que Puentes se subió a la tarima sin permiso y fue retenido por un grupo de policías que lo sacaron y lo montaron a una patrulla.

Sus compañeros se pararon al lado izquierdo de la tarima y pidieron al presidente y al Secretario del Concejo su liberación, pero, después de veinte minutos de protesta, decidieron abandonar el auditorio haciéndole barra a la revocatoria.

Su canto fue ahogado, rápidamente, por los que aún quedaban en el auditorio; un auditorio que, aun sin los detractores de la venta de la ETB, seguía sin tener casi sillas disponibles.

A diferencia de lo que sucedió ocho días antes, los concejales que estaban en contra de la venta eran correspondidos con un gran silencio incómodo, mientras que los que apoyaban la propuesta de la Alcaldía de venderla con el fin de construir hospitales y colegios eran recibidos con aplausos.

El último de los concejales en hablar fue Serpa, que dijo que apoya la venta porque está convencido de que, con sus recursos, “vamos a tener una mejor ciudad”. Y, tras afirmar que a los miembros de Sintrateléfonos se les dieron todas las garantías, dio por terminada la sesión a la 1:10 pm.

El auditorio se sumió en aplausos y en gritos de apoyo al alcalde Peñalosa y, con ellos como ruido de fondo, terminó el primer Cabildo Abierto celebrado en Bogotá después de la Independencia.

Fueron dos sesiones opuestas, en la primera mandó la revocatoria y en la segunda el apoyo a los proyectos de la Alcaldía.  Fueron dos cabildos enfrentados que, lejos de resolver las dudas en torno a la venta de la ETB, reforzaron la existencia de una ciudad rota y que posiblemente se jugará su futuro en algunos meses, cuando estos dos bandos vuelvan a verse las caras en las urnas.

Comentarios (3)

Óscar Enrique Alfonso

09 de Marzo

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Esta frase: "El alcalde entró a las nueve de la mañana acompañado de una multitud de aplausos que, pronto, fueron confrontados por abucheos" perfec...+ ver más

Esta frase: "El alcalde entró a las nueve de la mañana acompañado de una multitud de aplausos que, pronto, fueron confrontados por abucheos" perfectamente podría escribirse al revés: "El alcalde entró a las nueve de la mañana acompañado de aplausos que, pronto, fueron confrontados por una multitud de abucheos". Para poder ganar hay que crear perdedores... ¡Qué tontería!    

Óscar Enrique Alfonso

09 de Marzo

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Los argumentos a favor son emotivos; no tienen ningún sentido operativo convincente; Serpa "apoya la venta con sus recursos “vamos a tener una...+ ver más

Los argumentos a favor son emotivos; no tienen ningún sentido operativo convincente; Serpa "apoya la venta con sus recursos “vamos a tener una mejor ciudad”. Ese argumento es tonto, Sus recursos son mayores si son constantes. Es claro que esa empresa es una gallina de huevos de oro.

Henry Castro Gerardino

10 de Marzo

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Un argumento puede ser mal enunciado pero no por eso es tonto. Veamos: todos queremos una mejor ciudad y eso nos convertiría en tontos según Ud. Per...+ ver más

Un argumento puede ser mal enunciado pero no por eso es tonto. Veamos: todos queremos una mejor ciudad y eso nos convertiría en tontos según Ud. Pero aún más. Algunos no quieren una mejor ciudad, no les interesa, y eso serían los más inteligentes. Una ciudad que requiere que su desarrollo sea incluyente, bien puede negociar parte de sus activos. Para mucha gente la inversión es ahora

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