Por Juanita Vélez · 18 de Noviembre de 2016

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La pelea por la supuesta ideología de género se terminó de zanjar en el nuevo Acuerdo con las Farc. ¿El resultado? Tanto la comunidad Lgbti como las iglesias cristianas evangélicas sienten -con contadas excepciones- que ganaron.

El Acuerdo para las Iglesias Cristianas

Los pastores y líderes cristianos de las principales iglesias cristianas coinciden en que la renegociación se lograron los cambios que pedían.

 

Para Darío Silva, líder de la Iglesia Casa Sobre la Roca, que hace parte del Consejo Evangélico Colombiano, Cedecol, que agrupa a 266 organizaciones religiosas, “el nuevo acuerdo sí refleja lo que pedían las Iglesias. Nos reconocen como víctimas, incluyen la libertad de cultos y aclaran lo del enfoque de género.”

En efecto, el enfoque de género quedó definido en los principios generales del punto de Implementación como: “el reconocimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres”, que era lo pedían buena parte de los cristianos. Es decir, se eliminó cualquier posibilidad de que este enfoque diferencial incluyera a la comunidad Lgbti.

Lo mismo opina la senadora Viviane Morales que hace parte de la misma Iglesia y que viajó a La Habana a hablar con los jefes negociadores de las Farc:  “Ellos (la población Lgbti) eran los que querían hacer una Constituyente con el primer acuerdo y buscaban prevalencia. En este todos quedamos igual”, agregó.  “Yo ya he hablado con varios pastores y estamos muy tranquilos. Veo un amplio consenso de que se logró lo que queríamos”.

Para el senador y también líder cristiano de la iglesia Centi, Jimmy Chamorro: “Cambió drásticamente y para bien. Lo que más me tranquiliza es que nada de esto hace parte del bloque de constitucionalidad. Ya no hay razón para no apoyarlo”.

Es un hecho que los cristianos sí lograron cosas que antes no tenían. Porque como lo demostramos analizando punto por punto, de los 273 cambios realizados por el gobierno y las Farc en esta nueva etapa, más de 50 fueron para tranquilizarlos a ellos.

La principal, es que extirparon cualquier riesgo de que se interpretara que en el Acuerdo había la tal “ideología de género”, que en la práctica consistía para ellos en que la comunidad lgbti tuviera cualquier trato preferencial o que vía el bloque de constitucionalidad pudiera influir en la definición de familia como la formada por personas del mismo sexo.

Pero ganaron muchas cosas más. Por ejemplo, incluyeron a las iglesias en los “programas orientados a fortalecer a la familia en la prevención, atención, y rehabilitación frente a las víctimas del tráfico y consumo de sustancias psicoactivas”; los reconocieron como víctimas del conflicto; reconocen a la familia como “núcleo fundamental de la  sociedad” en la introducción del Acuerdo (sin decir que es la conformada por un hombre y una mujer, como querían los cristianos) e incluyen entre los propósitos del Acuerdo satisfacer el derecho a la libertad de cultos.

Aún así hay otros cristianos que sí siguen en el debate semántico de que al dejar la palabra género (que fue reducida de 144 a 55 veces), no se logró el pedido más grueso que era reemplazar enfoque de género por enfoque de derechos a la mujer.

Dentro de Cedecol, por ejemplo, “hay opiniones encontradas. Unos piensan que como el tema de género sigue presente, lo que se hizo es puro maquillaje y otros sí creen que nos oyeron”, le dijo a La Silla el presidente de Cedecol, el pastor Edgar Castaño.

“Para mi dejar la palabra género es no avanzar porque es que eso es un universo infinito de agendas”, nos dijo Claudia Rodríguez, líder de la iglesia Misión Carismática Internacional y esposa de César Castellanos, el único pastor que tuvo un asiento desde el principio en las reuniones entre el Gobierno y los voceros del No. Algo similar opina el pastor Héctor Pardo, que fue garante de las propuestas de Cedecol y luego se unió con la Misión Carismática Internacional para crear el Pacto Cristiano por la Paz.

"Dejar el enfoque de género es dejar abierta la puerta para la ideología de género", nos dijo. 

Ese Pacto presentó propuestas mucho más extremas como quitar la referencia del mandato de la Comisión de Verdad al impacto del conflicto a la población Lgbti. Propuesta que al final no quedó porque el Acuerdo dice que la comisión debe buscar cómo impactó la guerra a todas las poblaciones.

Por ahora, entre los cristianos que sigue sin gustarles lo acordado, no hay un plan a seguir. Lo que nos dijo Héctor Pardo es que “si se pudo renegociar una vez, seguramente se podrá otras veces y vamos a luchar hasta el final porque no se metan con la educación de nuestros hijos”.

El Acuerdo para la comunidad Lgbti

Por su parte, los activistas de la población Lgbti creen que lograron mantener sus innegociables.

Cuando viajaron a La Habana indignados por la visita de Viviane Morales, lo que más les preocupaba era que se reversara lo que ya han ganado en la Corte Constitucional al insertar en el Acuerdo, por ejemplo, una definición excluyente de familia.

“Más que ver a quién mencionaron más, lo que no queríamos era echar para atrás todo lo que ya hemos alcanzado. Además el Acuerdo no es el escenario para eso”, nos dijo el activista y miembro de DeJusticia, Mauricio Albarracín.

Eso lo lograron. Quedó incluída la “claúsula Catatumbo”, como ellos le llaman a un trino del jefe negociador de las Farc que quedó tal cual entre los principios del punto de implementación: “Ningún contenido del Acuerdo Final se entenderá e interpretará como la negación, restricción o menoscabo de los derechos de las personas independientemente de su sexo, edad, creencias religiosas, opiniones, identidad étnica, por su pertenencia a la población Lgbti o por cualquier otra razón; ni tampoco del derecho al libre desarrollo de la personalidad y del derecho a la libertad de conciencia”.

“Esa “claúsula” es el seguro para que todos, incluidas las iglesias, estemos tranquilos”, dice Albarracín.

Por eso, aunque borraron de todo el texto los términos “identidad de género” y “orientación sexual”, no se sacrificó lo más importante que era reconocerlos y que quedara explícito que no hay ninguna razón para discriminarlos.

“Yo creo que esos términos (identidad de género y orientación sexual) no se entienden y si quitarlos es crear confianza, pues me parece bien”, le dijo a La Silla la directora de Colombia Diversa, Marcela Sánchez. “Nuestra agenda nunca ha estado en los Acuerdos”, agregó.    

Pero para otros como el abogado activista Lgbti, Germán Humberto Rincón Perfetti, el saldo de la renegociación no es bueno.

“Nos nombraron sí, pero nos disminuyeron. Mejor dicho, ellos ganaron y nosotros perdimos, porque a las Iglesias les dieron demasiado espacio y se volvieron el botín político para el 2018” le dijo a La Silla. “Los que nos amenazan se sienten más legítimos. Eso es muy peligroso”, agregó.

Otra mirada, también menos optimista, es que si en el Acuerdo I la noción de género no era tan revolucionaria, en el Acuerdo II lo es menos y en ese sentido, pierden los Lgbti.

Eso cree Lina Cespedes, miembro de la Red de Mujeres de La Silla. Para ella, este nuevo acuerdo: “trae una visión domesticada del género, en el cual se mantiene y fortalece ese vínculo con el conocimiento posicionado del género como sinónimo del binario hombres y mujeres y se suprime cualquier mención a la orientación sexual y a la identidad de género. De esta forma, el Acuerdo de Noviembre mantiene su compromiso con una versión conservadora del género y suprime cualquier vínculo con su lado más retador”.

Fuera de esos matices, el nuevo Acuerdo logró, por lo menos por ahora, bajarle el volumen a la pelea entre cristianos y la comunidad lbgti.  Ahora será el aterrizaje de los acuerdos lo que realmente definirá si ganaron ambos.

 

 

 

Comentarios (1)

Andres Felipe Garcia Rovira

18 de Noviembre

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Es el resultado cuando dos colectivos ignorantes e intolerantes se encuentran, los dogmas de fe terminan polarizando la discusión y al final creen que los dos tienen la razon, es un choque donde la verdad siempre sera la sacrificada, pero lo relevante es como la justicia en este pais valida sin criterio o estructura, imponiendo al conjunto de la sociedad SU VERDAD, pobre democracia.

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